Diálogo y Confrontación
La Nueva Constitución y los Cogollos
Domingo Alfonso Bacalao
Los grandes maestros del Derecho Constitucional han venido sosteniendo que el éxito y la efectividad de una Constitución no depende de ella misma, sino de numerosos factores extraconstitucionales -políticos, económicos, partidistas- que pueden, en un momento determinado, desnaturalizarla, anularla o deslegitimarla con su acción permanente y sostenida que incide sobre la vigencia de sus normas, descalificándolas ante los ojos de la colectividad, que va perdiendo en ella su confianza, su fe y su credibilidad, convirtiéndola en un documento sin vida, nominal, formal, sin autenticidad y arraigo en la opinión de la gente. Tal cosa ha venido sucediendo con la Constitución de 1961, desacreditada hasta el extremo por el estamento político nacional, o con más precisión por los cogollos, por los intereses partidocráticos en todos los niveles, que hicieron de ella un Texto inservible, sustituida por factores de hecho que han gobernado el país al margen de sus normas en medio de grandes corruptelas, complicidades e impunidades. La redacción de la nueva Constitución que surja de la Asamblea Nacional Constituyente tiene que tener muy en cuenta estas lamentables circunstancias, para que dicho Texto se desarrolle en un clima moral, político, institucional, social y económico diferente que permita la vigencia y efectividad de sus normas y principios movidos por una voluntad política capaz de asegurar su positividad. Una Carta Magna puede ser muy democrática en teoría y estar blindada en su conjunto por garantías y mecanismos que establezcan una amplia participación democrática del pueblo -los referéndums, por ejemplo- pero si los cogollos se empeñan en seguir actuando en nombre de la comunidad, cercenarán sus lineamientos y su buena voluntad, creando un cerco que impedirá que la verdadera democracia alcance forma y contenido, repitiéndose lo que un gran filósofo sostuvo hace mucho años, que el drama de las democracias consiste en que ellas mismas no han podido realizar la democracia.
De manera pues, que los cogollos han sido un factor extraconstitucional que ha viciado y vaciado el sistema político venezolano, y ojalá que nuevos cogollos no vayan a causar en el futuro, los mismos estragos en el nuevo orden jurídico que se pretende instaurar. Una amplia cultura política de participación, de civismo, de educación ciudadana, de respeto a los valores fundamentales de la persona humana es indispensable para crear el ámbito cívico que sustente y soporte la vigencia real de una auténtica democracia. La acción política debe ser un apostolado, una entrega al servicio del bien común, un ejercicio de dignidad, civismo y moral, en el marco de la comunidad de los hombres. Hemos sido desde hace ya muchos años críticos racionales de la Constitución actual, e impugnadores firmes del clima político, institucional y ético, que bajo su supuesta vigencia y bajo el amparo de su normatividad, ha pervertido la vida política nacional. Los poderes constituidos -Ejecutivo, Legislativo y Judicial- crearon su propia legalidad, poniendo al margen de sus ejecutoras a la propia Carta, que según la pirámide kelseniana, constituye el fundamento y la base de su juridicidad. Ellos son los culpables del desprestigio de la Constitución. No obstante debemos anotar que la lucha contra esta clase de patologías políticas debe continuar sin treguas. Los nuevos cogollos que logren surgir pueden anular y viciar nuevamente el Texto más perfecto que emerja de las deliberaciones de la Constituyente. Por ello lo importante es construir un verdadero ambiente democrático y participativo que dignificando y respetando al ciudadano, nos garantice instituciones libres y sólidas.