Como se construye una censura.

Coronil Hartmann

En un proceso político como el que vivimos los venezolanos, la tarea de quienes hacemos opinión se circunscribe en buena medida a observar y alertar a nuestros lectores, televidentes u oyentes de aquellos signos que indican o al menos parecen justificadamente indicar una desviación autoritaria del gobierno o una actitud acrítica u obsecuente de los medios, que en cualquiera de los dos casos se traduce en una peligrosa alienación de la libertad de expresión, sin la cual es falaz hablar de régimen democrático. La abdicación del soberano (en este caso debe leerse la de los propietarios de algunos medios de comunicación) o la intervención arbitraria de algún jerarca con malas pulgas y definitivamente impropio para un sistema de libertades y libre juego de las ideas, producen, cualquiera de ellas, la destrucción de un elemento esencial para el funcionamiento del país y para la corrección oportuna de conductas o programas inadecuados cuando no delictivos o al menos inconvenientes de la acción de algún órgano o funcionario del Estado, por esta razón y pese a mi poca inclinación por escribir sobre casos o situaciones de las que de alguna manera soy parte, me siento obligado a dejar testimonio en este artículo de síntomas inquietantes que conozco en carne propia.

El 4 de febrero de este año, es decir a dos días apenas de la toma de posesión del actual presidente, fui invitado a un programa de opinión televisivo que moderaba con alto profesionalismo la Licenciada María Isabel Párraga, hoy merecidamente Premio Nacional de Periodismo –Mención Radio- y en el cual participaban la Dra.Maruja Tarre Briceño y el sociólogo Carlos Raúl Hernández, cuando el programa que grabamos era transmitido y en el preciso momento en el cual yo leía las "Disposiciones Transitorias" aprobadas por la Asamblea Nacional Constituyente de 1953, el programa fue abruptamente sacado del aire y apareció en pantalla mi querido amigo Toco Gómez con un programa de cocina. Las versiones de lo ocurrido fueron variopintas, hasta un miembro de la Comisión Presidencial Constituyente me comentó que todo se debía a una llamada de Miraflores al propietario del canal, otros que fue "autocensura" (lo que resulta poco creíble con un programa grabado), en todo caso "culillo" o arbitrariedad el síntoma era malo.

Ahora, repentinamente un importante matutino cesa –directa o indirectamente- a cuatro colaboradores no precisamente anónimos y que curiosamente mantenían una línea de crítica constructiva, hasta donde yo sé el Dr. Aníbal Romero, el Prof. Aderito de Sousa y Alfredo Coronil de sus páginas editoriales y la Licenciada Argelia Ríos, autora de una de las mejores columnas de análisis político del país. Las "nuevas firmas" que aparentemente los substituyen no las voy a juzgar en su calidad de forma porque sería inelegante, pero sí debo señalar que curiosamente sus posiciones políticas son claramente divergentes de las que individualmente manteníamos nosotros, cada uno desde su particular visión del país.

En mi personalísimo caso, al día siguiente de la publicación de un artículo donde defendía la honorabilidad del Dr. Carlos Canache Mata y más que la de él en particular que no necesita defensores, denunciaba y combatía la propensión a generalizar de manera irresponsable, enlodando nombres y reputaciones, recibí una comunicación escrita que era abiertamente un despido indirecto, se puso así fin a una colaboración de 18 años, 16 ó 17 de ellos como columnista dominical, el último año encabezando quincenalmente la página 1-4 los días lunes. Mi afecto y mi gratitud quedan vinculados a los trabajadores y el personal de ese diario, así como a la memoria del Dr. Luis Alfredo Chávez, quien tanto me estimuló en mi trabajo. A mis lectores de 38 años de periodismo de opinión seguiré siéndoles fiel desde estas páginas de El Mundo y en las pantallas de Venezuela Analítica.

El mundo, lunes 14 de junio de 1999