"A confesión de parte..."

Guido Grooscors

Reveladora, por decir lo menos, la entrevista que al presidente del Movimiento al Socialismo realizó el periodista Roberto Giusti y que fue publicada por el diario El Universal en su edición del pasado domingo 13.

Sin hacer referencia a la situación interna del Polo Patriótico a propósito de la selección de candidatos para los comicios constituyentistas del próximo 25 de julio, cuestión irrelevante a los fines del presente comentario, es evidente que el proyecto político que el presidente de la República pretende imponer, a través de la adopción de una nueva Carta Fundamental, comienza a despertar reservas en el seno mismo de la alianza gubernamental que, cada vez más, se observa parcelada en cuanto a las metas por alcanzar, conceptualmente hablando, para lo que se ha dado en llamar por sus proponentes, la "refundación de la República". En el otro frente, o sea, lo que ya popularmente se identifica como el Polo Democrático, el asunto está claro: en la Asamblea Constituyente va a debatirse el futuro del país y, al decir futuro, se engloba el presente inmediato y el porvenir, ya que es prácticamente imposible disociar uno de otro en función de la correspondiente temporalidad de cada uno. Necio es decir que Venezuela tiene planteado el reto de sancionar una nueva Constitución de cara al entrante milenio y, en cambio, acertado y sensato es ajustar tal circunstancia a los límites de una nueva centuria.

Dando por aceptado el criterio expuesto en los párrafos precedentes, es significativa la preocupación exteriorizada por el político masista en la entrevista aludida, ya que su pensamiento respecto a la posibilidad de que se establezca un régimen autoritario como consecuencia de las deliberaciones que tendrán lugar en el seno de la instancia constituyentista, es compartida por densos sectores de la sociedad civil que, hace ya tiempo, de una y otra forma, vienen lanzando señales de alerta en relación con los peligros que amenazan a la democracia venezolana. Peligros que pueden llegar a concretarse si un nuevo texto constitucional consagra principios distintos a los que, verbigracia, contiene el todavía vigente y que, en ese sentido, es impecable, tanto así que con solamente añadir el calificativo de "participativa" al artículo correspondiente -expresión esta última que cobró vigor en la campaña electoral de 1998, presentándosela como el paradigma de la nueva democracia- se estaría complementando con creces todo lo que en aquél se dice en cuanto a representatividad, alternabilidad y responsabilidad.

Sin embargo, no luce fácil el planteamiento, pues si a lo ya sabido y comentado por una buena parte de los analistas políticos, en el terreno indicado, se suma ahora esta inquietud expuesta nada más y nada menos que por el presidente de uno de los componentes de la alianza gubernamental, es fácil concluir que no son infundados los temores existentes en referencia a lo que Venezuela puede esperar de una democracia regimentada, directa y plebiscitaria, como parece ser la aspiración inocultable del jefe del Estado.

grooscors@asesorac.com