Segunda generación de reformas a propósito de la Asamblea Constituyente

Luis E. Giusti L.

Dentro de pocas semanas el pueblo venezolano concurrirá a votar para elegir los integrantes de la Asamblea Constituyente, la cual dará forma a un nuevo marco institucional para la República. La Asamblea nos presenta una de las mejores oportunidades de nuestra historia contemporánea. De reconfigurar nuestro marco constitucional con acierto, Venezuela podrá dar el salto definitivo hacia el desarrollo.

Para asegurar un diseño constitucional adecuado a los nuevos tiempos y retos, es fundamental comprender las fallas de nuestro sistema socioeconómico.

La discusión acerca de dónde trazar la frontera entre el Estado y el mercado, que ha dominado la mayor parte de este siglo, tomó en Latinoamérica un giro particular, basado en la llamada "Teoría de la Dependencia". Esa teoría, formulada por Raul Prebisch desde las trincheras de la CEPAL, rechazaba el comercio internacional y dividía la economía mundial en dos bloques, el "centro" representado por los Estados Unidos y Europa Occidental y la "periferia" representada por los exportadores de materias primas. Prebisch sostenía, que en el comercio internacional, los términos de intercambio siempre favorecerían al "centro" en detrimento de la "periferia". La región debía entonces, buscar su propia solución, la cual se identificó en el modelo de "industrialización basada en sustitución de importaciones". Este se caracterizó por tarifas, subsidios, controles de precios, monedas sobrevaluadas y controles sobre importaciones. Aunque durante dos décadas, hubo éxito parcial, se enseñorearon la burocracia y la ineficiencia, y a principios de los '80 el modelo colapsó, dejando déficit fiscal, déficit en cuentas externas, inflación, recesión, fuga de capitales y deuda externa.

En Venezuela, como en el resto de la región, en 1989 se inició un programa de ajustes macroeconómicos. Durante casi una década, los gobiernos han luchado por estabilizar la economía, buscando abatir la inflación y generar crecimiento económico sostenido. Las barreras son fundamentalmente de carácter institucional. El diagnóstico macroeconómico, en general ha sido claro, y los problemas que se han presentado, son de carácter político y social.

Los integrantes de la Asamblea Constituyente, deberán tener en cuenta la necesidad de abordar una segunda generación de reformas. Sin pretender ser exhaustivos, a continuación algunas consideraciones a tener presentes: - Se requieren un sector público y un gobierno de buena calidad. La calidad de gobierno tiene importancia para el desarrollo. El gobierno debe ser responsable y transparente, fortalecer el imperio de la ley y orientarse a resultados. Además deberá profundizarse la descentralización y reformarse la administración pública y el Poder Judicial.

- La prudencia y la flexibilidad en materia fiscal, conforman la piedra angular de la estabilidad macroeconómica. En este sentido, se impone la reforma de la seguridad social, a fin de asegurar la viabilidad financiera de los sistemas de protección y cubrir el financiamiento de las obligaciones, que no tienen previsiones. De igual manera se requiere una mejor coordinación con los gobiernos regionales, para garantizar coherencia en programas y ajustes, y presupuestar adecuadamente los pasivos eventuales, además de garantías a exportadores y a inversionistas en infraestructura. Finalmente, se necesitan mejores sistemas de recaudación de impuestos e instituciones presupuestarias.

- Los derechos de propiedad y sistemas jurídicos y reglamentarios adecuados, tienen importancia decisiva para el desarrollo. En este aspecto, nuestra región se ha rezagado mucho en comparación con la OCDE y Asia oriental. Se hace necesario aumentar la protección a los derechos de propiedad, ampliar los programas de otorgamiento de títulos de propiedad, formular leyes eficientes sobre competencia y eliminar reglamentación económica innecesaria o ineficiente.

- Deberá mejorarse la eficiencia de los mercados de trabajo y será necesario reducir las distorsiones que atentan contra el empleo, derivadas de reglamentaciones inadecuadas que imponen costos excesivos a los empleadores. Esto obliga a aumentar la flexibilidad para las negociaciones y contrataciones colectivas, así como modificar los sistemas de pagos por separación de servicios. Estas reformas pueden incrementar apreciablemente la creación de empleos.

- Un sector financiero débil, es un peligro para la estabilidad macroeconómica. Por otra parte, el desarrollo de los mercados bancarios y de capitales, aumenta las inversiones y las hace más eficientes. En nuestro país, la intermediación es escasa, sus márgenes son elevados y los mercados de bonos y acciones son reducidos, de baja liquidez y altamente concentrados. Se requiere mejorar la reglamentación de dichos mercados, fomentar la competencia, privatizar bancos estatales ineficientes e intervenir para crear mercados de bonos y acciones que sean activos y líquidos.

- Es fundamental abordar las reformas necesarias, para mejorar los sistemas de salud y educación, con base en incentivos. Materias prioritarias son autonomía de las escuelas, promoción de competencia entre proveedores, prolongación de la jornada escolar y remuneración de maestros por mérito.

Durante muchos años, nuestras reformas económicas han tropezado con problemas difíciles de precisar. Estudios empíricos realizados por Burki y Perry en el Banco Mundial, confirman el trabajo del premio Nobel, Douglas North, en el sentido de que los fracasos latinoamericanos se deben a instituciones inadecuadas para manejar los cambios requeridos. No podemos correr el riesgo de volver a fracasar. Una clara visión de la segunda generación de reformas, es imperativa para triunfar.

El Nacional On Line, 13 de junio de 1999