De sueños y utopías... En el umbral del siglo XXI

Nelson Chitty La Roche

"Mañana es la disculpa falaz de las voluntades moribundas'' (José Ingenieros)

¿Somos realmente libres? En este mundo postmoderno y desencantado los temas del espíritu parecieran haber perdido significación. La libertad es una constatación ligera a la cual no se le presta importancia. Nos hemos acostumbrado a vivir libres y en democracia, pero buena parte de la humanidad no lo aprecia. En Venezuela democracia y libertad son sinónimos y el común confunde estos conceptos. La economía domina. Los números y la velocidad con que se asumen los intercambios acaparan todo. A ello hay que acotar la enorme burbuja de la economía financiera que ha hecho de las promesas y expectativas la economía misma. El índice norteamericano sobre el que se basa el negocio bursátil es un parámetro ajustado a la confianza de la sociedad en la capacidad productiva. Recuerdo un excelente trabajo del compatriota Axel Capriles y relativo al dinero y a su ontología. Creer es tan valioso como tener, y si bien la situación japonesa mueve a preocupación la reacción asiática toda sorprende y convence sobre las virtudes del sistema. Una crisis anunciada como grave y duradera para echar sombras en el proceso de crecimiento económico y democratización de Asia, evaluada como una crisis que afectaría al mundo está superándose tan sorprendentemente como arribó. Pero esa extraña empatía entre el descarnado y pragmático mundo de las finanzas y la confianza, pasa ligera como la brisa veraniega frente al complejo y paradójicamente desnudo drama de la soledad interior que avanza indetenible fracturando a la sociedad civil, a la sociedad política y a la llamada espiritualidad. El individualismo es veraz, real, cierto. El desagregamiento social lo acompaña. El espíritu público vacila y el espíritu colectivo es simplemente puesto a un lado. La libertad que la Revolución Francesa nos enseñó a apreciar como el más importante de los bienes colectivos, más importante inclusive que el derecho de propiedad que alguna interpretación comprende como otro ejercicio de libertad, se reduce hoy en día, a cada cual. El proyecto colectivo de libertad se pierde en el ideal individual que permite al individuo autoimaginarse o pretende peor aún hacerlo en detrimento de la sociedad y de los valores del colectivo.

¿Dónde yacen los bienes del espíritu? ¿Qué produce la sociedad para su consumo moral? ¿Cuáles productos idearios son ofrecidos en el mercado de la personalidad, al fin y al comienzo del milenio? Paralelamente se evidencia una gran confusión entre la ética y la política. Las instituciones se deslegitiman y la sociedad se despolitiza y a pesar del claro diagnóstico, se insiste en llamar éticos los problemas de la sociedad y en absurdamente satanizar a la política. Como bien enseña Savater; lo ético es personal, individual, actual, y lo político es del colectivo, de la filosofía de la sociedad misma, del conjunto, del elenco que integramos. Es lo estratégico en el orden temporal. Viene a mi memoria una cita de Pericles que es una joya por sí sola. "De quien se desinteresa de la política no decimos que es alguien que se ocupa de sus asuntos; decimos de él que no tiene, en absoluto, asunto alguno entre nosotros".

Estas reflexiones que anteceden son sorprendentemente comunes a los venezolanos, a los españoles, a los franceses. A los europeos se les despertó el ideal europeo. Ya no les quedaba nada ni la libertad ni el Estado-Nación. No es que hubieran perdido sus libertades, por el contrario, las conquistaron y luego las banalizaron. Salvo "Europa'', no logró encontrar ningún otro avío para la travesía del nuevo milenio. A nosotros se nos extravió el ciudadano y se nos manipula con un proyecto nacional llamado resultas de la Asamblea Constituyente, tan sofístico como mencionar la democracia que a punta de legitimidades prescinde paulatinamente de su legalidad. Evoco a Burdeau y: "La libertad sólo es posible en el orden...".

Que se trate de Orwel y su Big Brother, o de Octavio Paz y su Ogro filantrópico, o de Ralph Miliband y su monstruo y la sociedad capitalista, se atribuye al Estado un rol despersonalizador que ineluctablemente, deletéreamente, conduce a marginar al individuo de la sociedad, ya por ésta que cede su dinámica y la contamina, ya por el mismo individuo que la abandona quejumbroso y se enajena de ella, que no le interpreta o le realiza en sus mejores afanes.

El Estado se convertiría en la amenaza de la libertad, pero en la realidad, la libertad padece otra opresión, la del egoísmo exacerbado que no entiende que la libertad de varios no es lo mismo que la libertad de todos. Que mi libertad sólo es posible en nuestra libertad. La campana suena igual en este tiempo en que dormimos negándonos a soñar. En que despertamos sin recordar o comprometer nuestro espíritu en otra aventura que el materialismo. En que hemos perdido la esperanza y se nos confisca peligrosamente las ilusiones del alma. En resumen, ya no hay apuestas del espíritu. Sólo confiamos en el esoterismo financiero. Asumimos la libertad y la democracia como el acto reducido personal e íntimo de nuestras decisiones que no de aquellas que hemos de compartir con otros.

El Estado como institución siempre se le ha creído amenazado, pero desde Bodino y Maquiavelo sobrevive y con creces. Es más, luce verdaderamente estable, aún tomando en cuenta al continente africano desde donde han venido y vendrán constantes agresiones, fruto de las torpezas y de las estupideces de la colonización y de la descolonización. El nacionalismo duerme y despierta y en su pretensión luce alcanzado de obsolecencia pero... ahí están los Balcanes para recordarle a Fukuyama que la historia es la humanidad misma.

A veces siento que teníamos más utopías y que nos hace falta volverlas a tener. Que el pragmatismo abruma y el cambio no nos conquista e incorpora sino que nos avasalla y subyaga. El milenio concluye y empieza el milenio y quiero ver volver errático y acertado al mismo tiempo al pájaro libérrimo de mi imaginación.

Jefe de la fracción parlamentaria de Copei
nelsonchitty@compuserve.com