Las estatuas
Américo Martín
"Cuando el diablo está satisfecho, es un hombre razonable" (Jonhatan Swift)
¿Cuánto duraron las estatuas que la derretida adulación de su época erigió a Antonio Guzmán Blanco? Según Pío Gil, no apagaron las velas de su décimo aniversario. Menos aún se sostuvieron las de Stalin, si contamos a partir del "deshielo'' decretado por el Kremlin. Para no herir susceptibilidades nacionalistas, una se mantuvo sin embargo, en pie. Miraba al porvenir con semblante sereno y aire de conquistador... en grotesco contraste con los escombros del imperio demolido sin que sus ojos de bronce lo notaran.
No sé cuántas estatuas de Franco se levantan sobre sus pedestales, quizás varias dada la naturaleza pacífica de la transición hacia la democracia en España, pero en Madrid pude ver una sola. Un millón de españoles de ambos bandos cayeron al paso del Capitán General de las Canarias en su viaje guerrero que culminó entre Burgos y Madrid. La hermética dictadura entró en declive con el asesinato de Carrero Blanco, pero la despreciada democracia no permitió que se reanudará la orgía de sangre al ritmo de la revancha desatada.
Todo ese esfuerzo inútil de los facciosos, los odios estériles separando con sangre las dos mitades de España, para que el gran vencedor no conservara sino la solitaria estatua madrileña, más para la curiosidad de los turistas que para evocar falsos heroísmos.
Es muy difícil conservar las instituciones construidas por regímenes violentos y unipersonales. Se esmeró Tito en diseñar una sutil transición del suyo, basada en un gobierno colegiado y plurinacional. Ese hecho extraño, Yugoeslavia, debía su unidad al puño de hierro del mariscal, y se temía que con su muerte se reavivara la centrífuga destructiva. Tito bajó confiado a la tumba o al menos así lo hizo saber, una vez colocado en el poder el artificio de su imaginación, que habría de prolongar su obra y su memoria. ¿No pudo anticipar la volcánica desintegración de Yugoeslavia, que por cierto no ha concluido con la espantosa tragedia de Kosovo?
Prometieron revoluciones, ofrecieron Cruzadas, creyéronse protagonistas de empresas imperecederas, y por eso recibieron como afrenta al país, a la gesta, a la historia, las opiniones disidentes. Incapaces de resistirlas, terminaron aplastándolas. Poco después los aplastados serían ellos. Pero el precio de la recuperación de la democracia ha sido insoportablemente elevado. Como esos invertebrados que tantean cuidadosamente el ambiente antes de arriesgarse, las calumniadas democracias procuran con sencillez el espacio, restablecen sin verbos inflamados los fueron de la tolerancia y la civilización, lo que es una manera de salirse con la suya.
Máscaras al suelo
"Al establecer un gobierno para ser administrado por hombres sobre hombres -escribió James Madison en el Federalist- es preciso capacitar al gobierno para controlar a los gobernadores, y en segundo lugar, obligarlo a que se controle a sí mismo''.
Tal como lo había anunciado, el Presidente se ha lanzado a promover las candidaturas de su facción. Está violando expresamente la ley del sufragio y lo sabe, pero apela a las pulsiones más primarias y lleva el asunto al terreno del "hombre a hombre''. Infrinjo la ley -dice- ¿Y qué? Métanme preso si se atreven y pueden, exclama, protegido por su guardia pretoriana. Siendo Presidente, su función privativa consiste en hacer cumplir la ley, no en violarla. Siendo Primer Magistrado se obliga a ser un modelo de respeto al orden jurídico, precisamente para que otros sigan su ejemplo.
En el día a día Chávez se inclina a desdeñar estos valores esenciales seguramente porque le parecen formalidades indignas de su visión táctica, de su condición de fenómeno telúrico, y en estos aspectos deja atrás a gente que promovió revoluciones en lugar de limitarse a anunciarlas. El saldo de esas revoluciones terminó siendo lamentable y los países que las soportaron se encuentran en lugares poco envidiables, pero cuando menos líderes como el bolchevique Nicolás Bujarin y Fidel Castro, entendieron bien eso de ser modelos para inducir conductas colectivas. Bujarin, por ejemplo, dejó el cigarrillo y mucho después Castro su famoso tabaco, a solicitud de las juventudes y pioneros comunistas de ambos países, embarcados como estaban en campañas por la reducción del tabaquismo, tal vez para que no se incendiaran las mordazas.
La obsesión de nuestro Presidente -que lo lleva a saltar sobre la ley- se resume en tres palabras: ganar la Constituyente. Ganarla a como dé lugar, declararla "originaria'' posiblemente para acabar con los contrapesos institucionales y las opiniones disidentes. Pero durante un tiempo, Chávez se ha mantenido a la vera del Rubicón, cuidándose de cruzarlo. Por eso, muchos se dieron a demostrar que se sacaría provecho leyendo al hombre "entre líneas''. "Tiene un estilo original -farfullaron- y las nuevas ideas siempre provocan resistencias''. "Es un estilo sano -insistieron- en medio de tanta hipocresía, porque es franco y hemos perdido la costumbre de hablar sin circunloquios''. Estos sofocados intérpretes, hábiles sacándole punta a una bola de billar, han auspiciado de buena fe la pauta de no molestar al Presidente, no criticarlo demasiado, no vaya a ser que se canse del juego democrático y todos salgamos perdiendo. "El Presidente no ha violado la ley, dado que la campaña oficial no ha comenzado'', arguyeron. "Claro que él puede intervenir en la promoción de la Constituyente, al fin y al cabo su obra, pero estamos seguros de que no postulará candidatos ni mucho menos utilizará recursos del Estado''. "¿Cómo cree -se preguntan- que quien ha luchado contra el peculado pueda incurrir en algo semejante?''.
¿Dónde estarán estos buenos glosistas, ahora que el Presidente transporta a sus candidatos en aviones del Estado, los respalda en espacios del canal 8, y les pide a los niños que convenzan a sus padres de votar por las boinas rojas? De valerse de los hijos para inducir a sus padres, habló por cierto con lujo de detalles George Orwell en su sombría novela "1984''. Las máscaras caen, como es habitual, y los otros guardan silencio.
Asumamos el reto
Pero no le hace. Chávez viola la ley y se ufana de que no hay quien pueda aplicarle sanciones. Está disfrutando del poder, se siente superior a nosotros porque a él no le viene el principio de la primacía legal, sino cuando, satisfecho y de buen humor, lo permite. En tanto que los demás seguimos supeditados a un orden jurídico coactivo, que es de la esencia del Estado de Derecho. En realidad el Presidente, como ocurre en cualquier país civilizado, está tan sometido al orden legal al igual que cualquier ciudadano. Pero Venezuela no es exactamente en este tiempo el paradigma de la civilización.
Asumamos entonces el reto sin añadirle ni quitarle nada. Participemos en estas elecciones con el fin de ganarlas, condición infaltable para garantizar el pluralismo, la diversidad democrática, las garantías. Y en definitiva, para darnos una Constitución, la mejor posible, con el aporte de unos y otros. ¿Ganar las elecciones pese al ventajismo oficial? Diría que se puede ganar, entre otras cosas, como reacción contra el ventajismo. Nadie dejará de percibir el nerviosismo en las filas oficiales; disparates como el de acusar a la Corte de dejarse presionar por la oposición en el asunto de los símbolos, en el mismo instante en que ofrece seguridades "jurídicas'' a los inversionistas. ¿Cuáles, si el máximo tribunal cede a las presiones que, como de costumbre sin indicios ni pruebas, revela nada menos que el Presidente?
Se comprende que la inquietud de uno cante las posibilidades del otro. Estando así las cosas ¿puede alguien quedarse en casa el próximo 25 de julio?
(*) Abogado
amermart@yahoo.com