Economía al día

La Constitución que tengo en mente

Maxim Ross

Ahora que escalé el primer peldaño para llegar a la Constituyente, puedo comenzar a hablar con alguna propiedad de lo que voy a defender allí. Espero que mi margen de error en firmas no sea muy grande y que el respaldo que todavía poseo de adherentes sea suficiente para cubrirlo y ser oficialmente aceptado. A pesar de que la batalla para ser elegido va a ser muy dura para los independientes, para los que no llevamos ideas hipotecadas o prefabricadas, ninguna línea partidista o proselitista y no tenemos capacidad para regalar comida o neveras, a pesar de ello digo, bien vale la pena exponer lo que tengo en mente. Examinemos qué le pasó a la Constitución de 1961 y deduzcamos lo que habría que hacer. En el próximo artículo me referiré a las tesis económicas que pienso defender en la Constituyente.

La de 1961, una Constitución hipócrita y demagógica

Si la Constitución de 1961 tiene un defecto principal, creo que éste es haberse convertido en un conjunto de promesas impagables. La buena intención de Punto Fijo, sumada a la expectativa de una suficiente renta petrolera y al hecho de estar convencido que ésta debía 'sembrarse' hizo de la Constitución del 61 una promesa irrealizable. Fundada en los principios de la justicia social y de reivindicación de los derechos sociales, se comprometió a cumplir lo incumplible. De allí salieron los enunciados y las promesas de la gratuidad de la educación, de la salud, el derecho a la vivienda, a la seguridad, etcétera, todo provisto por el padre benefactor del Estado y el petróleo. Estoy convencido de que el gran error de nuestra democracia no está en lo que hoy dice el Polo gubernamental, en esos 40 años de desperdicio democrático, de lo que luego nos ocuparemos, sino de poder constatar que lo prometido no se cumplió y que cuando hablamos de fracaso, no lo es de la democracia, sino del tipo de democracia socialista que se atrevió a prometer villas y castillos irrealizables a una población necesitada. Fuese por ingenuidad o por demagogia de los líderes de la democracia el resultado fue bueno en sus comienzos, para luego derrumbarse aparatosamente. Es evidente que este tipo de Constitución no se puede repetir y que la próxima no puede mantener el mismo error.

La Constitución que tengo en mente

Lo que se deduce, desde luego, es que la próxima Constitución habrá de ser 'más económica', en el sentido de que el conjunto de promesas que allí se hagan, si a alguien se le ocurre repetirlas o aumentarlas, ha de ser costeado por la misma sociedad, pues ya no existe renta petrolera, capaz de financiarla. De manera que tengan cuidado los venezolanos con lo que allí se prometa, porque, esta vez, lo van a pagar con más impuestos de sus bolsillos. Elevando mi argumento a un plano más abstracto quiero decir que esta nueva Constitución será más moderna, en tanto logre incorporar principios económicos que indiquen que las cosas, los bienes y servicios de una sociedad no pueden ser gratuitos.

Sigue, como consecuencia, que la Constitución nueva ha de ser muy precisa y, si se quiere, verdaderamente justa en la protección de las minorías y los más vulnerables a las crisis económicas, pero dándole un vuelco radical a los principios caritativistas que orientaron al Estado venezolano, creando toda una batería de principios que garanticen la igualdad de oportunidades para aquellos marginados del mercado y de la economía formal. En verdad aquí se inscribe uno de los grandes retos que debemos superar en la nueva Carta Magna.

En tercer lugar, veo un documento que sea bastante genérico, no una lista de regalos y peticiones del más pequeño interés. No podemos elaborar una Constitución reglamentaria, como si estuviéramos en el siglo XIII. Por lo contrario se trata de un conjunto de principios generales que rigen la sociedad y que deben tomar en cuenta nuestras peculiaridades económicas, políticas y sociales. Convencido estoy de que, si logramos algo cercano a esto, la nueva Carta Magna ha de ser muy duradera y eso es lo que tengo en mente. No estar de año en año convocando constituyentes.

El Universal Digital, 18 de junio de 1999