Arde el petróleo
Jesús Sanoja Hernández
"En los campamentos petroleros está cundiendo la angustia. Los trabajadores despedidos se cuentan ya por millares (...) Todos los días, empresas y contratistas lanzan a las calles contingentes humanos. El plan abarca a la nación entera, desde las orillas del Lago de Maracaibo, hasta las llanuras de Monagas". ¿Acaso éste es comentario publicado en los últimos días en la prensa del Zulia o de la región oriental petrolera? No. Hay que retroceder a marzo de 1960, buscar ejemplares de La Esfera y tropezar con lo que entonces escribió Domingo Alberto Rangel acerca de "la significación de los despidos petroleros". Algo le costó aquel "deslinde de posiciones" con su partido. Fue llevado al tribunal disciplinario, al insistir críticamente en el tema en El Nacional, pues estimaba, entre otras cosas, que la estabilidad en el trabajo estaba en serísimo peligro.
Desde entonces, y puede que me equivoque, el sector laboral petrolero dejó de ser "la vanguardia del proletariado" y los paros y huelgas se fueron desplazando, desde fines de los años 60, hacia las clases medias y los gremios, por ejemplo, los maestros, los médicos, los profesores universitarios y hasta los productores agropecuarios. Diez años antes de los artículos de Rangel, coincidentes en sus apreciaciones con las del Partido Comunista, había estallado la huelga petrolera de mayo de 1950, dirigida por los líderes sindicales de AD y PCV, con duras consecuencias para los comunistas, cuyo diario, Tribuna Popular, fue cerrado indefinidamente (casi nada, hasta 1958) y su secretario general encarcelado por igual tiempo.
De que el proletariado petrolero fue la vanguardia en las luchas sociales, no cabe la menor duda. Entre diciembre de 1936 y enero de 1937 se mantuvo en huelga en el Zulia, ya con varios sindicatos organizados y con un vocero periodístico como Petróleo, que combinó ágilmente ideología con agitación. Y hasta en 1925, cuando todo era embrionario y espontáneo, había ido a conflicto bajo la conducción del margariteño Malavé.
Ni siquiera en los días del nacimiento del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), y ni qué decir en 1950 o 1936 y muchísimo menos en 1925, existía Pdvsa. Lo que José Luis Cordeiro llama el "petro-Estado (...con materia prima pero sin materia gris"), no lo era entonces tan definido como ahora. Había una relación entre él y las compañías extranjeras donde cada una de las partes buscaba sacar la mejor tajada, temporalmente rota en 1976, al entrar en acción Petroven (luego Pdvsa). Y escribo "temporalmente" porque es sabido que a mitad del actual decenio vino el reingreso de antiguas empresas y el ingreso de nuevas y de distinta nacionalidad a la de aquella pareja que integraban Estados Unidos e Inglaterra.
Cuando Pérez I hizo el balance de su quinquenio (20 de febrero de 1979), alabó la ingente labor del "rescate del Lago de Maracaibo", cuyo futuro sería el de más y más contaminación. No se refirió entonces al enfrentamiento alguno de Pdvsa con sus trabajadores, o a la inversa, sino a los líos de la CANTV, cuyo contrato colectivo era "el más importante que haya suscrito un sector de trabajadores en el país". CAP cuestionaba el altísimo costo, "algo increíble", de las reivindicaciones exigidas por el sector laboral.
Con la apertura petrolera, pues "el proletariado", sindicalizado y activo, o sindicalizado y cesante, comenzó a actuar en dos frentes: uno el del Estado (Pdvsa) y otro el de las empresas y contratistas, representantes del sector privado transnacional y nacional. Y por lo mismo las controversias y choques comenzaron a aflorar una vez que la recesión frenó el entusiasmo de Pdvsa, que anduvo en "giustificados" planes de expansión, y de los beneficiarios de la apertura, que sin pensarlo dos veces limitaron inversiones, cerraron campos y despidieron obreros y empleados.
Así las cosas, la primera quincena de febrero trajo perturbaciones y disturbios en el oriente y el occidente petroleros. Mientras Pdvsa suspendía su asamblea una y otra vez y el presidente Chávez concluía su gira por Estados Unidos, los trabajadores desempolvaban el contrato para exigir aumento salarial a tenor del artículo 55 y, como preveían posición dura por parte del Gobierno, anunciaron paro general para el lunes 14, antes que despuntara el sol. Y cuando regresó el jefe de Estado, éste, siempre con lenguaje de guerrero, declaró que él batallaría según el escenario que se le presentara. Aprobó un leve aumento y el asunto pareció perder conflictividad hasta nuevo aviso.
Por otro lado, luego de semanas de graves incidentes, las empresas Petrozuata, Sincor, Cerro Negro y Fertinitro decidieron el martes 15, a escasas 24 horas de la concertación Pdvsa-sindicatos, paralizar sus operaciones en el condominio de Jose. Quedaron -según información de diarios orientales- 10 mil trabajadores en zona de peligro. Por ahora, nada de euforia.
El Nacional On Line, 18 de junio de 1999