La crisis de representación y los nuevos actores políticos
José Rivas
Para nadie es un secreto que la década de los años ochenta, buena parte de los países de la región experimentaron un proceso de transición y de reinstauración de la democracia, siendo los pivotes y protagonistas de dichos procesos las organizaciones partidistas.
Después de algo más de dos décadas de instauración de la democracia encontramos un panorama y contexto saturado por la presencia excesiva y deformada de los partidos políticos, siendo la gran paradoja el hecho de que los partidos políticos fueron los grandes artífices de cambio y democratización y los principales canales de canalización de demandas y representación de los diversos intereses, hoy se presentan en algunos casos casi como obstáculos del desarrollo de la democracia en todo su sentido.
Los partidos políticos y la clase política, ciertamente hoy acusan y atraviesan una fase de agotamiento, desgaste y dentro de las aristas de la crisis de los partidos, destaca la crisis de representatividad; dichas organizaciones han dejado de ser los principales actores de producción de representatividad, y al margen de éstos, estamos observando el surgimiento de nuevos actores, tanto colectivos (nuevos partidos, movimientos emergentes. Ong, etc) como individuales (nuevos caudillos, outsider) que intentan competir y presentarse como instrumentos de representación frente a las organizaciones tradicionales. El mejor ejemplo lo constituye el actual escenario político latinoamericano y el propio caso venezolano.
El problema no radica simplemente en que al margen de los partidos surjan otras formas de representación, sino hasta qué punto estas últimas logren verdaderamente canalizar las demandas y expectativas de la sociedad, en este caso venezolana, y más aún contribuir a la profundización de la democracia y generar condiciones y un ambiente de gobernabilidad democrática.
Es decir, la idea a discutir esta referida a discutir si la informalización que caracteriza a los nuevos caudillos y movimientos emergentes en Venezuela (Patria Para Todos - Movimiento V República) se presentan como un nuevo modelo o alternativa de representatividad. Partiendo de que la idea o tesis original de la representatividad como idea de mandato y delegación ha sido erosionada tal vez por el disfuncionamiento de nuestras principales instituciones de la democracia (partidos, sindicatos, parlamentos) y por la marcada separación entre lo social y lo político, entre el Estado y la sociedad, entre los actores sociales y actores políticos.
La realidad de hoy, caracterizada por la crisis de la política y principalmente de los partidos políticos y la clase como máximas expresiones de la representación, junto a la crisis del Estado como protagonista de las grandes reformas sociales e institucionales, ciertamente exige por un lado una reforma global de la política (la forma de concebirla y practicarla), y en segundo lugar una labor de reingeniería política que presupone repensar y rediseñar nuestras instituciones políticas.
Las demandas y retos que imponen e implican la crisis de la forma partido, la crisis de representación junto a la crisis de gobernabilidad (legitimidad + eficacia) y los modelos de gestión tradicionales en la esfera actual nos colocan en una incertidumbre y nos preguntamos más aún hasta que punto podrán ser resueltas sin una reforma más global de pensar y hacer la política.
La principal demanda es que necesitamos una nueva dirigencia comprometida con los grandes proyectos y un nuevo tipo de partido que ante todo esté en sintonía con los recientes procesos de fermentación social y política que observamos en nuestras sociedades y que garanticen la representatividad de nuestros ciudadanos. No olvidemos que si algún papel cumplen las instituciones es dar sentido a la sociedad y restringir los modos de formación de preferencias de los ciudadanos.
Por ello cuando las instituciones entran en crisis o cambian, los individuos reciben estímulos y perciben un mundo diferente de posibilidad, de cursos de acción, lo que ciertamente origina alteración de sus valores, juicios y preferencias. De allí que cuando el ciudadano común no percibe una fiabilidad, certidumbre y representación de sus principales instituciones (partidos principalmente) opte por la búsqueda de nuevos actores políticos.
Finalmente en un sentido cualitativo, la necesaria reinvención de las instituciones, apunta claramente a la introducción (complementaria a la reforma de las instituciones de la democracia representativa y participativa existentes, y no en ruptura con ellas) de mecanismos de conexión entre los nuevos espacios de deliberación en la sociedad civil, y el Estado. Venezuela hoy reclama un proceso de reinvención de sus instituciones.
Politólogo / joseriv67@hotmail.com
Economía Hoy, 14 de junio de 1999