Diálogo entre desarrollados y subdesarrollados
Es la primera vez que jefes de Estado de América Latina y de Europa se reúnen en conjunto con la agenda preelaborada de establecer mecanismos de facilitación comercial mutua y de acercamiento de intereses concretos, en el marco de un sobreentendido proceso de globalización, el que empero, aún pocos saben definir.
El diálogo entre países desarrollados y subdesarrollados no es entre iguales. Es entre los que tienen capitales y los exportan y entre quienes no los tienen y están obligados a recibirlos para explotar recursos y dar empleo, a cambio de permitir ganancias rápidas y acumulables.
Es entre quienes tienen leyes de protección al trabajador, con favorables condiciones de trabajo, con seguros frente a su eventual pérdida y salarios suficientes para una vida digna propia y de sus familias y quienes no tienen nada de eso, y que habiéndolo tenido, lo han perdido en aras de las exigencias del FMI y el BM, dominado por los países desarrollados.
Es entre quienes tienen el poder militar en sus manos y lo ejercen unilateralmente sin preguntar a nadie y quienes sólo deben mirar impasibles como, por intereses estratégicos y políticos, se pisotea el derecho internacional. Es entre quienes prestan dinero a borbotones y quienes tienen gobiernos que reciben esos dineros para sus fines políticos, dejando las deudas para sus pueblos.
Es pues un diálogo desigual. Es un encuentro entre los que van a pedir frente a los que sabiendo que les van a pedir dicen no a cada cosa. Es un encuentro entre quienes protegen su industria su comercio y sus bienes industriales y quienes por imposición financiera los han debido desproteger para que "compitan" internacionalmente.
Es en suma, diálogo entre ricos y pobres. Entre los que tienen que sacar al Ejército para desalojar a cientos de menesterosos de las calles de donde se realiza la Cumbre, y quienes tienen como problema justamente que esos menesterosos del subdesarrollo no se les metan en sus fronteras a trabajar ilegalmente allí y deterioren así el mercado laboral.
Si eso no se entiende, nada concreto saldrá de allí, sólo la consabida declaración final que, como en tantos otros casos, terminará en los apolillados archivos de las respectivas cancillerías.
La República ( Perú), 30 de junio de 1999