El mundo "gay" toma la calle en una sociedad más tolerante

España, paraíso rosa

No todo estaba tan bien atado, ni siquiera nuestra virilidad. Después de tanta defensa de la moralidad, las buenas costumbres y la hombría de bien, han sido suficientes veinticinco años y una pasada por la modernidad para que en el extranjero se considere que vivimos en el paraíso de la homosexualidad. La revista británica Gay Times así lo asegura, y acaba de llevar a portada, con un fondo rojo y gualda, a un macizo de pecho musculoso y clavel en la boca. El mensaje es explícito: "Nunca ha existido un momento mejor para ser gay en España". ¿Está en lo cierto?

María Corisco
Con información de Pilar Rubines

Es posible que Gay Times esté en lo cierto, sobre todo en estos días en que miles de homosexuales han tomado las calles para proclamar su ya célebre orgullo gay. Pero no está tan claro si, en el día a día, la sociedad española se ha acostumbrado a que el pudor vergonzante de antaño haya dejado paso a una naturalidad que en muchos casos se califica de exhibicionista.

"En sólo veinticinco años, España ha emergido desde la feroz sombra del fascismo hasta llegar a ser uno de los más progresistas y excitantes países en Europa. Nunca ha habido un momento mejor para ser gay en España". Así comienza un reportaje en el que se nos muestra como una sociedad permisiva y tolerante en donde "los derechos de los gays se debaten apasionadamente en televisión; los presentadores lucen lazos rojos en el Día Mundial contra el Sida, y el gobierno derechista de Aznar (una especie de John Major latino), está preparando una medida que permitirá a parejas no casadas, incluyendo lesbianas y gays, a registrar su relación. La Iglesia Católica, aunque sólo sea por miedo a que haya una iniciativa más radical, respalda la propuesta (sic)".

Desde esta revista se dibuja el madrileño barrio de Chueca como la capital gay de España, una especie de San Francisco en castizo: "Hace menos de cinco años, la plaza de Chueca era un lugar para evitar. Era un distrito olvidado, donde las viejecitas vivían atemorizadas por sus bolsos y los camellos actuaban a plena luz. Pero hoy Chueca es otro mundo (...) En las calles de alrededor de la plaza ya hay cerca de cien negocios de homosexuales: restaurantes, cafés, bares, saunas, peluquerías, agencias de viaje... Y muchos de los apartamentos de la vecindad, vacíos cuatro años atrás, tienen ahora nuevos ocupantes, madrileños gays".

Realmente sugerente, como sugerente fue también la campaña España Gay: Siente la pasión, realizada por la propia Secretaría de Estado de Turismo hace un par de años. El objetivo de esta campaña era promocionar nuestro país en Estados Unidos como un destino ideal para las vacaciones de homosexuales y lesbianas. Para ello, editaron una guía en la que se describían detalladamente los puntos de encuentro de gays en distintas ciudades españolas. Más aún: se invitó a numerosos periodistas especializados en prensa gay a que vinieran a nuestro país para conocer in situ el ambiente español. ¿Cómo va entonces a sorprendernos que en otros países se considere que éste es el paraíso de la homosexualidad?

La polémica ley de parejas de hecho

Los estudios que se han realizado en Europa acerca de la tolerancia en los distintos países también destacan la permisividad española. Así, un informe elaborado por las organizaciones de homosexuales de la UE -el primero realizado con financiación de la Comisión Europea-, ha radiografiado la situación de este colectivo y el resultado es que "la sociedad española es de las más tolerantes de Europa con los gays y lesbianas, con unas tasas de aceptación de entre el 70 y el 80 por 100 de la población". Este mismo informe sentencia que "a pesar de este apoyo social, si no hay una regulación más avanzada en referencia a la ley de parejas de hecho es por la falta de arrojo de la clase política".

Con respecto a esta polémica ley, Cataluña ha sido la comunidad que ha tomado la delantera: hace ahora un año, el parlamento catalán aprobó -con la única oposición del PP-, la primera ley de parejas de hecho de España y de toda la zona mediterránea. Se llama Ley de Uniones Estables de Pareja, y garantiza a gays y lesbianas casi los mismos derechos que a las parejas heterosexuales en situaciones de ruptura, muerte o sucesión.

Hasta el momento, son siete los países que han regulado las relaciones entre homosexuales. Estos países son Noruega, Islandia, Suecia, Holanda, Dinamarca, Groenlandia... y España, precisamente por la ley aprobada en Cataluña. Asimismo, nuestra legislación es una de las nueve que prohíbe expresamente la discriminación por razón de orientación sexual. Realmente, el cambio en estos veinticinco años ha sido espectacular.

Y todo esto, ¿cómo se traduce en pesetas? Los analistas económicos no dudan en definir a homosexuales y lesbianas como un mercado emergente. Según un estudio realizado por Arcoiris Consultores, "en España hay cerca de dos millones de personas homosexuales entre los 15 y los 59 años, que dispondrían en su conjunto de unos 5,2 billones de pesetas de renta anual". ¡Un mercado de más de cinco billones! Impresionante. Y así ha pasado lo que tenía que pasar: los negocios rosas han proliferado como setas en los últimos años, hasta el punto de que, en estos momentos, hay cerca de mil empresas en España creadas por y para la población homosexual.

Uno de los estereotipos creados en torno al colectivo gay es que tienen más dinero que los heterosexuales y son más consumistas. La primera afirmación no parece ser del todo cierta -se les calcula una renta media anual de algo más de dos millones y medio de pesetas-, pero lo que sí es evidente es que su consumo es distinto: casi un 70 por 100 de los homosexuales y lesbianas viven solos o en pareja y no tienen cargas familiares. ¿Qué sucede? Que no tienen que gastar en colegios, pañales, guarderías, canguros o potitos. En cambio, pueden emplear ese dinero en viajes, libros, discos, alta tecnología, cosméticos y ocio.

Discriminación positiva

"No hay duda de que consumen más que los demás -explica Víctor Huertas, director de cuentas de Arcoiris-. Muestran mayor disposición a aceptar las innovaciones y gran exigencia y fidelidad a las marcas". Así, no es de extrañar que hasta las marcas más conocidas se hayan lanzado a pillar un bocado de este mercado casi virgen.

También hay polémicas en estos negocios. El caso de Servi G, una empresa de servicios que pone como único requisito a sus empleados el que sean homosexuales, ha creado malestar incluso entre los propios gays. Miguel Angel Sánchez, de la fundación Triángulo -un colectivo homosexual-, está en desacuerdo con este tipo de políticas: "Una empresa que discrimina a heterosexuales es tan fascista como las acciones más homófobas".

Y no es la única queja. El mundo de la moda, del showbusiness, de las relaciones públicas, y en general todas las profesiones relacionadas con la creatividad o el arte, tienen una fortísima presencia homosexual en sus filas. Han nacido así las llamadas mafias rosas, auténticos grupos de presión que discriminan a aquellos heterosexuales que osan robarles una parcela de poder. Así, se han hecho célebres los directores de centros culturales que sólo han organizado actos con artistas homosexuales, o los organizadores de eventos que se han acostumbrado a contar únicamente con participantes gays.

Es la discriminación positiva, que tal vez ceda cuando se pase la resaca de este fenómeno, de este golpe de péndulo que ha llevado a los homosexuales españoles desde la prohibición y el gueto hasta la proclamación del orgullo gay. Y así, durant la celebración de su fiesta, homosexuales y lesbianas tomarán la calle y desfilarán ante el mundo. Generarán reacciones de estupor, piedad, risa, extrañeza, simpatía y desdén entre la población heterosexual. Y serán también la envidia de todos los extranjeros gays que mirarán los desfiles y soñarán con venir hasta España, con llegar al paraíso

De la prohibición al exhibicionismo

¿Es España un paraíso para homosexuales? Posiblemente sí, sobre todo si tenemos en cuenta que en 86 países del mundo se consideran ilegales las relaciones sexuales entre hombres. Aun cuando Europa se caracteriza por su permisividad, nos encontramos con que en Rusia, en Bosnia y en algunas repúblicas de la antigua URSS, la homosexualidad está tipificada como delito. Once de los trece estados de Oriente Próximo prohíben también las relaciones homosexuales, y en Africa son 26 los países en los que no están permitidas.

Si, por el contrario, miramos hacia como Holanda o Dinamarca, nos encontramos con que España todavía está lejos de ser el paraíso gay. Veamos el caso de Dinamarca: fue el primer gobierno del mundo en establecer el matrimonio civil entre homosexuales -hace ya diez años-, y varios ejemplos avalan la permisividad de este país con respecto a este coelctividad: recientemente, el diplomático australiano Stephen Brady acudió con su novio a presentar sus credenciales como embajador ante la reina Margarita de Dinamarca. El pasado marzo, el ex ministro danés de Sanidad, Torben Lund -que encabeza la lista del partido socialdemócrata en las próximas elecciones europeas-, se casó con su novio, el estudiante Claus Lautrup, veinte años más joven que él. La ceremonia se celebró en el Ayuntamiento de Copenhague. Y desde finales de 1997 la Iglesia Luterana, mayoritaria en Dinamarca, bendice las parejas de hecho homosexuales. Los obispos luteranos afirmaron que "el modo de vivir juntos ha sufrido tantos cambios que las uniones matrimoniales entre parejas de homosexuales y lesbianas no deben ser extrañas a la Iglesia".

En cuanto a Holanda, el gobierno aprobó el pasado diciembre la primera ley que permite el matrimonio entre homosexuales -será efectiva a partir del año 2000-, y hace año y medio dio vía libre a la ley que permite a las parejas del mismo sexo, siempre y cuando estén legalmente registradas, la posibilidad de adoptar niños. Esta posibilidad está siendo utilizada mayoritariamente por parejas que ya están educando niños procedentes de relaciones anteriores.

Dinamarca y Holanda son los ejemplos más claros de permisividad. Pero en otros países, como Estados Unidos, la contradicción es una constante: mientras en 24 de los estados están prohibidas las relaciones homosexuales y en seis de ellos se considera delito el sexo oral y anal -también entre heterosexuales-, Bill Clinton acaba de nombrar embajador en Luxemburgo a James Horme, un conocidísimo filántropo que ha reconocido públicamente su homosexualidad. Hace 20 meses, Clinton propuso al Congreso la candidatura de Horme para este cargo diplomático, pero fueron tantas las pegas y los obstáculos que encontró en su propuesta que ha optado por hacer un nombramiento por decreto.

Otra de las victorias gays se produjo cuando una sentencia del Tribunal de New Jersey permitió a James Dale, homosexual declarado, ejercer como instructor de boy scouts. También en New Jersey se ha reconocido el derecho de las parejas homosexuales a la adopción bajo las mismas condiciones que los matrimonios convencionales. Y a la vista de esta corriente aperturista, Dennis Peron, demócrata y homosexual, ha decidido presentarse como candidato a Gobernador de California. Esto en una nación en la que, como hemos dicho, 24 estados están prohibidas las relaciones homosexuales.

Estados Unidos no es el único país en el que la aceptación de los homosexuales da bandazos de unos estamentos a otros. Inglaterra también vive una doble corriente: mientras los tabloides se dedican a llevar a portada a los políticos sospechosos de ser homosexuales, el primer ministro Tony Blair ha respaldado públicamente a los miembros de su gabinete que, como Nick Brown -titular de Agricultura- han salido del armario.

La misma Familia Real inglesa se mueve entre dos aguas: recientemente, Isabel II ha prohibido que acudan a sus recepciones parejas de homosexuales. Esta decisión de la reina se debe a que dio una fiesta para sus 36 capellanes y algunos sacerdotes gays llevaron a sus amigos. Al parecer, la soberana no vio con buenos ojos que dos de ellos se besaran públicamente. En cambio, el príncipe Carlos invitó a una recepción hace año y medio al compañero de Chris Smith, ministro de Cultura. *

Revista Epoca (España) ,
semana del 28 de Junio al 5 de Julio de 1999.