Desde el Puente
Candidato a la Constituyente
Oswaldo Alvarez Paz
La semana pasada fue inscrita mi candidatura a la Asamblea Constituyente. Algunos amigos me plantearon hacerlo por el Estado Zulia y concentrar recursos y trabajos en la región natal. Lo hice nacionalmente por varias razones. La primera es que esta campaña ofrece una excelente oportunidad, a pesar de su corta duración y de las limitaciones existentes, para recorrer al país utilizando al máximo las tribunas disponibles en la prédica sobre la verdadera naturaleza de los propósitos que nos animan. La segunda tiene que ver con la larga lucha que hemos sostenido antes y después de ser candidato presidencial en 1993 en todo el país. Y, la tercera, porque Venezuela entera sabe que donde quiera que me pare, sean cuales sean las circunstancias y el origen del mandato electoral, jamás abandonaré la responsabilidad de ser un zuliano integral comprometido hasta el infinito con la tierra que me vio nacer y con su gente. Ademas, pienso que los zulianos hemos estado demasiado tiempo cerrados sobre nosotros mismos. Es tiempo de abrir los ojos, ampliar el horizonte y mirar a Venezuela y al mundo como tranquero de nuestros sueños y posibilidades.
Espero que para hoy esté resuelto el problema del financiamiento de la elección prevista para el próximo 25 de julio. Dije en el momento de la inscripción que sería lamentable que tuvieran que suspenderse o diferirse por falta de recursos. Es increíble que, para el momento de escribir esta nota, existan incertidumbres graves en relación al tema. Pero hasta el lunes, el dinero para imprimir los tarjetones seguía sin aparecer. La responsabilidad es totalmente del Gobierno. No hay excusa que valga. No puede endosarla ni al Congreso ni al Consejo Nacional Electoral. Es posible que se trate de impericia o falta de conocimientos en relación a los procedimientos administrativos para los créditos adicionales o las transferencias de partidas por parte de los funcionarios gubernamentales, lo cual sería insólito a estas alturas del juego. Pero hay quienes piensan maliciosamente, sin duda, que detrás de todo este retraso hay una treta del Polo Patriótico para ganar un tiempo que necesita desesperadamente. Están mal. Muchos de sus candidatos regionales y nacionales no son conocidos suficientemente, proyectan liderazgos débiles y los dramáticos problemas internos que padecen les impiden entrar en campaña con convicción y eficiencia. Necesitan cohesionarse más, imponer, por las buenas o por las malas, el liderazgo personal de Chávez, y hay quienes llegan a pensar que presionan ante la Corte para que anule la decisión del Consejo Nacional Electoral y poder usar los símbolos partidistas en el tarjetón, prohibidos terminantemente. Me resisto a creer que esto sea cierto, pero extraña que si la Constituyente es el objetivo número uno del Gobierno y tiene la importancia que el Presidente le ha dado, vengan del sector gubernamental obstáculos que mantienen el tiempo nublado sobre el proceso. Disipar las dudas es tarea urgente.
Presenté mi nombre por iniciativa personal. No me está postulando ningún partido, ni grupo organizado de electores, ni organización alguna de la sociedad civil. El soporte es de quienes en muy corto tiempo firmaron la postulación. Hay allí una buena muestra de la Venezuela votante. Allí están representados los copeyanos de ayer y de siempre que aún confían en mí, militantes y amigos de otras organización políticas. También muchos que votaron por Hugo Chávez en las pasadas elecciones, pero que no se han dejado confiscar la voluntad por los partidos del Gobierno. Mi presencia en la Asamblea Nacional Constituyente aspira a darle a Venezuela un punto de referencia efectivo a todos aquellos que creen en la dignidad de la persona humana; en la necesidad de fortalecer la familia como célula fundamental de la República; en la perfectibilidad de la sociedad civil; en la solidaridad como instrumento de la justicia social para alcanzar el bien común; en que este país sea verdaderamente democrático, federal, descentralizado, participativo, integrado por estados y municipios autonómicos de tres poderes; en una economía basada en la libertad de trabajo y en la libre empresa, en el mercado y la competencia; en fin, quiero ser la voz de la Venezuela que estudia y trabaja, que sufre en silencio la falta de oportunidades, que afronta dignamente las dificultades del presente y rechaza con todas sus fuerzas a los mensajeros del odio y del rencor, del oportunismo, del miedo y de las corruptelas que aún se mantienen.
oalvarez@telcel.net.ve
El Universal Digital, 17 de junio de 1999