Aquí hace calor
Los Estados Unidos...(II)
Aníbal Nazoa
Bueno, parece que por fin los norteamericanos se cansaron de jugar maquinita matando a los hombres, mujeres y niños de Yugoslavia, pero quién sabe...Eso es por ahora, ustedes saben cómo son los caprichos de los conquistadores, de repente, como dicen los chamos, se dan cuenta de que dejaron de destruir tal zona o de matar a tantos seres humanos y se devuelven para volver a empezar, así que no estén creyendo. Total, el planeta les pertenece y ellos pueden hacer lo que les dé la gana sin que la comunidad internacional diga esta boca es mía, y a propósito de comunidad internacional, aprovecho para decir a los jefes de Estado del mundo entero (casi todos, con rarísimas excepciones) que enteramente chorreados observan sin comentarios las tropelías de los norteamericanos, francamente, yo como que prefiero estar muerto que ser cabrón. Y conste que no me quiero morir.
Lo de no estén creyendo se refiere a la cantidad de leyendas en que se sustenta nuestro conocimiento del modo de ser norteamericano. De esas leyendas, una de las más populares es aquella de que"una cosa es el gobierno de los Estados Unidos y otra el pueblo norteamericano", según la cual los norteamericanos son un pan de Dios y no constituyen de ninguna manera una nación conquistadora ni mucho menos imperialista. De manera que, pongamos por caso, el multitudinario y delirante recibimiento que Nueva York tributó al "conquistador" Dewey a su regreso de las Filipinas en la guerra hispanoamericana, nada tuvo que ver con una guerra imperialista, como tampoco el tributado a Bush al final de la Guerra del Golfo.
Otra leyenda que los latinoamericanos acariciamos como el más tierno peluche es la del eterno bipartidismo gobernante en Norteamérica: ingenuamente nos empeñamos en creer que en la política gringa los republicanos son los conservadores y los demócratas los liberales, que los demócratas son la "izquierda" y los republicanos la "derecha" o, más pendejísimamente aún, los demócratas son los buenos y los republicanos los malos; nos negamos en redondo a aceptar la verdad: que ambos partidos son la misma miasma ultrarreaccionaria, mercantilista y tramposa. Quienes aún mantengan algún entusiasmo por la "buenura" de los demócratas, observen que son precisamente demócratas la mayoría de los gobiernos norteamericanos que invaden países débiles y provocan guerras; así por encimita como quien dice, recordemos que la guerra de Corea la provocó el demócrata Truman (el mismo que lanzó las bombas de Hiroshima y Nagasaki), como fueron demócratas los gobiernos que ocuparon a Haití entre 1915 y 1924 y a Santo Domingo entre 1916 y 1924. Recuerden que Anastasio Somoza fue un "regalito" que le hizo a Nicaragua el demócrata Franklin -San Franklin- Delano Roosevelt. Recuerden también que fue el mismo santo y buen vecino el que dijo aquello de "Trujillo es un s.o.b. (hijo de perra) pero es nuestro s.o.b.". Volvamos atrás de nuevo para mencionar al célebre pirata y gángster William Walker, que cuando invadió a Nicaragua y se autonombró presidente decretó en primer término la restitución de la esclavitud: en el momento de su asalto criminal estaba reunida en los Estados Unidos la convención del Partido Demócrata, que le dirigió un mensaje de felicitación y lo declaró Héroe de los Estados Unidos. La propia historia de la Guerra de Secesión norteamericana, a fin de cuentas, no es sino otra de nuestras leyendas no tan históricas: según lo dicen sus propios protagonistas, no fue precisamente un combate entre el Norte abolicionista y el Sur esclavista, sino más bien un choque entre el norte industrializado y el Sur campesino, agrícola. El mismísimo Abraham Lincoln, cuyo único objetivo en la guerra era la preservación de la Unión, lo dice: "Mi principal objeto en esta lucha es salvar la Unión, y no salvar o destruir la esclavitud. Si yo pudiera salvar la Unión sin liberar a ningún esclavo lo haría: y si la pudiera salvar libertando a todos los esclavos, lo haría. Y si la pudiera salvar libertando a algunos y dejando a otros solos, lo haría también. En otras palabras, al parecer, la libertad de los esclavos le importaba un cónfiro.
¿Todavía aguantan? pues seguiremos.
Hasta la próxima. Clinton mediante, como se dice ahora.
El Nacional On Line, Caracas 18 de junio de 1999