El sindicalismo agrícola también está moribundo
Jacobo Abadi
Cuando la moda es la temática de los 40 años de corrupción y podredumbre, el sector agrícola por supuesto que también tuvo su modesta contribución, pero tan solo por 25 años. Justamente se inicia cuando hace un cuarto de siglo se inventaron las políticas discrecionales, que ni siquiera fueron diseñadas por los propios Gobiernos, sino por los intereses particulares del ministro que estuviese de turno. Desde esa época ni un solo gremio agrícola ha formulado un solo plan de desarrollo moderno y sustentable, capaz de insertar a la Venezuela agropecuaria dentro del mundo globalizado de comercio, que favoreciese al consumidor con variedad de alimentos, de calidad, baratos y capacitar a nuestro productor para poder protegerse frente a las importaciones e incrementar sus productividades y ganancias.
Por esa época se inició la corrupción en nuestro sector. Los gigantescos recursos que nos regaló el petróleo se dilapidaron en monstruosidades como la Corporación de Mercadeo, Programa de Silos, quebrar a Bandagro y el Banco Agrícola y Pecuario, desviar los objetivos del Fondo de Crédito Agropecuario, obligar la cartera agrícola en la banca comercial sin que se supervisara el destino de las inversiones, los grandes negocios con las tierras del IAN, el deterioro de todos los sistemas de riego y la vialidad, la burocratización de las instituciones dependientes del MAC y del propio ministerio, el aniquilamiento de los asentamientos campesinos, fomentar la emigración de los trabajadores del campo hacia las ciudades, el incremento inaguantable de la inseguridad personal y jurídica rural, la eliminación de las escuelas prácticas, la negociación de las licencias de importación bajo regímenes de contingentamiento y pare usted de contar. Toda esta grosera historia de corrupción del erario público y de los impuestos de los contribuyentes fue realizada por culpables que todavía hoy siguen siendo reconocidos por la cómplice sociedad como eminentes honorables y ninguno ha sido sancionado, tan siquiera con el desprecio público.
Y los gremios, que se supone se fundaron para defender a sus agremiados ¿qué hacían? Pues ocupados politizando a sus dirigentes para obtener o mendigar prebendas del gobernante de turno o aprovechar las circunstancias para hacer también sus negocitos. Así, Fedeagro se apartó de sus bases doctrinarias para convertirse en una vendedora de maquinaria o manejar las cosechas y guías de movilización. Fedenaga igualmente, nada de fomentar la ganadería, sólo vender tractores. Fenavi, ocupada de que no entren muslos importados y gestionar las licencias de importación de maíz amarillo a cambio de la compra del sorgo nacional. Feporcina, igual que Fenavi. Aicar, defendiendo la producción interna y por debajo de la mesa importando toneladas de "carne industrial''. Aniquesos, protegiendo su industria de quesos "de alta calidad'', evitando que entren los buenos y baratos. Fenapesca se fue del país a pescar en otros mares. Asocebú, aprovechando la coyuntura para traerse la mejor ganadería colombiana. Asobúfalos, ataviada de pura buena teoría, sin haber concretado un solo proyecto. Avesem, destinando todo su tiempo en tramitar sus licencias de importación. Cavidea, vigilando de que no les regulen los precios finales y de sus materias primas. Afaca, que es un misterio porque solamente son plantas para fabricar los alimentos balanceados de la industria, metida en el ministerio bregando por sus licencias de importación y tratar de acabar con el sorgo. Asograsas, feliz porque lograron la importación total de aceite y terminaron con la producción nacional. Aprocao, son sólo dos empresas chocolateras. Asotrigo, importando ese cereal que es el de mayor consumo y cuidándose de que no promuevan el arroz. Venmaiz, de que no le impongan regulaciones de precios, pero sí le imponen cupos a los que se porten bien con ellos. Asolep, prefiriendo los precios bajos de la leche en polvo importada, ante los caros nacionales de la cruda. Cavepas hace lo inverso que la anterior pero con la leche cruda. Campesca, exportando como nunca las latas de pescado. Upave, cuidando las fronteras para que no entre azúcar. La Federación Campesina es un caso de mención terrorífica especial, ya que no representa a nadie, pero tienen activos que valen más que el Icap, por eso es que los políticos se pelean a cuchillo por ponerle la mano. Para colmo hasta fundaron una federación copeyana a la que llamaron Fedenaca, Foncafé y Foncacao, sería un gran negocio para el Estado cerrarlos y no pasa nada. Anicaf, importan e importan café sin mucho ruido. Cavedepra, peleando contra las exoneraciones que les dan a los gremios, pero nada de que bajan sus precios. El Comité Agrícola de la Asociación Bancaria, se reúne una vez en cuaresma pero no tiene jerarquía ni poder decisorio. Aproscello, tratando de mantener el monopolio de sus semillas.
Bajo este ambiente de indefinición de políticas modernas de desarrollo agrario, cambios bruscos de los responsables e improvisaciones a granel, el tiempo para sembrar se pasa año tras año sin que le importe a nadie, el agro sigue descapitalizándose, nos acercamos aceleradamente a la apertura de los mercados y no estamos nada preparados, el consumidor sigue afectado con los precios y una deteriorada capacidad de compra que va en aumento, el sector agrícola oficial paralizado y sin recursos, la economía en general estancada. Nos da la impresión de que como están las cosas nuestros moribundos y queridos gremios agropecuarios van a continuar en lo mismo por un rato largo, pero antes también estarán obligados a legitimarse.
Consultor agropecuario
Economía Hoy, 14 de junio de 1999