Presidentes viajeros (II)

Jesús Sanoja Hernández

En otra oportunidad escribí acerca de los presidentes viajeros, y ya entonces me había referido a la gira de Betancourt, en febrero de 1963, que entre otros puntos tuvo en el mapa político, Washington, el más importante desde luego. Un reportero chileno de izquierda, entonces adscrito a la planta de La República, diario dirigido por Luis Esteban Rey, fue uno de los que cubrieron aquella excursión diplomática, y a días del retorno a Caracas sorprendió con un libro, El mito de Betancourt al descubierto, que muchos enredos creó entre "el glosista amable" y el periodista del sur, cuya esposa Jeanette Gallo, también de izquierda extrema y también reportera, optó por el reingreso a Chile.

Para aquel libro, infortunadamente ausente de mi biblioteca, ofrecí un "apéndice sangriento" en el cual recogía "los muertos de la democracia" y el porcentaje (más de 50%) que la suspensión de garantías se había llevado, hasta entonces, del período gubernamental de Betancourt. La estrategia de Kennedy para América Latina era a la sazón de Alianza para el Progreso (Alpro), de modo que en la declaración conjunta se ponía énfasis en que el gobierno venezolano había logrado "grandes adelantos en las reformas sociales y económicas" contempladas en la Alpro.

Nuestro presidente devolvía así la visita que John Fitzgerald Kennedy había realizado a Venezuela en diciembre de 1961. Kennedy fue llevado a La Morita (de cuya existencia no he tenido más referencias), símbolo de la reforma agraria que había asentado "a más de 35 mil familias". De aquellos días recuerdo que en vísperas de su repentino viaje a Londres, el dirigente del MIR Gumersindo Rodríguez, en fiesta familiar, comentó extensamente conmigo la situación de los que llamábamos "el movimiento revolucionario" y, apartadas ciertas curiosas alusiones a los cerrícolas que tenían televisión en sus ranchos, nada noté que me hiciera presentir el escape del siguiente día. Nunca le encontré explicación, como no fuera la del "calificativo descalificador" de la deserción, hasta que confesión suya a Agustín Blanco Muñoz, en volumen tan gordo como el dedicado a Chávez, reveló que poco antes se había celebrado una reunión de comando del MIR con algunos oficiales de las FAN donde se examinó el punto de levantamiento militar que habría de producirse con motivo de la visita de JFK. Se trataba de "un ensamblaje de las fuerzas militares vinculadas al MIR -Víctor Hugo Morales, Lobato, etc.- y las vinculadas a Luis Miquilena, de URD. Se controlarían las guarniciones de Barquisimeto, Ciudad Bolívar, Carúpano". Sus dudas convirtiéronse entonces en tortura.

Pero no hubo nada en aquellas navidades y sí pudo haberlo (y en grande) en enero del 62, a raíz de la huelga del transporte, capítulo del que mucho saben "los jefes de la lucha armada" y del cual salió indemne Betancourt, así meses más tarde estallaran las rebeliones de Carúpano y Puerto Cabello. Y tan tranquilo fue el ambiente de aquellas "blancas navidades" que en la respuesta del general Briceño Linares, ministro de Defensa, al saludo de Betancourt a las FAN, el trujillano dijo saber el concepto que el presidente tenía de las FAN; una institución fundamental "de cuya integridad y apoliticismo usted nos ha demostrado ser más valioso protector".

¿Apoliticismo? Bueno, eso es lo que establece el artículo 132 de la Constitución entre vigente y muriente. Pero Chávez no cree que las FAN deban ser apolíticas, porque la política atañe a todos. Lo que no deben ser, agrega él para aludir al "viejo sistema", es partidista. De modo que si el Polo Patriota obtiene mayoría en la Constituyente, al 132 le saldrá modificación, tal vez sustancial o sustantiva.

Muy distinto el panorama internacional de 1999 al de 1963, éste bipolar y expuesto a la catástrofe nuclear, aquél unipolar y globalizado, y sometido a guerras étnicas y religiosas, siempre locales, y a las "intervenciones humanitarias" de la OTAN y su "hermano mayor" Estados Unidos. distinta asimismo la diplomacia venezolana cuyo ángelus es José Vicente Rangel. Dudo que Falcón Briceño hubiese podido alguna vez objetar bases norteamericanas en Aruba o Curazao o que disintiera de la política norteamericana respecto a Cuba. Y no dudo que la posposición, por parte del presidente Clinton, del encuentro con Chávez esté en función de esas y otras posiciones, tanto internacionales como nacionales, del mesías quinta republicano.

Nada semejantes (como no sea en ciertas dosis de autoritarismo) Betancourt y Chávez. Por ejemplo, en materia de deportes Betancourt se ceñía a elogiar al "muchachote de Barlovento", Vidal López, y a condecorarlo al lado del Pollo de La Palmita, Simón Chávez, el "Patón" Carrasquel o Teo Capriles, o a asistir en Estados Unidos a un juego donde compitiera su equipo favorito (los Yankees de New York). En cambio, 15% del lenguaje de Chávez está contaminado de deportes, especialmente de beisbol. Le ha lanzado a Sammy Sosa y anteayer debió lanzar en el encuentro entre los Mets de New York y los Azulejos de Toronto.

El Nacional On Line, 11 de junio de 1999