Las riquezas no se distribuyen

Las riquezas no se distribuyen: se crean y se multiplican mediante el trabajo. Por esta razón es que no creo en 'la distribución de las riquezas'

Carolina Jaimes Branger

Si repartiéramos las riquezas y los bienes de todos los venezolanos por igual, en tres meses los que no quieren trabajar serían pobres. En cinco años, los que no le temen al trabajo, serían ricos.

El artículo de Tomás Polanco Alcántara: Defender la democracia ( El Universal, )25 de junio de 1999), me trajo a la memoria una anécdota que he contado muchas veces en privado:

Una amiga, cuyo hijo contaba para el momento unos ocho años, fue citada por la maestra. En la reunión, la maestra la puso en autos de que el niño no había cumplido el setenta por ciento de los objetivos del lapso, lo que lo colocaba en situación de repetir el año. Cuando regresó a su casa, mi amiga, le contó a su hijo lo que le había dicho la maestra. El niño, realmente compungido, le contestó: 'Mami, yo de verdad te juro que no sé por qué no he cumplido los objetivos. Fíjate, cuando a mí se me cae una pestaña, y pido un deseo, lo que pido es cumplir los objetivos. A las estrellas fugaces que he visto les he pedido cumplir los objetivos. Y cada vez que parto el huesito del pollo, lo que pido es cumplir los objetivos... ¿es que no es suficiente?'

En esta anécdota está retratado el pueblo venezolano. Aquí queremos obtener todo con el mínimo esfuerzo: las pestañas, las estrellas fugaces, los huesitos del pollo, y lo peor es que creemos que nos lo merecemos. La palabra 'trabajo' no sólo es ajena a nuestra acción, sino también, y peor aún, a nuestro pensamiento.

En Venezuela, cuando se habla de 'salir de abajo', jamás se refiere a hacerlo responsablemente, trabajando. Aquí 'salimos de abajo' ganándonos la lotería, pegando un 5y6, haciendo 'un buen matrimonio' o mediante un ensalme. Y aun cuando las probabilidades de que una de estas fórmulas funcione es más que remota, seguimos aferrados a ellas.

Hoy en día, la nueva modalidad para 'salir de abajo', en la que la gente tiene puestas su fe y sus esperanzas, es la Asamblea Constituyente. Se nos ha dicho que la Constituyente surtirá un efecto mayor y mejor que la lotería, el 5y6, los buenos matrimonios y los ensalmes juntos. Como una especie de sortilegio, acabará de una vez con los problemas del país. Dará casa, comida y bienestar a todos... Como en aquella canción de la Billo's que se llamaba 'La flor del trabajo'.

Mi abuelo siempre me repetía el proverbio chino de que a los jóvenes 'había que enseñarlos a pescar, en vez de regalarles los pescados. Desgraciadamente, aquí la norma es que la gente espere que le regalen los pescados.

Los gobiernos paternalistas y demagogos han regaldo pescados a diestra y siniestra. Ahora, que la escasez de pescados es notoria, sufrimos por no saber pescar.

Realmente, jamás he escuchado que el problema de un pueblo sea su Constitución. Si eso fuera verdad, deberíamos estar a la cabeza del mundo, con todas las constituciones que hemos tenido. Voy más allá: si los gobernantes son buenos, aunque las leyes y la Constitución sean malas, el país progresará. Al contrario, con leyes y constituciones buenas, con gobernantes malos, un país cada vez estará peor.

Quiero terminar citando las sabias palabras de Polanco: 'El ser humano sano y en edad de hacer, si no trabaja no tiene derecho a disfrutar de lo que lo rodea... El trabajo no es un castigo divino. Es la razón de la vida'.

Y la única fuente de toda riqueza.

tunas@telcel.net.ve