¿Gore Presidente?
Tibor R. Machan
(AIPE).- Oí el discurso del lanzamiento de la candidatura presidencial de Al Gore hasta que éste preguntó: "¿Avanzaremos o echaremos para atrás?" Y lo dijo con todo el entusiasmo que el frígido Gore logra con gran esfuerzo expresar.
Estaba, desde luego, leyendo de un texto preparado y sus intentos en mostrar vivacidad fueron realmente patéticos. Eso siempre sucede cuando los políticos tratan de mostrar entusiasmo diciendo cosas que a nadie entusiasman. Gore ha podido hablar de libertad o de igualdad o de adelantos científicos o de los valores por los cuales la sociedad norteamericana ha luchado por más de 200 años. Pero no. Sale con algo vacío: ¿avanzaremos o retrocederemos?
¿Avanzar hacia qué e impedir el retroceso a qué? Algunas de las cosas en que avanzamos en este país no son tan deseables, como el odio racial y la creciente dependencia del gobierno para que nos resuelva todos los problemas. A la vez, podemos retroceder a épocas menos violentas, cuando las familias estaban más unidas y había mayor respeto por la iniciativa y la ambición personal, a la vez que el desprecio generalizado por la evasión de las responsabilidades personales. ¿Acaso sería malo un retroceso en ese sentido? Es un mito absurdo pensar que todo en el pasado fue malo y todo en el futuro será mejor. Si algo nos deja claro la historia es que no siempre hay progreso hacia algo mejor. La edad de oro de la Grecia clásica tenía elementos inmejorables, aunque -claro está- otras cosas eran bastante malas. Y ha sido así en todas las épocas, de manera que algunos aspectos del futuro pueden resultar mucho peor que las experiencias del pasado. Liderazgo político significa reconocer los buenos aspectos del pasado y señalar el mejor camino hacia el futuro. ¿Qué debemos tratar de alcanzar? ¿Qué debemos cambiar? ¿Cuál deberá ser el papel del gobierno en todo eso? Las sugerencias presentadas por Al Gore suenan a fantasías utópicas: quiere eliminar la pobreza, los prejuicios y la ignorancia. Y ¿cómo lo piensa lograr? ¿convirtiéndose en el Gran Inquisidor, a la cabeza de un gran número de espías y castigándonos por nuestros pecados? Eso requeriría la imposición de una ley marcial en todo el país, convirtiéndonos en ciudadanos de un estado policial, con terribles y contraproducentes repercusiones. Claro, toda esa habladuría paternalista es basura, simple hipérbola electoral.
Un candidato con sentido común y los pies sobre la tierra nos hubiera dicho algo así: "Me limitaré a mis atribuciones si soy elegido presidente de Estados Unidos. Estas responsabilidades incluyen, primero que todo, contribuir a garantizar los derechos ciudadanos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, lo cual significa, principalmente, protegerlos de criminales tanto extranjeros como nacionales que traten de asaltarlo, secuestrarlo, robarlo o matarlo. El resto quiero dejarlo en manos de la gente, interfiriendo e inmiscuyéndome lo menos posible en sus actividades individuales".
Eso sería un sueño y debemos prepararnos para aguantar año y medio de retórica vacía.
Profesor de Chapman University y asesor de Freedom Communications.