La Economía venezolana en franco retroceso
Carlos Sabino*
(AIPE).- No hay que ser un experto para darse cuenta de que Venezuela atraviesa por una profunda recesión económica. Los despidos de la industria manufacturera, por ejemplo, superan los 60.000 en apenas cinco meses, que se agregan a los más de 200.000 del año pasado para aumentar la tasa de desempleo abierto a cifras que superan ya el 16%, en un país prácticamente sin seguridad social y con un sector informal de más del 50%. Las ventas de automóviles, para tomar otro indicador diferente, son ahora menos de la mitad que las del año pasado.
No hay datos confiables sobre el comportamiento de la economía en su conjunto, pero algunos indicios bastan para destacar la magnitud del problema: el PIB, que el año pasado descendió en un 0,7%, puede caer ahora entre el 2% de las más optimistas previsiones oficiales y el 8,7% que calcula la propia oficina recaudadora nacional de impuestos. Esto llevaría a diagnosticar la peor recesión venezolana de lo que va del siglo.
Las causas de esta recesión son, como siempre, diversas, pero tienen que ver naturalmente con las erradas políticas económicas que aplicó Rafael Caldera, que Chávez no ha querido modificar, y que mostraron todas sus carencias cuando los precios petroleros comenzaron a bajar a mediados del año pasado. Pero estos se han recuperado un poco, en tanto que en Venezuela la economía sigue su espiral descendente. Se sigue además una política monetaria restrictiva que, aunque pudiera parecer ortodoxa, ha logrado frenar por completo la economía sin lograr empero controlar la inflación, la cual en mayo creció a una tasa anualizada del 27%. Lo único que puede afirmarse con certeza es que la recesión venezolana no ha sido producida por las políticas de apertura hacia el mercado que aquí llaman de "neoliberalismo salvaje": ninguna reforma de esas se ha aplicado en el país en los últimos años y el gobierno sigue controlando un sector público tan inmenso como ineficiente.
En el fondo, detrás de esta recesión -y del crónico mal desempeño de la economía venezolana, que ha retrocedido nuestros ingresos per cápita a niveles de 1952- existe un problema básico de escasez de inversión. Hace unos veinte años la inversión privada comenzó a disminuir y ha llegado ahora a límites increíblemente bajos: los venezolanos no ahorran en su país, pues las crisis financieras y la constante inflación han hecho de eso un muy mal negocio; los venezolanos no invierten, no se atreven a crear o a ampliar empresas porque no encuentran el marco jurídico apropiado y la situación política estable que se requieren para generar confianza. El presidente Chávez reconoce verbalmente este problema y hasta se ha preocupado de elaborar un proyecto de ley de protección a las inversiones extranjeras. Pero ello no sirve de mucho: la confianza, como lo saben ya en casi todas partes, no se crea con bonitas promesas sino con sólidos hechos. Y los hechos son preocupantes.
Dentro de poco elegiremos una Asamblea Constituyente que, en palabras del propio Chávez, será "originaria" y plenipotenciaria: podrá rehacer por completo la constitución y las leyes, podrá destituir a los otros órganos del poder público, podrá -en fin- hacer prácticamente lo que quiera. Si los partidos de gobierno logran mayoría en la asamblea viviremos, seguramente, un período turbulento lleno de potenciales sorpresas desagradables. Si ellos no alcanzan a controlarla pueden producirse también reacciones imprevisibles de parte de un gobierno muy poco dado a negociar y con fuerte apoyo militar.
El futuro es difícil de pronosticar y está lleno de una angustiosa incertidumbre. Por eso hay que entender a los inversionistas, nacionales o extranjeros: ¿traería usted sus ahorros en dólares en un momento como éste? ¿Se atrevería a ampliar su empresa cuando todo puede cambiar súbitamente? ¿Invertiría capital en un mercado "emergente" que da muchas menos garantías reales que los otros? La lamentable respuesta no la daré yo, por supuesto, pero ya la están dando desde hace meses las escuálidas cifras de inversión en el país.
© Corresponsal de la agencia de prensa AIPE.