Camino de esperanza

La alianza estratégica suscrita ayer por los 48 jefes de Estado y de Gobierno participantes en la cumbre de Río abre un ancho camino de esperanza, en pos de la configuración de un vasto espacio de cooperación, regido por los principios de la democracia pluralista y el libre intercambio económico y sustentado, como cabe leer en la declaración, «en una herencia cultural que nos une y en la riqueza y diversidad de nuestras respectivas expresiones nacionales».

Sería ilusorio esperar frutos espectaculares a corto plazo. Pensemos en el ejemplo de la zona de libre mercado, articulada entre la UE, los cuatro países de Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y Chile. Mercosur es hoy el cuarto bloque comercial del mundo, tras el Tratado de Libre Comercio de las tres potencias de la América septentrional, la UE y la APEC (Cooperación Económica Asia-Pacífico). Sin embargo los intercambios comerciales entre la UE y Mercosur traducen un desequilibrio en favor de Europa. Francia, siempre recelosa en la defensa de su agricultura como factor de cohesión de identidad nacional, ha logrado evitar que se señale una fecha para culminar el desarme arancelario. Sí se ha alcanzado el compromiso de fechar el punto de partida: el 2001.

Si estas son las expectativas temporales para la realidad institucional más cuajada, se comprenderá que no estamos sino ante un primer y prometedor paso en esa alianza estratégica de la UE, el Caribe e Hispanoamérica. Un paso en la buena dirección. Las naciones iberoamericanas son tributarias de fuertes sentimientos nacionalistas que han entorpecido su integración o las han mantenido en planos retóricos y las tentaciones proteccionistas han lastrado sus políticas económicas. Añadamos el peso de la hegemonía estadounidense.

Desaparecida, en razón de la extinción de la amenaza soviética, la doctrina de la «seguridad nacional» y su cohorte de regímenes autoritarios, el «estado de la libertad» en el subcontinente es relativamente saludable. Persisten la lacerante excepción cubana, la democracia desfigurada de Perú, la inquietante deriva populista-castranse de Venezuela, la guerra civil endémica colombiana, la difícil sutura de los conflictos centroamericanos.... Pero todas las Repúblicas, salvo Cuba, proclaman el principio de la democracia pluralista. Se trata de consolidar sus instituciones, afirmar la vigencia del Estado de Derecho y la independencia de la Justicia. Se trata, también, de expandir los frutos del desarrollo, para evitar que el prestigio de la democracia se hunda en los abismos de la desigualdad, la corrupción y la indigencia de tantos.

Del multilateralismo, de la liberalización, del libre flujo de los recursos y la cooperación en todos los ámbitos sólo cabe esperar consecuencias positivas para Europa y para la América de estirpe ibérica. Se ha empezado a andar un camino de esperanza.

Y a España le ha tocado representar el decisivo papel mediador e impulsor al que le «condenaba» su dual e inescindible identidad europea e iberoamericana. Como justo reconocimiento a ese irrenunciable papel y a los tenaces esfuerzos del presidente Aznar por garantizar el éxito de la cumbre, su segunda edición ya tiene lugar y fecha: será en Madrid y en el segundo semestre del 2002, coincidiendo con la Presidencia española de la Unión.

ABC(España), 30 de junio de 1999