Las dos mitades
Diego Bautista Urbaneja
Mi padre decía que 'el venezolano piensa hasta la mitad. A veces la sociedad es el reflejo en grande de lo que pasa en las almas individuales. Hoy por hoy, por debajo de las controversias en torno a Chávez, y de las posiciones intermedias que puedan apreciarse, el país experimenta una división de mayor profundidad, de carácter anímico, psicológico, intelectual, que lo parte en dos mitades.
Dos países que se dibujan y se separan, cada uno con su propio tono, con su propia manera de ver el país y su historia, con su propia manera de construir razones y sacar conclusiones. Dos países divergentes que, si siguen la línea que hasta ahora van trazando, se entenderán cada vez menos.
Uno de ellos es el país que se siente expresado por Chávez, mejor que por cualquier otra cosa. Un país de ruptura, de fractura. Reacio al matiz y las distinciones. Que quiere hacer tabla rasa del pasado o, mejor dicho, que cree que el pasado es una tabla rasa, que no hay en él nada que valga la pena rescatar, o de lo que se pueda partir.
Un país en el que salen a flote impulsos soterrados que se habían quedado sin palabras, inhibidos por el predominio de un discurso modernizante, muy racional, que predomina en las élites, pero que ahora sienten que las han vuelto a encontrar, gracias a Chávez. Capas del alma colectiva donde se agita un nacionalismo romántico igualitarista tercermundista. La constelación neruda-martí-zamora-garcíamárquez-sandino-zapata-cheguevara-allende-galeano-fidel-torrijos-gaitán... donde cada eslabón no conserva de su propia riqueza sino aquello que le permite conectarse con la cadena. To'esavainaestásaliendodopa'fuera.
El otro país es el que habla el lenguaje que expresa el pensamiento económico, político, social, de mayor avance. Un discurso ilustrado, positivo, que plantea sólo reconociendo lo logrado y desarrollando las cosas positivas ya en marcha, podrán añadirse otras hasta ahora frustradas. Aunque en mucho elaborado en casa, este discurso tiende a usar los conceptos y teorías propias de los centros intelectuales de mayor prestigio y de los organismos multilaterales, lo cual configura un lenguaje muy distante del de la constelación que orienta al otro país. Tiende a ser crítico de Chávez, al que evalúa comparando lo que hace y dice con lo que debería hacerse y decirse, según lo que indica el estado actual de aquellas disciplinas, tal como se cultivan en aquellos centros.
Este divorcio interior es el que crece, por debajo de las diatribas de la superficie, y sirviéndoles como telón de fondo, a ellas y a los esfuerzos por disimularlo.
Cada vez es más difícil que un país oiga de verdad al otro, entienda al otro. Las condiciones del diálogo son cada vez más frágiles, y las palabras comunes, con significados comunes, son cada vez más escasas.
Volvamos a la frase de 'El Fraile' Urbaneja, con la que iniciamos este artículo. Esta vez este pensar hasta la mitad se expresa ya no en cada individuo, sino al nivel del país todo. La frase tiene ahora un terrible trasfondo político y social. Ya no se trata de cada venezolano individual. Ahora son dos países, las dos mitades de un país, pensando cada cual su propia mitad. Dos mitades que se quieren derrotar la una a la otra. A estos efectos no tiene importancia que alguna de ellas sea, numéricamente hablando, mayor que la otra.
No es posible que el país avance sobre la base de que una de sus mitades derrote a la otra. No esas dos. Uno de los objetivos de esa nueva alternativa política que hay que construir es la de cancelar el abismo que separa lo que de verdad hay en cada una de esas dos mitades, para construir con ello esa verdad nacional que entre ambas constituyen.
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El Universal Digital, 17 de junio de 1999