El dilema petrolero

Irwin Stelzer

(AIPE).- En una reciente conferencia en Madrid, patrocinada por la Universidad de Harvard y la petrolera española Repsol, aprendí varias lecciones sobre lo que sucede actualmente en la industria petrolera. La primera es que las actuales fusiones de empresas petroleras se deben a más de una razón. Como la industria está afectada por exceso de capacidad, se han creado las llamadas "super mayores", con la fusión de Exxon y Mobil, British Petroleum y Amoco, para enfrentar el problema de demasiados barriles de petróleo persiguiendo muy pocos mercados, exceso de personal y duplicación de instalaciones. Estas fusiones permiten la consolidación y cierre de algunas instalaciones, a la vez que la reducción de personal para así lograr mejores utilidades. Cierto crecimiento puede estar en el futuro, pero el presente obliga a la reducción de gastos.

Luego está la llamada segunda hilera de compañías como Repsol, dirigida por Alfonso Cortina, que está comprando la YPF argentina por más de 13.000 millones de dólares, lo cual colocará a Repsol entre las 10 compañías petroleras más grandes del mundo.

Esta fusión nada tiene que ver con la reducción de gastos, sino más bien con la integración de las grandes inversiones de YPF en la producción de petróleo y de gas con las instalaciones de refinación y mercadeo de Repsol, a la vez que facilita la expansión de la empresa española en América Latina.

La otra lección tiene que ver con los precios. Los representantes de las naciones productoras mantienen que las nuevas tecnologías les permiten encontrar y producir petróleo en campos nuevos a un costo de 2 dólares por barril. Pero los autócratas árabes quieren mantener el precio alrededor de los 15 dólares, para poder financiar sus vastos programas sociales, requeridos para mantener al pueblo satisfecho y tranquilo.

Para mantener esos precios tan por encima del costo se apoyan en la OPEP, su cartel que restringe la producción. Y se sienten animados por el reciente acuerdo logrado por México, el cual redujo la producción y aumentó el precio del barril de 10 dólares a un nivel cercano a su objetivo. Pero los potentados árabes saben bien que están sucediendo cosas que imposibilitarán mantener el precio en alrededor de 15 dólares. Se adelantan conversaciones entre las naciones productoras y las tres super mayores - Exxon/Mobil, BP/Amoco y Shell- para invitarlas de vuelta al Medio Oriente. Ellas fueron expropiadas y expulsadas tras una ola de nacionalizaciones. Aunque sigue siendo políticamente imposible ofrecerle de vuelta las viejas concesiones, se están desarrollando nuevos contratos para lograr acceso a tecnologías avanzadas y a los mercados de capital.

La llegada de nuevas tecnologías a una zona que utiliza las de hace 30 años, como es el caso de Irán e Irak, disparará la oferta y ambos países exigirán cuotas mayores dentro de la OPEP. Para mantener los precios, Arabia Saudita tendría entonces que reducir su propia producción, cuando ya tiene dificultades en proveer beneficios a la población y mantener el estilo de vida de sus muchos príncipes. En parte, mucho dependerá de sus propios cálculos para maximizar sus ingresos a largo plazo.

Pero si las mayores tienen éxito en conseguir nuevas reservas baratas de petróleo en el Medio Oriente, la OPEP tendrá dificultades en mantener los precios. Otro problema será presentado por los ambientalistas, empeñados en reducir el consumo de carbón y petróleo, a la vez que los gobiernos europeos quieren añadir la gasolina a su lista de productos perversos, como el tabaco y el alcohol, que deben ser tasados con cada vez más altos impuestos.

Mi predicción es que la OPEP puede tener cierto éxito en el corto plazo, pero no por mucho tiempo. Seguimos previendo el barril de petróleo a 5 dólares en el futuro.

 Columnista del Sunday Times de Londres