Signos negativos para el cambio (II)

Guido Grooscors

Completando el enfoque presentado en el comentario anterior respecto al tema que sirve de título a este escrito, es innegable que en gran medida las informaciones y análisis que recogen los medios de comunicación sobre el particular, tienden a profundizar y maximizar los aspectos o circunstancias que entorpecen el proceso de cambio.

En primer término es necesario apuntar, una vez más, la conducta del Ejecutivo que, antes de contribuir a que el debate electoral para la iniciativa constituyente transite por senderos de paz y sosiego, promueve un ambiente de violencia y de confrontación que nada positivo dejará en el seno de la población de cara a la jornada de comicios que se efectuará el 25 de julio próximo. El discurso del jefe del Estado, en ese sentido, es elocuente, a tal punto que el Consejo Nacional Electoral se ha visto en la obligación de exigirle respetar la autoridad del organismo rector de todas las elecciones que se produzcan en el país conforme a la legislación vigente en la materia. La respuesta del presidente de la República, utilizando la desaforada oratoria que es característica persistente suya, no se hizo esperar: "Nadie puede prohibirme que diga quiénes son mis candidatos", dijo, con lo cual no solamente ignoró e incluso se burló de la exigencia de la máxima autoridad electoral, sino que también avanzó en un terreno empedrado que puede desembocar en el cuestionamiento de los resultados que se obtengan en tal ocasión, ya que la legitimidad de los mismos no depende exclusivamente del porcentaje de votos que se consignen por parte de los electores capacitados para ello, sino también de las condiciones de diversa naturaleza que hayan incidido en el desarrollo de la campaña previa a las votaciones correspondientes y, por consiguiente, a las mismas propiamente dichas.

La hipótesis contenida en el comentario anterior no es producto de un simple ejercicio de imaginación. Ya se conocen algunas opiniones coincidentes con tal supuesto y no es descartable que, en los próximos días, se acrecienten las críticas a la postura intolerante y agresiva -verbal hasta ahora por fortuna- del alto ejecutivo presidencial y que ello conduzca a situaciones inéditas, en cuanto a los resultados electorales, distintos a los anunciados por las encuestas en ese campo, lo cual puede conducir a un agravamiento de la crisis que, en los más diversos órdenes, está atravesando el país.

No son, pues, positivas la mayor parte de las señales que han aparecido hasta ahora para enfrentar el proceso de cambio. Todo lo contrario. Y, en tal sentido, la mayor cuota de responsabilidad sobre el particular le corresponde al gobierno, especialmente al jefe del Estado quien, desde el inicio de su período presidencial se ha mantenido, contra viento y marea, en una actitud no cónsona como la que cabe esperar de alguien que ha sido electo por una mayoría incuestionable del electorado para que asuma su condición de Presidente de todos los venezolanos. No ha sido así. El primer mandatario, dirigente máximo también del MVR, el partido político suyo, día con día, se distancia del comportamiento civilista que debe calificar las actuaciones de un gobernante demócrata y más bien se identifica cada vez más con el de uno cualquiera de sus homólogos militaristas del pasado remoto o del cercano presente. En Venezuela, la disyuntiva entre magistrados civiles y militares parecía superada desde el ya lejano 23 de enero de 1958, cuando el derrocamiento de la última dictadura, merced a la acción conjunta del pueblo y la institución armada, dio paso al establecimiento del régimen democrático que ha permitido el disfrute, en paz y libertad, de todos aquellos derechos individuales y garantías constitucionales que consagra el ordenamiento jurídico vigente y, en concreto, lo que específicamente expresa en ese aspecto la Constitución adoptada en 1961. Pero la situación actual, tal como se desprende de lo anotado en los párrafos anteriores, debe servir de alerta para llamar la atención sobre los inminentes peligros que amenazan la hoy frágil presencia de la democracia en nuestra sociedad.

grooscors@asesorac.com