Es un derecho el ganarse la vida
Con trabajo y dignidad
Luis Negreiros Criado
El problema de inestabilidad laboral es grave y tiene efectos múltiples en la vida del trabajador. Ello no es desconocido. Sin embargo, después de nueve interminables años no se percibe en el país voluntad política para solucionarlo. Lo que se percibe es temor a que con estabilidad en el empleo se ahuyente las inversiones y se derrumbe el «libre mercado», y los que no tienen ese temor tienen otro: el de perder votos. Son temores paralizantes.
La inestabilidad en el empleo no sólo significa el despido arbitrario, sino que produce otras manifestaciones. Afecta el ejercicio de todos los otros derechos del trabajador, como jornada laboral, vacaciones, salarios, etc. Limita o torna inexistentes estos derechos al no generar la inestabilidad en el empleo condiciones objetivas, esto es, de necesaria estabilidad laboral, para dicho ejercicio.
Este problema laboral se convierte en problema social igualmente grave. Al tornar precario y eventual el empleo, el trabajador no puede contar con un presupuesto familiar, no puede hacer planes de vida o de estudios para el futuro inmediato. Al generar subocupación o bajos ingresos remunerativos. Al obligar al trabajador a una rotación constante en distintas empresas en periodos muy cortos de tiempo, cuando no sufrir las consecuencias del desempleo por periodos interminables. Todo esto, y el temor permanente de perder el puesto, genera en la vida del trabajador constantes tensiones psicológicas que afectan no sólo su vida sino la de toda la familia.
La inestabilidad durante estos nueve años no ha tenido ninguna incidencia objetiva ni subjetiva para las inversiones y el empleo. Una y otra variable de nuestra economía han respondido a otras condiciones y circunstancias. El empleo ha disminuido. Las inversiones no han crecido ni remotamente en proporción al desempleo abierto o encubierto. Por eso es injustificable la actitud que asume particularmente nuestra clase política.
El país no ha ganado nada con la inestabilidad laboral, y los trabajadores han perdido todos sus derechos. Sólo ha servido para la subexplotación del trabajo humano.
Es un clamor replantear la estabilidad en otros términos, acordes con las nuevas realidades de la competitividad y globalidad de la economía. Con el común denominador de la productividad y de la equidad de las reglas en el empleo. Lo que no debe subsistir por más tiempo es la inestabilidad laboral.
La estabilidad laboral sí es una solución para la armonía y la productividad laboral. Estimula al trabajador. Evita injusticias.
La estabilidad laboral es un derecho al mutuo respeto entre el trabajador y el empleador. No es hegemonía del trabajador o del sindicato. Es disciplina educadora y no carta libre para la ociosidad o la indisciplina laboral. Es la relación equilibrada de derechos y deberes de empresa y trabajadores. Es un derecho humano al trabajo y a no ser despedido sin causa justa.
El país debe ser gobernado para lograr empresas sólidas y estables facilitándoles créditos, aranceles, reestructuración en sus deudas, tarifas públicas, adecuadas y justas, con estabilidad jurídica para que sean posibles en ellas mayores inversiones o reinversiones. Pero también es justo y necesario exigir que el Perú sea gobernado para dar oportunidades de trabajo productivo y estable, no para un Perú con trabajadores descartables ni condenados al desempleo como ocurre ahora.
La República (Perú), 30 de junio de 1999