La Presidencia hipócrita

Arquímedes Guerrero

Salido del sueño melancólico en el que las contradicciones del presente me habían sumido. Me detuve la otra noche a observar en la televisión al Presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías lanzando desde el montículo del Shea Stadium un certero strike a la goma. En ese momento pensé: ¡Qué riñones! ¿Cómo va a bajar la majestad de la presidencia a ese nivel cómico? Luego al pasar un rato y oírlo narrar junto a Dámaso Blanco el partido me dije: ¿No seré yo el equivocado? ¿En qué consiste la majestad del poder? ¿Es acaso la obligación de cumplir con un ritual adocenado? Y entonces me vino a la mente la imagen de Clinton tocando saxofón, de Juan Pablo II esquiando en Terminillo, de Menem jugando fútbol con la camisa albiceleste o emulando a Fangio, o a Bucaram cantando rock.

Mientras así seguía, evocaba imágenes más lejanas en las que Brejnev coleccionaba automóviles de carrera, o Juan Domingo Perón en su segundo mandato escondía caramelos en sus bolsillos para que las chicas metieran la mano y el Rey Don Juan Carlos de España en motocicleta a altas horas de la madrugada regresando al Palacio después de humanas diversiones nocturnas.

Pensé entonces que en Venezuela hemos tenido hasta ahora una presidencia hipócrita, en la que el Jefe de Estado no podía ni tomar vacaciones, ni enfermarse. Tenía que comportarse de cierta manera para evitar ser tildado de cursi o de irrespetar la majestad de la Presidencia. Antes de Chávez, Luis Herrera inició el proceso de desacralización de la función presidencial, con mucho de ordinariez, como cuando recibía a sus ministros los fines de semanas en la Casona con medias y pantuflas, pero eso le quitaba la rigidez mortuoria de Presidencias al estilo de Caldera., también recordé a Lusinchi con su lema "soy como tu" que, representaba a la perfección la imagen típica de un gran porcentaje del homo venezueliensis, bebedor y con su segundo frente.

A Chávez hay que reconocerle que es el presidente que más se parece a la gran mayoría de los venezolanos, aunque ciertamente no a mí, ni tampoco a muchos de mis amigos. Sin embargo, a veces me gustaría poder desprenderme de ese sentido del ridículo que se me inculcó desde muy chico. Chávez es en cierta medida un hombre que está disfrutando de su función y a través de ella está materializando los sueños de distintas etapas de su vida. Muchos venezolanos se sienten identificados con ese sueño personal del Presidente. Esperemos que no deje de soñar porque eso lo hace más humano, pero cuando decida despertar vea y observe que el país es algo mucho más complejo que sus sueños y que necesita entender que los demás pobladores de esta tierra de gracia también tenemos el derecho de ver realizados nuestros sueños de ver unido a un país en busca de su propio destino.