La relación entre el Gobierno y el Eln
La extorsión humanitaria
El Eln demostró una vez más que es un grupo en cuya palabra no se puede confiar. Pero no se debe descalificar a un adversario con el que se sabe que tarde o temprano se va a dialogar. Los grandes ganadores.
Alfredo Rangel Suárez
El enredado proceso de liberación de las víctimas de los secuestros masivos ha dejado al descubierto a muchos. Al Gobierno, por su incompetencia. Al Eln, por su cinismo criminal. A algunos medios, por su indolencia y mezquindad. A ciertos políticos, por su oportunismo. A Schmidbauer y a los Mauss, por avivatos.
Para empezar, mal puede el Gobierno acusar al Eln de haberlo engañado cuando supuestamente cambió el propósito de los secuestros: era un rumor a gritos que ese grupo tenía desde el inicio la decisión de cobrar rescate por muchas de sus víctimas. O el Gobierno no se enteró, y entonces su desaprensión es imperdonable, o sí se enteró, y entonces su improvidencia le hizo el juego a la extorsión económica. Además, ese reproche deja la sensación ambigua de que tal vez se considera el secuestro político más aceptable que el económico, como si ambos no fueran crímenes repudiables.
Dados los antecedentes del Eln de incumplimiento de su palabra, el Gobierno ha debido exigir desde el comienzo la entrega de todos los secuestrados en actos únicos por región. Al abrir la posibilidad de que se realizara por grupos le facilitó su actividad extorsiva. Ya es sabido que incluso algunos de los liberados han sido extorsionados, aun cuando el Gobierno todavía se niegue a creerlo.
Por otra parte, no es serio darle y quitarle el status político a este grupo como si fuera el radioteléfono de Itagüí, a golpes de emotividad, por más indignante que sea la situación: no se debe descalificar a un adversario con el que se sabe que tarde o temprano se va a dialogar. Además, en sana lógica, ¿qué consistencia tiene negar el carácter político a un grupo porque hace secuestros extorsivos, al mismo tiempo que se le reconoce a otro -las Farc- que también secuestra para financiarse?
El Gobierno, queriendo prudentemente marcar distancias, insistió primero en que no aceptaba intermediarios para las gestiones de liberación; luego, afirmó que el señor Schmidbauer no era su invitado. Al final, por exigencia perentoria de 'Gabino', este diputado alemán terminaría siendo recibido como intermediario del Eln por el Presidente en la Casa de Nariño, y la entrega del resto de los secuestrados condicionada a sus gestiones como tal. De esta manera podrá en Alemania enrostrar a sus críticos -quienes lo acusan de ser socio de Mauss, a su vez señalado como un peligroso criminal- que el gobierno colombiano aceptó su gestión "humanitaria". Justo lo que el Gobierno nunca quiso.
El Eln demostró una vez más, por si faltara, que es un grupo en cuya palabra no se puede confiar. Y no es que sea particularmente amigo de mentir; es que en este aspecto su problema no es ético, sino político. En efecto, la carencia de un mando único acatado por todos sus frentes, y las duras disputas internas simplemente le impiden cumplir sus promesas. Por eso el Coce se ve cada vez más cínico y contradictorio.
Desde Alemania
Paradójicamente, el Eln, cuya retórica nacionalista es tan radical, ha compensado esa falta de liderazgo interno cediendo su vocería a unos oscuros ex funcionarios de los servicios secretos alemanes. El Coce parece despachar ahora desde Alemania, donde el señor Mauss dice haber recibido un mandato del Eln, y la señora Mauss advierte que ellos son su puerta de entrada. A su vez, el señor Schmidbauer hace por cuenta de este grupo propuestas tan disparatadas como el canje de los presos de Itagüí por los civiles secuestrados, no sin antes haber señalado como enemigos de la paz a quienes acusen al Eln de exigir rescates económicos por los secuestrados.
Sin duda, estos dudosos personajes son los grandes ganadores en todo este doloroso proceso. Lograron su propósito principal, volver a Colombia y aparecer como eficientes liberadores de secuestrados. Su cotización nacional e internacional en estos oficios subirá por cuenta de este incidente.
De la irresponsabilidad e indolencia de ciertos medios televisivos ya se ha dicho mucho. Poco, sin embargo, de las declaraciones de algunos políticos y columnistas, que indirectamente acusan al Gobierno de ser el culpable de los secuestros del Eln, aduciendo que la dureza del Presidente no le ha dejado otro camino. Esto no solo es una justificación velada del crimen, sino un incentivo al Eln para que siga apelando al terror indiscriminado, pues encuentra en estas posturas, precisamente el eco que está buscando.
La relación entre el Gobierno y el Eln ha llegado a una situación de bloqueo y deterioro progresivo porque es el encuentro de dos actores inconsistentes y emotivos a cual más. La ligereza y la incompetencia en el Gobierno, mezcladas con el cinismo errático del Eln, no podían producir otra cosa que un enredo. Y en medio de este río revuelto de extorsión disfrazada de actos humanitarios de liberación de secuestrados, los avivatos están haciendo su agosto, pues han puesto al Gobierno y al Eln a trabajar para ellos.
El Tiempo (Colombia), 27 de junio de 1999