Ya pasó el Referendo y Ahora...?
Iván Vásquez Táriba
Ya la "constituyente" pasó su primera prueba: el referéndum o referendo. Sobre éste se habló y se dijeron muchas cosas acerca de su legitimidad por la abstención que hubo en ese momento. La opinión expresada por los que participaron con su voto en las urnas electorales constituye lo que se llama "la voluntad general" del pueblo, que en el lenguaje político se traduce como la fuerza legitimadora del resultado del acto comicial y esta opinión surgida de los votos escrutados resulta obligante para todos, de manera que ahora hay que continuar el ciclo; Rousseau dijo que "La opinión, reina del mundo, no está sujeta al poder de los reyes (del soberano), ellos son sus propios esclavos", de manera que no hay marcha atrás.
Ya el referendo quedó atrás y el sí emitido en dicha votación determinó el fin del primer paso, sin que en nada influyera la abstención de un grupo mayoritario de ciudadanos que ahora tienen que soportar esta primera decisión. Es la hora de la participación ciudadana para en este segundo paso elegir a los constituyentes, que deben ser personas de suficiente calidad moral, humana, social y profesional, como la mejor vía para lograr los avances que se quieren en la nueva Constitución.
No participar en este segundo paso significa el tener que soportar la decisión de los
que sí vayan a votar en esta oportunidad y hay que estar muy pendientes de quiénes son
los candidatos que se han postulado para lograr esta calidad mencionada.
Los constituyentes que resulten elegidos integrarán la Asamblea Constituyente cuya
misión fundamental es dotar al país de una nueva Constitución. Aquí el otro factor
Importante es la autonomía de las discusiones que se han de llevar a cabo para determinar
el contenido de esta nueva Carta Magna, que es la que va a sentar las bases para que esa
opinión pública nacida del seno de la Asamblea Constituyente, tenga "legitimación
democrática", porque lleva el sello de la participación mayoritaria de los
ciudadanos. De este órgano de discusión colectiva donde se entrelazan distintos
criterios y círculos polémicos y con la autoridad que nace de su decisión por el voto
de esa mayoría organizada de libre discusión, veremos surgir toda una normativa
reguladora del Estado y sus instituciones, que será la base del nuevo sistema que esta
revolución conlleva y que deberá estar enmarcada dentro del concepto democrático; esto
es importante mencionarlo porque es la garantía de libertad que debe ser la esencia misma
de la nueva Constitución, porque es la imagen que el país debe mantener y debe irradiar
para el mundo que así nos percibe; este es el mensaje central que debe emanar de esta
Asamblea Constituyente.
Esta oportunidad no es buena para los simples espectadores y comentaristas boca-oreja como vecinos de un teatro, hay que ser entes activos en este gran escenario de las urnas electorales, para que sean escogidos los mejores ciudadanos como constituyentistas, porque ese material humano considerado el mejor, es el que va a permitir un producto de calidad: la nueva Constitución de la República.
Ahora es el momento de tener como objetivo fundamental la dotación del país con una Constitución moderna, sin egoísmos ni ventajismos de ninguna naturaleza, porque lo que está en juego es la supervivencia de Venezuela como país, y la de sus hijos, y los hijos y nietos de éstos como personas que más temprano que tarde tomarán las riendas del país que ahora estructuramos; no es la hora de zancadillas porque estamos haciendo historia patria, y debemos hacer historia de libertad y derechos del hombre y del ciudadano; tenemos que ayudar al país desde nuestras propias trincheras para poder lograr la mejor Constitución de estos tiempos, porque todo ha cambiado y esta realidad hay que enfrentarla como un todo, como una sociedad integral llena de esperanzas, por esto nos queda decir ¿y ahora qué? Los venezolanos tenemos la palabra.
El número de constituyentes es limitado y por ello hay que insistir en la calidad; lo ideal sería que todos los ciudadanos pudieran participar en una asamblea abierta, como en la antigua Grecia de Pericles, y emitir directamente su voto, pero esto no es posible porque ya pasó esa época, todo cambió y no pueden actuar así todos los venezolanos porque no sería práctico y más bien entorpecería tan importante labor.
Los dados están echados y ahora hay que participar, porque no podemos quedarnos en casa y aumentar la abstención, para luego discutir y decir que el resultado no es legítimo porque hubo mucha abstención, sin darnos cuenta de que tenemos que conformarnos con el resultado de esta votación en este segundo paso; esta vez no podemos quedarnos viendo el jardín desde la ventana para ver si la grama y las flores crecen, tenemos que alimentar y cuidar ese jardín para que las flores sean de calidad; no se puede esperar que otros decidan la suerte del país y de sus habitantes y de nuestros descendientes; ante esta realidad del "Alia jacta est" (la suerte está echada), de los emperadores romanos, no queda otro camino que participar para una mejor escogencia de los constituyentes y que para que no caigamos en los cuentos de las "mil y unas noches" con todos sus matices y colores, que sólo desgastan y nada resuelven.
El Carabobeño, 17 de junio de 1999