Exito económico: Los aplausos son las inversiones

Francisco Vivancos C.

Las giras y misiones oficiales suelen ser muy costosas en tiempo y recursos. Su rentabilidad, sin dudas, debe medirse por el logro de acuerdos, la resolución de controversias o la disminución de la adversión a arriesgar capitales en el país que la comunidad internacional exhibe. Esas son las verdaderas pruebas de éxito y valor del esfuerzo realizado. Nunca las variadas muestras de simpatía, las deferencias que la diplomacia reserva o las declaraciones halagadoras.

Gestos costosos o inocuos

Ningún gobierno puede prescindir del respaldo de los inversionistas internacionales para generar flujos estables de divisas, empleo y producto que complementen los esfuerzos domésticos. Especialmente en fases de profunda contracción del gasto interno, el acceso a crédito externo y el fortalecimiento de las inversiones extranjeras pueden ser la única vía para amortiguar los costos en bienestar que la recesión impone al reducir su duración, suavizar la caída de las variables reales y evitar tentaciones fiscales de financiar irresponsablemente expansiones dinámicamente inconsistentes. Ahora y aquí estos atributos contracíclicos positivos se suman a las ventajas consensualmente reconocidas y permanentes: acceso a tecnologías, innovaciones gerenciales, diversidad de productos y acceso a nuevos mercados externos.

Esas decisiones, sin embargos, se tornan más difíciles en ambientes institucionales muy turbios y con desasosiego social. O cuando no existen lineamientos transparentes y de calidad internacional en política económica. A menos que los sectores receptores de esos flujos sean blindados a través de status especiales y discriminatorios. La entrega de esas condiciones de excepción, suelen ser fiscalmente muy costosas (vacaciones tributarias, fuertes subsidios escondidos en tarifas e infraestructura o financiamiento concesional). Por otro lado, este tipo de ventajas al anticiparse como insostenibles en el tiempo producen una selección adversa de los proyectos en cartera: tienden a atraer sólo a aquellos con tasas de retorno lo suficientemente altas y costos hundidos reducidos como para poder repatriarse con mucha facilidad, una vez cese el incentivo, debilitando el efecto positivo de dichas inversiones. Estas ventajas, por otra parte, son facilmente reproducibles por aquellos países que compiten por atraer esos capitales, por lo que tienden a desvanecerse con rapidez como causa eficiente del esfuerzo promotor.

Los hechos relevantes

A esta categoría de incentivos pertenecen no sólo las ventajas fiscales, sino también instrumentos legales del tipo tratados de doble tributación, de protección a la inversión extranjera o a la propiedad intelectual. Lo que no significa que no deban suscribirse. Deben asumirse para evitar desventajas frente a economías rivales que ya los tienen o que poseen, por otras circunstancias, un menor riesgo país. Pero no debe confiarse en que este tipo de medidas por sí solas atraigan capitales externos. Sólo economías con sólidos patrones de crecimiento y mercados internos profundos o con inequívocas ventajas diferenciales y dificilmente imitables en determinados sectores a la larga resultan atractivas para los inversionistas foráneos. El éxito mostrado por la apertura petrolera o las inversiones debidas a la privatización en telecomunicaciones y servicios financieros muestran que, incluso en el contexto macroeconómico complejo de 1994-96, es posible movilizar recursos externos de manera rentable. Hoy, si el marco institucional se clarea, sigue disponible, entre otros, un enorme espacio para la inversión en el sector energético y en servicios vinculados a la reforma de los diversos subsistemas de la seguridad social. Sin subsidios ni otro tipo de concesiones y a bajos costos, la inversión extranjera en energía y servicios no sólo puede movilizar flujos por varias veces el monto de crédito internacional disponible ayudando a que éste sea menos restringido y costoso; sino que virtuosamente bajaría la resistencia de otros inversionistas extranjeros a movilizarse hacia el país. Este es el tipo de aplauso que hay que buscar. Inversiones, ventajas comerciales y programas de asistencia técnica con facilidades financieras son el respaldo que se necesita y su materialización la mejor prueba de credibilidad de la propuesta gubernamental que se postula. Todo lo demás es anecdotario, no sirve sino para llenar espacio en los noticiarios o para cumplir viejos anhelos personales.

Economista. Profesor UCV y UCAB
El Universal Digital, 18 de junio de 1999