La guerra y la paz

Baltasar Porcel

La guerra de Kosovo ha acabado al filo del voto de los comicios europeos. Hay que felicitarse. Y esperar a ver qué ocurrirá con Milosevic, uno de los tiranos más nefastos y maquiavélicos que ha dado el planeta en el siglo XX. Aunque no sea un Stalin, un Hitler o un Mao. Si éstos fueron de primera, Milosevic es de segunda, otro Franco: no les falló la voluntad, sino la capacidad propia y la demográfica de sus países.

¿Irá a parar Milosevic ante el Tribunal que le reclama como criminal de guerra? La OTAN ha creído que, como es presidente de Yugoslavia, mejor era firmar con él ahora la paz, no enredar, y después ya se verá. Acaso tenga razón. Pero así también se deja intacta su reconocidísima capacidad de movimiento, su profunda vesania, su poder desde y sobre una población que en su mayor parte le sigue exacerbada. Veremos qué pasará. Estos focos de incendio dejados después de cada conflicto balcánico son los que siempre han vuelto a prender.

Se decía días atrás que la OTAN fracasaba porque había basado su estrategia militar en la fuerza aérea, cuando ésta no había ganado nunca una guerra. Pero hoy se nos canta la victoria alada. Pero, ¿es así? Serbia ha perdido probablemente por estar sola y ser de escasa envergadura en todos los órdenes, mientras que la OTAN reúne la más poderosa y rica alianza que jamás haya existido en el mundo. Luego, a causa de la mera acción aérea atlantista que dejó el terreno libre, se pudo echar a rodar el terrible éxodo de un millón de kosovares, con sus muertes, hambre y miseria: ¿puede considerarse un éxito haber provocado tal desastre? Estamos ante una victoria cierta, pero compleja, nada rotunda.

Aunque el cuidado con que han actuado los aliados haya venido a aportar una inédita dimensión menos dantesca a la guerra, si es que puede hablarse así sin sarcasmo en tales hecatombes. Durante la Segunda Guerra Mundial la aviación también interpretó un papel decisivo, he ahí un solo caso: los dos días de “raids” aliados sobre Hamburgo de julio de 1943, que pulverizaron las cuatro quintas partes de la ciudad -40 millones de toneladas de escombros- y ocasionaron 30.000 muertos. En Serbia, los aviones de la OTAN han realizado unas 60.000 salidas en casi ochenta días, habiendo tenido entre quince y treinta fallos, con muertos -“muy limitados”- entre la población civil y dirigiendo los disparos en especial sobre objetivos estratégicos, aunque muy amplios. Los serbios, en cambio, han encarnado la peor barbarie secular.

Mañana votaremos, hagámoslo por la Europa que debiera luchar a brazo partido por la paz: la de aquí, además de la balcánica o de donde sea, la que nos haga en España más libres y por tanto plurales.

La Vanguardia Digital (España), 15 de junio de 1999