Los modelos económicos a seguir
Juan Antonio Müller
El país ofrece una coyuntura ideal para poner en práctica un modelo económico que nos lance por la vía del desarrollo en las próximas décadas. Sólo con analizar dos de las economías más grandes y exitosas del mundo contemporáneo: EUA y Alemania, deberíamos contar con suficientes elementos para responder a la pregunta ¿qué modelo seguir?
Entre los indicadores económicos que mejor miden el desenvolvimiento económico se cuentan: el crecimiento del PIB per cápita; el crecimiento de la productividad y la generación de empleo. Bajo esta óptica los dos países han tenido niveles de crecimiento del PIB per cápita por encima del 1,5% promedio anual para los últimos diez años, pero la situación presente coloca a EUA con ventaja sobre Alemania.
En cuanto a la productividad los alemanes habían mantenido una ventaja sobre los norteamericanos pero en los últimos años el crecimiento de la productividad en EUA ha duplicado a la alemana que se ha estancado alrededor del 2%. Estos resultados son fruto de los avances tecnológicos y del mayor nivel de competencia de la economía del mercado norteamericano.
La generación de empleo es otro indicador dónde los norteamericanos han logrado un éxito sin precedentes pues han bajado el desempleo a 4%, muy por debajo del 10% de desocupación que aqueja a Alemania. Ello es el resultado de la enorme flexibilidad que ofrece el mercado laboral norteamericano debido en parte a la pérdida gradual de poder por parte de los sindicatos.
No obstante lo anterior el modelo norteamericano presenta una mayor desigualdad en los ingresos entre sus quintiles más ricos y pobres que los de Alemania. Se reconoce que en EUA el 20% más rico de la población tiene ingresos nueve veces los del 20% más pobre mientras que en Alemania es tan sólo seis veces. Ello se debe en parte al sistema de seguridad social de reparto que ha logrado una mayor igualdad y armonía social entre las clases aun cuando se ha tenido que pagar un alto costo en términos que ha frenado la inversión y el avance tecnológico.
Como se comprueba de lo expuesto la economía social de mercado alemana, admirada como símbolo de crecimiento económico y estabilidad social por algunas décadas se ve hoy día aquejada de un lento crecimiento y de un alto nivel de desempleo. Sin duda el país ha tenido que pagar un elevado costo para incorporar a la Alemania comunista, pero no podemos pasar por alto como causales importantes la poca flexibilidad de sus mercados y la resistencia a reducir el tamaño del Estado.
La mayor fortaleza de la economía norteamericana en su tremendo avance tecnológico, que ha sido posible por la enorme flexibilidad que tienen sus mercados, principalmente el laboral y el de bienes y servicios matizados por una sana competencia; por el bajo nivel de los impuestos y por el auge sin precedentes del capitalismo accionario que obliga a las empresas a mejorar su desempeño gerencial pues están sometidas permanentemente al escrutinio público en la Bolsa de Valores.
Las lecciones para Venezuela son claras. No podemos pensar por el momento en acabar con las desigualdades existentes mientras no venzamos el cuadro de recesión con inflación que nos aqueja desde hace años como resultado de un Estado omnipotente. Estamos obligados a mejorar nuestro sistema de educación básica y tecnológica y a establecer un sistema de seguridad social moderno, pero paralelamente hay que abrir mayores espacios a la iniciativa privada nacional y extranjera con el claro propósito de crecer y generar empleo productivo. Si el Gobierno aspira a establecer en Venezuela un sistema económico capitalista, aquí tiene los modelos a seguir.
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El Universal Digital, 11 de junio de 1999