El cambio imprescindible
Santiago Ochoa Antich
Comparto la preocupación de numerosos venezolanos en torno al futuro del país. Si al desempleo, 17 por ciento de la población laboral y el subempleo, rayando en el 50 por ciento, se añaden los empleados públicos, otro 17 por ciento, debemos concluir que sólo un 16 por ciento de la fuerza laboral se encuentra inmersa en el proceso de formación de riqueza. De este 16 por ciento, quizás 11 por ciento son empleados y obreros, quedando solamente 5 por ciento en el proceso verdadero de invertir.
Se ha dicho que desde 1976, el país ha recibido la bicoca de 280 mil millones de dólares de renta petrolera. Pero a esa cantidad debemos restarle lo pagado hasta ahora por servicio de la deuda externa, cantidad que debe andar por los 100 mil millones de dólares. Asimismo, debemos deducir lo que se ha ido del país por concepto de fuga de capitales que dicen ronda otros 100 mil millones. Nos han quedado, pues, 80 mil millones de dólares o sea 4 mil millones de dólares anuales en 20 años. Este ingreso comenzó siendo una cifra muy grande y ha ido disminuyendo con el correr del tiempo. Para que el promedio sea de 4 mil millones de dólares, hoy ese ingreso debe ser muy, pero muy bajo.
Si esos 200 mil millones de dólares no se hubieran marchado al exterior, otro gallo cantaría. Invertidos en Venezuela durante 20 años, junto con lo que tenemos, hubieran resultado en un PIB hoy día de no menos de 500 mil millones de dólares y en uno per cápita cercano a los 25.000 dólares (paridad de compra). Seríamos distintos al resto de la América Latina.
El problema reside en la forma en que se hacen aquí las cosas. Basten unos ejemplos. Canadá cuenta con el mejor sistema del mundo en cuanto a seguridad social se refiere. El subsistema de salud le cuesta a Canadá 9,5 por ciento del PIB. Lo administra una fundación pública sin fines de lucro, pero los hospitales se manejan privadamente. La atención médica a los asegurados los paga la administradora a los hospitales de acuerdo con una tabla de gastos prenegociada. Aquí en Venezuela se va a proceder al revés. La administración del seguro, lo más fácil, es decir, recoger el dinero y pagar, se va a dejar en manos de administradoras privadas, que cobrarán un porcentaje de acuerdo con la cantidad que recolecten. Los hospitales, cuya administración es la más complicada y donde mayor desperdicio puede haber, continuarán públicos, con la complicación de que ahora serán estatales o municipales. Lo que se quiere es, pues, enriquecer a unos cuantos a costa de muchos.
El Estado noruego es propietario del 51 por ciento de una empresa, Norsk Hydro, que se ocupa de la producción petrolera, la generación de electricidad, la fabricación de aluminio y la cría de salmón. Compite en la subasta por la empresa venezolana de aluminio. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo en nuestro país? ¡Ah, no! Aquí es imposible desnacionalizar ni siquiera una pequeña parte de PDVSA para pagar la deuda y liberarnos del servicio.
En Austria, las empresas industriales públicas forman un "holding". Está formado por la petrolera (refinación para uso doméstico), las fábricas de acero y aluminio, las empresas de agua y las eléctricas, incluyendo producción hidroeléctrica, transmisión y distribución. Aquí procedemos también al revés. Lo fácil, la distribución de la electricidad se le vende al sector privado, dejando lo costoso, la construcción de las grandes centrales, en manos del Poder Público. Otro caso es el transporte urbano de personas.. En Europa es un monopolio municipal que incluye metro, tranvía y autobuses. Porque al igual que el agua y la electricidad son servicios públicos, y no grandes negociados. Aquí lo caro, el Metro, es público. Los buses urbanos son privados y subsidiados.
Sin libertad no se puede vivir y sin libertad económica resulta imposible desarrollarse. Pero libertad económica implica invención e innovación. Un sector privado que no inventa ni innova se transforma en parásito. Para que un Estado se desarrolle se requiere, además, un concierto en la planificación de las actividades de los sectores público y privado. Tal concierto necesita de continuidad administrativa. De ahí que sea tan importante la carrera para quienes se desempeñan en la administración pública, pues son esos funcionarios los que pueden asegurar aquella continuidad de objetivos y trabajo. Los políticos pasan, los funcionarios permanecen.