Asesinatos en las escuelas y educación para el siglo XXI
Alvin y Heidi Toffler
Uno de los eventos más extraños en éste, el último año del siglo, un año previo al milenio señalado por el fervor apocalíptico religioso, el llamado problema del año 2000 y un kaleidoscopio de otras ocurrencias extrañas y surrealistas, ocurrió el 20 de abril en las afueras de Denver, Colorado, cuando dos adolescentes llenos de odio asesinaron a un maestro y a 12 de sus compañeros, y después cometieron suicidio.
En unos cuantos días la policía reportó amenazas y encontró almacenes de armas y bombas en casas de estudiantes de escuelas de todo el país. Rápidamente se extendieron los temores de asesinatos copiados. Afortunadamente, hasta ahora, no ha ocurrido ninguno.
Algo más extraño todavía que la misma masacre, sin embargo, ha sido la respuesta del público. En medio del circo de los medios, los expertos desataron una tormenta de 'explicaciones' para lo que ocurrió, y un sitio de Internet comenzó a recolectar quejas de estudiantes de las preparatorias, no pocas de las cuales empatizaban no con las víctimas sino con los asesinos.
Después de todo, decían muchos mensajes, los asesinos, quienes llevaban gabardinas negras y decían ser admiradores de Adolf Hitler, habían sido rechazados por sus compañeros. No, decían algunos de los escritores, los asesinatos fueron quizá un poco excesivos, pero comprensibles bajo las circunstancias.
Esto produjo una orgía de comentarios sobre el papel de los clichés en la adolescencia. Los clichés eran los culpables. El hecho de que la escuela estuviera en un suburbio acomodado llevó a una discusión sobre la falta de alma en la existencia suburbana. Los suburbios eran los culpables. Peor todavía, la Internet era culpable porque dio acceso a información que pudo utilizarse para construir bombas. La música del rock era culpable por su letra nihilista. Los funcionarios de la escuela eran culpables, porque no habían detectado la locura de los asesinos antes de su ataque.
Otros insistían en que los culpables eran los padres de los estudiantes. Unos más culpan a la falta de adecuadas medidas de seguridad en la escuela. Otro grupo culpaba a los maestros por no haber detectado a estos 'emproblemados' jóvenes y no haberles dado asesoría sicológica apropiada. Otros atribuían los asesinatos a la ausencia de la oración en la escuela. Unas cuantas voces trataban de recordar al público que los culpables aquí eran, de hecho, los perpetradores de la masacre, pero este mensaje pronto se ahogó entre los balbuceos de la sicología.
Preguntas que nadie hizo
En todo esto, difícilmente alguien se detuvo a preguntar las más grandes cuestiones sobre el mismo sistema educativo. ¿Es todavía apropiado un sistema de educación masiva diseñado durante la era industrial, y modelado estrechamente de acuerdo al trabajo en las fábricas, para una generación que encontrará más y más escasos los empleos en las fábricas? ¿Prepara el trabajo repetitivo, al estilo de las fábricas, en las aulas a una fuerza de trabajo para una economía que paga menos y menos por el rendimiento repetitivo? ¿Es un sistema de educación obligatoria que envía a miles de niños a salones como líneas de ensamblaje todavía la mejor forma de preparar a los jóvenes para una economía que recompensa la innovación, y en la cual millones de adolescentes, incluso preadolescentes saben más sobre computadoras y sobre Internet que sus padres?
¿Fueron estos jóvenes asesinos conformados más por el currículum de su preparatoria o por la estructura social informal de la escuela? ¿Atendieron más de sus maestros y de sus libros de texto o de las fuentes externas a la escuela incluyendo la letra violenta de la música, la propaganda racista en la red, los programas de televisión llenos de violencia tal que adormece los sentidos, anuncios como el de la nueva película de Mel Gibson que proclama que es 'hora de tomar el lado del malo'. ¿Y qué aprendieron del hecho mismo de que, como sus compañeros estudiantes, su presencia en la escuela era involuntaria?
Confinamiento involuntario
El hecho es que todos los jóvenes, no únicamente los locos y los fanáticos entre ellos, aprenden en más lecciones fuera del aula que dentro, y de muchos 'profesores' que nunca ponen un pie en la escuela vendedores de drogas, extraños casuales, dependientes en las tiendas, compañeros y predadores, por no mencionar a sus padres, a la policía y a los sacerdotes.
Para prepararse para el siglo XXI, será necesario hacer preguntas incómodas sobre las asunciones más básicas sobre las que se basa la educación masiva. ¿Tiene sentido la escuela obligatoria durante ciertos años fijos?
En Estados Unidos está desatada la controversia sobre si deben utilizarse fondos públicos para ayudar a las escuelas religiosas. El siguiente punto será si deben utilizarse fondos públicos para apoyar a la educación en casa deben los padres recibir una paga (o estímulos fiscales) por educar a sus hijos en casa, quizá con ayuda de la computadora y de tutores.
¿Debe hacerse la enseñanza con maestros con licencia, o existe alguna forma segura de aprovechar por igual el conocimiento ampliamente distribuido en la comunidad? ¿No tienen los electricistas y pilotos y artistas y contadores e ingenieros y programadores de computación conocimientos que puedan pasar a los jóvenes, aun si no son, según la estrecha definición actual, 'profesores'? ¿Cuál será el papel o los papeles del 'profesor' en el siglo XXI?
La tragedia de Colorado que ha tocado las emociones en todo el mundo ocurrió dentro de una tragedia mayor: la mala educación de una generación que enfrenta a un mundo dramáticamente diferente de aquel para el que sus escuelas fueron.
(c) Alvin & Heidi Toffler. Dist by the Los Angeles Times Syndicate
El Universal Digital, 13 de junio de 1999