Un año sin matar es una prueba de una tregua estable, por lo que es necesario un diálogo entre el Estado y ETA sobre la violencia
Ya no matan, sólo gritan
Ernest Lunch
Hacía el pasado jueves en San Sebastián un día espléndido. No era un día cualquiera para la ciudad: se había inaugurado un gran centro para escuchar música y celebrar congresos. El nombre de Rafael Moneo era también protagonista. Dediqué la primera parte de la tarde a corregir galeradas ante la Concha: entre la lectura atenta y la mirada gozosa. Me tuve que levantar para acudir a la plaza de la Constitución -vaya nombre-, en la parte vieja, para hablar de la paz. En territorio prohibido. Por el camino me encontré con el alcalde, Odón Elorza, que ha dado un cambio material y espiritual a su ciudad, y con José María Mendiluce. El tema de conversación era si Herri Batasuna habría acordado boicotear el acto o no. Elorza lo daba fijo. La plaza, magníficamente remozada, se abre de pronto entre unas estrechas calles y ahí, al fondo, está plantado un grupo con pancartas y con gritos al aire. Uno de ellos es de Gora ETA militarra. Los alternan con el silencio. Un grupo más cercano ha venido a escuchar mientras que muchos ciudadanos se agrupan bajo los soportales y miran.
Abre Ramon Etxecharreta en euskera, lengua en la que es escritor. Habla, después, con fuerza Mendiluce. Con fuerza y convicción pero no les acalla porque no le escuchan. Me toca el turno y todo lo que tenía pensado decir se me esfuma y tengo que improvisar. Es decir, expreso lo que siento. Estoy muy contento, estoy muy alegre, puesto que ahora sólo gritan y hace un año mataban. Efectivamente, a finales de este mes hará un año que nadie es asesinado. Qué contento estoy, qué alegría. Los tiempos han cambiado puesto que pienso que no se volverá a matar. Ello me conduce a la segunda idea: No os habéis enterado, pero esto ya no se hace. Arnaldo Otegui mañana os va a reñir. Hace unas semanas tenía interés en que yo estuviera en una cena y ahora venís a boicotear. No os han explicado que las cosas han cambiado. Ya no estáis en la historia.
Dudo sobre qué camino continuar mi alocución, pero sólo por unos instantes. Insto a que se aplique la nueva política penitenciaria aprobada en noviembre de 1998 y que un Gobierno indeciso no ha aplicado. Digo que un año sin matar es una prueba de una tregua estable, por lo que es necesario un diálogo, solamente esbozado, entre el Estado y ETA sobre temas específicos de la violencia. Hablo de que es hora de que todos los partidos hablen para encauzar una salida política estable. Pienso en Miguel Herrero y, con remordimientos posteriores, no creo que sea útil hablar del enganche que pueden ser los derechos históricos. Las dudas se han disipado: hay que decir bajo los gritos y los insultos lo mismo que se piensa en la tranquilidad de Maià de Montcal. Les espeto, según escribió Fernando Segura en El Diario Vasco del día siguiente: No sabéis que el tiempo ha cambiado. Vosotros no habéis gritado bajo el franquismo. Una última frase imprecisa puesto que la mayoría nació después de 1975, aunque sea cierto que ETA actuó fundamentalmente bajo la democracia y escasamente bajo Franco. Lo cierto es que tanto da, puesto que no escuchan. A lo mejor al día siguiente leerán la crónica de Fernando Segura y tendrán un cierto temblor. Quiero ya acabar mi prédica puesto que, encima, nuestro micrófono es más débil que los suyos y afirmo: Pese a todo esto, el proceso de paz va bien. Hace un año ya que no se mata. Les irrita que tengamos la razón, pero yo les mando un abrazo. Efectivamente, pienso que nos debemos encontrar lo más pronto posible, puesto que el progreso está en marcha y nada lo hará retrogradar, escribió a principios del siglo XIX el primer catedrático de Economía en Cataluña, Eudald Jaumeandreu.
No será un camino corto pero, insisto, ya no matan, que es lo primordial. Queda mucho por hacer. Un joven con aspecto lumpen le espeta a la viuda de un asesinado, Bárbara Durkoöp, que ella es la asesina. Bárbara se lo explica. La Erzaintza actúa con eficacia pero con permisividad. Otro gritón se me acerca y me dice: No se te va a tocar un pelo, puesto que hay la tregua. Pienso por un instante sobre lo que me pasaría si no hubiera tregua, pero estoy profundamente convencido de que ya no va a haber más muertes. Dentro de unos días regresaré a Donostia y dentro de otros también y los más lejanos días también me sorprenderán aquí: Que no os enteráis de lo que ha pasado. Arnaldo Otegui os va a reñir. Amigos del PNV y de EA se debieron sentir incómodos, ciertamente, de haber estado en la Consti. Ojalá, lo más pronto posible, no deban sentirse tan embarazados.
Cedo el paso a Odón Elorza, quien vuelve a utilizar el euskera como lengua: El proceso es difícil, pero conseguiremos la paz para Euskadi y para todos los ciudadanos. Estamos en ese empeño y nadie nos va a apear de ese camino. Tanto cuando habla en euskera como en castellano, sigue su texto escrito mientras que un cielo azul cierra la Consti. El mío, en cambio, no lo saqué del bolsillo. Tanto dar clases durante el invierno se me habían colado citas de Montesquieu y de Kant; no las leí, pero no las contradije aunque pidiera a los que chillaban que lo hicieran más fuerte para que la fuerza se les fuera por la boca. Odón Elorza quiere que, como símbolo y realidad de paz, Ermua y Estella sean sustituidas por Donostia. Por ello, regresaremos con las mismas ideas y con el mismo contento y la misma alegría: Hace un año que no matan y no volverán a hacerlo. Será un verano esplendoroso.
Catedrático de la UB