La Tenaza antiliberal

Alberto Benegas-Lynch, h

Cuando las cosas no andan bien hay que dirigir la mirada hacia la educación. Allí se mitigarán muchos de los problemas que nos aquejan. En el terreno de las ideas es donde emerge la posibilidad de correr el eje del debate para influir luego en la opinión pública que es donde van a beber los políticos en busca de éxito electoral. Esta secuencia es cierta pero henos aquí que aparece un obstáculo serio en el camino que si bien no es siempre insalvable constituye un grueso estorbo que empantana cuando no hace retroceder el andar. Se trata del empresario convertido en conquistador de privilegios que, al aliarse con el poder político, fabrica una desbastadora tenaza antiliberal que tritura la competencia y los mercados sin miramientos de ninguna índole. Se trata de un mecanismo cuyos dos brazos siniestros se retroalimentan recíprocamente. Y no sólo esto: como este esquema no permite presentarse crudamente ante el público como una impúdica casa de favores para el pseudoempresario y una grosera extralimitación del poder en el caso de los políticos, se debe recurrir al sustento intelectual para armar una fachada dialéctica que incluso haga aparecer a los explotadores como benefactores de quienes son en verdad explotados. Así es que la susodicha tenaza dirige su atención a financiar instituciones académicas, revistas, periódicos y programas televisivos para que hagan de apoyo logístico al saqueo.

De este modo, en gran medida, se corta la posibilidad de acontecimientos que se dirigen en dirección a una sociedad abierta. De este modo, en gran medida, la secuencia argumental descripta al comienzo en cuanto a lo que ocurre en el campo de las ideas y la educación, queda nonata. Decimos en gran medida porque, por una parte, hay en el mundo académico y periodístico quienes no se prestan a estos juegos por más sombras sofocantes que proyecte la amenazante silueta de la tenaza y, por otra, hay también en el mundo empresario -lamentablemente muy minoritario- quienes están dispuestos a financiar tareas tendientes a los mercados libres. Y estos dos campos minoritarios muchas veces incluso logran contrarrestar la nefasta avalancha que genera la tenaza antiliberal. El tema de los pseudoempresarios no es baladí. Es muy grave y merece toda la atención por parte de quienes desean vivir en una atmósfera de libertad y respeto recíproco, exenta de las pestilentes bocanadas del autoritarismo de cualquier signo que sea. Incluso hay comerciantes de la dádiva que comprenden perfectamente la incontrastable superioridad del liberalismo para bien de la gente pero persisten en dar el zarpazo porque a ellos los beneficia (aunque el resto se perjudique), siempre en la esperanza que esta conducta no se generalice de lo contrario sería autodestructiva en una carrera desenfrenada en la que todos pretenderían sacar tajada de los demás. Algunos racionalizan este análisis, otros no pero, en todo caso, van preparando la senda con la financiación de campañas políticas para colocarse de entrada como acreedores y enseguida arremeten en los pasillos oficiales para comenzar el truculento "toma y daca" al tiempo que la tenaza, con sus partes ya muy compenetradas, operan ante los medios y los vendedores de teorías para que sirvan a sus inconfesables propósitos.

Esta preocupación no es nueva, desde Adam Smith, en 1776, se viene reiterando como voces ahogadas que claman en el desierto. Es cierto que en muchos casos el alud que se desata en el mundo intelectual debido a la sistemática elección de simpatizantes con el mal llamado "estado benefactor" y políticas colaterales, conducen por su misma lógica interna al "hermano mayor" orwelliano y, a la postre, se sugiere expropiar a los mismísimos financiadores de tanto dislate. En este punto el empresariado se asusta, y si todavía está a tiempo clava los frenos y retrocede para luego volver a las andadas y así sucesivamente. Esta tenaza antiliberal no permite el establecimiento permanente de marcos institucionales que haga de verdadero dique de contención a los desbordes del poder puesto que, por las razones expuestas, influyen sobre la producción de ideas de tal modo que los partidarios de la libertad se desenvuelven en manifiesta inferioridad de condiciones.

La tenaza antiliberal todavía produce una cosa más, la gran paradoja de la época: cuánto más aumenta la participación del estado en la renta nacional más se le endosa la responsabilidad al liberalismo por los perversos resultados que produce la manía por la obesidad estatal. Hasta que no surja una idea mejor, los liberales debemos mejorar nuestra performance con la intención de abrir caminos en este espeso matorral. Lo que ocurre en esta etapa del proceso de evolución cultural no necesariamente será así en el futuro. Ernst Cassirer escribe que cuando en el futuro se miren nuestros sistemas políticos ocurrirá lo mismo que le ocurre al químico moderno respecto de la alquimia. Ya hay muchos trabajos que bucean en otras direcciones para preservar de un mejor modo la libertad abriendo la competencia en campos nuevos.

Rector de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas.
postmaster@eseade.edu.ar