Reflexiones sobre la dosis de violencia de cada día

¿Noticieros "snuff"?

El caso de un zapatero que fue linchado ante la mirada de cinco policías y un grupo de periodistas que registraron el hecho, abrió la polémica sobre el aporte de este tipo de imágenes y la función de los comunicadores.

Ángela Constanza Jerez y Diego León Giraldos

María Isabel González no fue capaz de ver las imágenes, prefirió cambiar de canal cuando el noticiero RCN anunció la nota sobre el linchamiento a Jorge Evelio Cardona, el zapatero de 37 años que el martes pasado fue asesinado al tratar de mediar entre la Alcaldía de Chinchiná y los invasores de los terrenos de la Universidad Autónoma de Manizales.

Un sentimiento similar tuvo Álvaro Franco. Con mucho esfuerzo vio como unos hombres golpeaban con palos y patadas a una persona tirada en el piso, mientras otra aprovechaba la oportunidad para apuñalarla. "Para los que seguimos sintiendo algo, ver eso fue absolutamente terrible", dijo.

Los dos son psicólogos y conocen de comportamiento humano, por eso se preguntan por qué los medios de comunicación siguen sin darse cuenta de que la información que presentan y el tratamiento que le dan pueden incentivar en las personas emociones que las llevan a la violencia y que las hacen ser más insensibles a ella.

Las imágenes del linchamiento se repitieron una y otra vez al día siguiente, en las distintas emisiones del noticiero. La polémica surgió: ¿Qué pasará con los cinco policías que vieron el crimen y no se movieron de la puerta de la alcaldía? ¿Por qué los periodistas se limitaron a grabar el hecho? ¿El informativo debe aplicar autocensura ante hechos tan violentos? ¿Le sirve a los colombianos ver este tipo de escenas? ¿La repetición no es una manera de buscar rating?

"Era válido mostrarlas, era una denuncia para evitar que el hecho fuera el de un muerto más que se nos iba debajo del brazo", afirmó la periodista Rocío Arias, de RCN, quien recibió la nota, la editó y asumió la responsabilidad de emitirla después de consultarlo con el director del informativo, Daniel Coronell.

Darío Augusto Cardona, fotógrafo del diario La Patria, de Manizales, también registró la tragedia. Él y los camarógrafos y periodistas que cubrían los disturbios estaban resguardados en el segundo piso de un edificio de consultorios médicos: "Las imágenes tenían que registrarse para dar fe de lo sucedido. Claro que no justifico la pérdida de una vida. Sentí una gran impotencia, pero nosotros estábamos en un lugar del que no podíamos movernos". ¿Y los policías? "Su función era la de guardar el Palacio Municipal. En ese momento, el que se moviera era hombre muerto. Como simple civil pienso que los policías son seres humanos y tienen derecho a tener miedo", respondió el fotógrafo.

Una de las defensas de RCN es que estas imágenes pueden generar un sentimiento que invite a parar la violencia. "Creo que somos un país sin memoria. Este tipo de escenas se graban en la gente y sirven como freno para cometer actos similares", dijo María Teresa Herrán, analista del trabajo periodístico y directora de la maestría de comunicación de La Javeriana.

Para el periodista Germán Castro Caycedo, según dijo en el programa La noche, la cosa no es tan clara: "El problema no es autocensurarse. Hay que mostrar. Pero meter la cámara en la sangre es lo más fácil. Si me preparo y miro el país de otra forma, voy a hacer otra cosa. La falta de preparación es la que nos encierra en la estética de la sangre".

Los criterios varían, la situación se torna complicada al imaginar que los demás informativos pueden salir con una nota similar: "Mi parámetro es que si se trata de algo que yo no resisto, por qué se lo voy a mostrar a los televidentes", dijo Daysi Cañón, directora del noticiero 24 horas y quien, en mayo pasado, decidió no pasar las crudas escenas que el senador Carlos Moreno de Caro iba a usar para denunciar la práctica de cine Snuff (películas sobre asesinatos reales). "Sobre el caso de RCN, yo hubiera mostrado pero no lo hubiera repetido".

Manuel Teodoro, director de Séptimo día, deja claro que los intereses de los medios son netamente comerciales. También en declaraciones a La noche no dudó en decir: "El que diga que esto es un servicio público está equivocado, esto es un negocio y estas imágenes venden".

¿Desesperanza?

Esta semana, justo después de los acontecimientos, Carlos Delgado, presidente de la Asociación Nacional de Anunciantes (ANDA), emitió un comunicado en el que censuraba la transmisión de imágenes violentas: "El clima agobiante de violencia, terror y muerte que inunda al país se ha enseñoreado progresivamente del periodismo. Se bombardea al país con una tremenda dosis diaria de crímenes, secuestros, asaltos y violaciones, recreándose las noticias de forma morbosa y amarillenta".

Algo similar piensa la psicóloga María Cecilia Jácome quien considera que los medios están manejando la noticia con el fin de que los espectadores se emocionen, en vez de llevarlos a reflexionar. "No se dan cuenta de que esa cantidad de emociones mal asimiladas produce un efecto traumatizante en las personas que las lleva a una especie de parálisis y las hace sentir deprimidas, con mucha rabia y desesperanzadas", dice.

El padre Gabriel Gallo va más allá al decir que es importante que los medios piensen qué dicen, por qué, para qué y cuándo.

Lo que no se puede negar es que gracias al cubrimiento informativo, el caso del humilde zapatero dejó de ser una simple estadística. "La realidad debe mostrarse y el mayor servicio del periodista es mostrar lo que ocurre. La diferencia está entre morbo y realidad. Aquí no hubo morbo del periodista sino de una sociedad que no tiene sentido de la dignidad humana. El periodista es impotente ante esto como lo es ante la guerra. Uno no puede pretender parar la guerra. Creo que el camarógrafo conservó sangre fría y guardó su distancia; haberse metido a impedirlo hubiera podido generar otros cuestionamientos de dudosa solidaridad pues nada hubiera podido hacer", agregó María Teresa Herrán.

El semiólogo Armando Silva cree que las imágenes violentas deberían mostrarse sin exceso de recursos visuales y evitando efectos espectaculares.

En eso coincide el presidente de ANDA, Carlos Delgado: los medios no pueden ser simples difusores de los hechos, sin adoptar una posición de análisis e interpretación. Por eso mismo,

Delgado fue enfático al asegurar que buscarán que sus anuncios publicitarios "no se pauten en medios en los que predominen contenidos violentos".

La semana pasada, el director de Inravisión, Gustavo Samper Rodríguez, había planteado la necesidad de "una normatividad que les permita a los colombianos encender sus televisores sin el temor de recibir una carga mayor de violencia y agresividad de la que ya viven".

Colaboración de Regina Matta y Enrique Patiño.

El Tiempo (Colombia), 13 de junio de 1999