Constituyente quince y último

Gerardo Fernández

La mayoría de los venezolanos piensan que la Constituyente les va a resolver sus problemas fundamentales del día a día: desempleo, alto costo de la vida, vivienda, seguridad, salud y educación. Como ven, bajo esa óptica, por demás justificada y comprensible, lo que espera el venezolano es una Constituyente 'quince y último'. Una Constituyente que asuma la satisfacción de sus necesidades básicas y la buena gestión de los servicios públicos primarios.

El venezolano piensa eso porque la Constituyente, en un entorno de crisis social y económica, se ha convertido en una oferta electoral y se le ha presentado como un instrumento necesario para llevar a cabo una gestión gubernamental. Es la panacea a sus problemas y de no resultar así, todo sería un fraude. El remedio sería peor que la propia enfermedad.

La Constituyente es un cuerpo deliberante donde se van a discutir los grandes temas constitucionales, tales como democracia participativa, que se traducen en pensar sobre los sistemas electorales para elegir a nuestras autoridades, las posibilidades de consultar al pueblo sobre ciertos asuntos de interés nacional, sobre el rol de los partidos políticos y la administración encargada de llevar adelante los procesos electorales; se va a discutir sobre la forma de Estado, si queremos un estado federal o unitario, lo cual quiere decir que se establecerán reglas para profundizar o no nuestra descentralización y si los estados miembros de la federación deben tener más competencias y más recursos económicos; se discutirá sobre la forma en que vamos a organizar nuestro Poder Ejecutivo y nuestro Congreso y si queremos un primer ministro o un vicepresidente, cuánto dura el mandato del Presidente y cómo lo elegiremos, si lo podemos reelegir o no, si el Congreso debe tener una Cámara o dos Cámaras, cómo se va a controlar la gestión del gobierno y cómo se hace para que la ley se dicte más rápido; la Constituyente va a pensar sobre la forma en que se organizará la Corte Suprema de Justicia y cómo se elegirán los magistrados, cómo se va a asumir la administración de los tribunales y quién va a elegir o designar a los jueces y velar por su decoro y disciplina; la Asamblea Nacional Constituyente se tiene que dedicar a establecer las reglas bajo las cuales se inserta Venezuela en el mundo económico-comercial globalizado y en los procesos de integración regional y el grado de intervencionismo del Estado en la economía, los principios que rigen la materia tributaria, la propiedad y el libre comercio; asimismo, reflexionará sobre los derechos y deberes ciudadanos y sobre los métodos que utilizaremos en el país para el control y supervisión de la 'cosa pública'.

La Constituyente no puede resolver los problemas del día a día, de 'quince y último', porque esos problemas no son constitucionales ni pueden ser tratados en la Constitución. No puede resolver esos problemas porque la Constituyente se encarga de hacer una Constitución y transformar nuestras instituciones, no de gobernar o gestionar los hospitales o escuelas, o la policía o el Banco Central de Venezuela. La Constituyente no solucionará los problemas de 'quince y último', porque el hecho de decretar una nueva Constitución no significa que al día siguiente todo va a funcionar bien, que no van a existir ni corruptos ni ladrones y los hospitales serán eficientes y el dólar va a estar a cuatro treinta. El cambio en la Constitución no significa cambiar automáticamente los patrones culturales de la gente y hacernos más eficientes y organizados y modificar nuestra conducta ética y moral.

Lo mejor es dejar desde ya las cosas bien claras, para que esa Constituyente no se convierta en un verdadero fraude, cuando la gente no le vea el 'queso a la tostada'. Esta nueva Constitución que transformará las instituciones fundamentales de nuestro país, ojalá sea así, nos permitirá darle un nuevo aire a nuestra democracia y, si todo va bien, esos cambios institucionales pueden hacernos funcionar mejor como país. La Constituyente no resuelve de manera inmediata y por sí sola las cosas. Creo que así debemos entender nuestro proceso Constituyente y la labor que va a realizar la Asamblea, ya que de no ser así se podría crear un sentimiento de frustración y de decepción al no producirse de manera inmediata un cambio profundo en los asuntos de 'quince y último'. Como prueba de lo que estamos diciendo, debemos recordar que en Colombia, Ecuador y Perú, por nombrar sólo tres países, también hubo procesos constituyentes y como dijo aquel famoso filósofo, 'el que tenga oídos que oiga y el que tenga ojos que vea'.

El Universal Digital, 18 de junio de 1999