Hechos y personajes del siglo XX

El siglo de las comunicaciones

El siglo XX fue el siglo de comunicaciones por encima de cualquier otro aspecto. Por encima de las guerras y de la barbarie; por encima de la sangre derramada por toda Europa; por encima del dolor mundial y del auge de la economía y de su posterior depresión; por encima de la estupidez humana, de los inventos y la experimentación; incluso por encima de los dioses y de la informática o la hermosa conquista de la luna o de los caminos políticos.

Todo porque el hombre en el siglo XX perfeccionó la forma de comunicarse, de romper distancias y tiempos para convertirse en un solo receptor mundial de los millones de mensajes alrededor del orbe.

Cada ser humano fue en últimas el centro de la comunicación, a donde llegaban los mensajes. El receptor universal que conectado a cables o a formas satelitales dejaba oír la voz, dejaba escapar una imagen y dejaba que la cultura de las comunicaciones se tomara el mundo.

Por eso el caso de Helen Keller fue digno de explicar, analizar y ejemplificar. Ella, en el siglo de las comunicaciones, vivió incomunicada la mayor parte de su infancia y sólo por medio de señas y del lenguaje braille encontró la forma de hablar y de darse a conocer en el mundo.

Ella vivió dentro de un mundo que ya experimentaba con cables y que a posteriori inventaría la telefonía celular, que abarcaría a todo el mundo con la internet y que explotaría la comunicación humana, a pesar de que se viviera en la mayor soledad, entre tumbas de teléfonos y mensajes.

Ella, con su silenció, manejó una nueva comunicación, la de la perseverancia y la del empeño por hablar sin sonidos en un mundo que parecía tener tapa oídos y que en medio del miedo callaba su realidad con la esperanza de que la soledad fuera el mejor compañero para hacerse el ciego y el sordomudo.

Pero Helen Keller fue un milagro de la vida que se comunicó con todo lo que quiso y que logró ser palabra hablante, sonido, metáfora, fábula y augurio sin decir una sola palabra, un solo sonido, una sola metáfora o un augurio tan sólo siendo eso que hablaba desde su corazón y por medio de su gran alma...

Por eso ella entre tantas guerras, tantas batallas, tanto hombre en la Luna, tanta comunicación, demostró que para comunicarse no se necesita mucho sino tan solo algo que decir...

Helen Keller hizo creer en milagros

Dicen los que cuentan historias, que desde siempre el milagro máximo es la vida. Que ese momento en que el feto se convierte en ser y abandona para siempre el vientre materno para habitar el mundo, es eterno, único e irrepetible, que es un triunfo de la vida sobre la muerte; claro que para muchos el milagro no es la vida sino la existencia, el sobrellevar día tras día la necesidad vital de respirar, el dolor de sentirse vivo pero habitante de un cuerpo con olor a formol.

Helen Keller fue una de las figuras del siglo XX, pues ella más que nadie hizo cierta la fe en los milagros y no sólo porque quedó ciega a los dos años a consecuencia de una fiebre sino porque también quedó sorda tiempo después, lo que en un mundo parlante y basado en comunicación con signos visuales era como quedar entre dos paredes que se cerraban día tras día.

Helen Keller fue entonces una pequeña niña que vivió sin la palabra, pero no sin las ganas de comunicarse; que quiso comprender el mundo desde sus ojos, pero éstos sólo le mostraban una oscura realidad. Hubiera podido quedarse ensimismada en su cuerpo, pendiente únicamente de su alma y su voz interior, pero ella quiso hablar con el mundo, intentar tender un túnel entre esas dos paredes de incomunicación y transmitir su dolor al mundo, al que quisiera escucharla o simplemente verla.

Ese fue su milagro, entender que la vida no sólo es bella por el nacimiento sino por la existencia misma, por la búsqueda diaria de encontrar un camino en medio de los obstáculos.

Su gran aporte para el mundo moderno aparte de su tesón y de su fuerza fue demostrar un lenguaje para ciegos y sordos, una manera de comunicarse llena de significantes y significados que vencían las limitaciones con una gran dosis de talento e imaginación.

Sus manos, esas partes delicadas de su cuerpo, fueron entonces su boca y sus ojos, la manera como se comunicó, al igual que el alfabeto braille, el cual le tendió un camino y les dio vida a quien todos pensaban que por sus limitaciones estaba muerta.

Helen Keller murió en 1958 dejando varios libros escritos, una nueva forma de comunicarse con el mundo y, sobre todo, siendo un icono del siglo XX, una persona que a pesar de sus limitaciones mostró que la única necesidad vital para comunicarse es existir; ella fue un milagro hecho realidad que le dejó al mundo oír su historia y verla como un ejemplo vivo de la superación humana en el siglo XX.

Para ella el milagro no fue como para la mayoría nacer, sino existir y sobrellevar la necesidad vital día tras día, abandonar la tranquilidad del vientre materno para llegar a un mundo difícil e inhóspito.

El Espectador (Colombia), 22 de junio de 1999