Kosovo: una bien tejida red de falsedades

Jack Kemp

(AIPE).- Washington y los medios de comunicación están postrados ante la "gran victoria" del presidente Clinton en los Balcanes. Toda clase de falsedades y delirios de grandeza emanan de la capital para engañar a la ciudadanía y al mundo. La realidad de la guerra es todo lo opuesto a lo que se pinta. Desde el comienzo fue una guerra innecesaria y, en mi opinión, ilegal e inconstitucional. Fracasó en lograr cada uno de los objetivos presentados como justificación, empeoró los problemas que buscaba remediar, creando a su vez nuevos problemas que afectarán a Estados Unidos y a los Balcanes por muchos años. En pocas palabras, fue una debacle, un "Waco internacional", algo que toda esa campaña de propaganda de la OTAN y de la prensa no logrará borrar. Hubiéramos podido conseguir un mejor acuerdo, por vías diplomáticas, en Rambouillet.

El presidente Clinton, aguijoneado por la secretaria de Estado Madeleine Albright, condujo a la OTAN a iniciar una guerra injustificada y no provocada, molesto porque el gobierno de Yugoslavia, al igual que el de cualquiera otra nación soberana, rehusó aceptar dos condiciones de la propuesta de Rambouillet: (1) Que Belgrado permitiera a una alianza militar extranjera -la OTAN- ocupar todo su territorio, acuartelar tropas donde quisiera y recibir inmunidad sobre cualquier acción (incluyendo crímenes por parte del personal de la OTAN); y (2) Que Belgrado aceptara llevar a cabo un plebiscito dentro de tres años, el cual con toda seguridad garantizaba la independencia de Kosovo.

Lejos de capitular ante tales demandas de la OTAN, las cuales constituían un claro asalto a la soberanía yugoslava, Belgrado aguantó 79 días de brutales bombardeos, que el gobierno de Milosevic despiadadamente aprovechó para saquear, deportar y matar kosovares albanos, razón por la cual muchos jamás regresarán a sus hogares. Lejos de prevenir un desastre humanitario, los bombardeos de la OTAN lo provocaron. Y el parlamento yugoslavo accedió a la paz y a retirar las tropas serbias de Kosovo sólo después que la OTAN reafirmara explícitamente la soberanía yugoslava. Ahora las dos cláusulas inaceptables de Rambouillet brillan por su ausencia en el acuerdo logrado. Además, el nuevo acuerdo, a lo contrario de Rambouillet, será instrumentado bajo los auspicios de las Naciones Unidas y las tropas que incluyen las de países de la OTAN serán desplegadas sólo en Kosovo. Además, la OTAN ha acordado, sabiamente, desarmar al Ejército de Liberación de Kosovo. La OTAN pretende mantener su "credibilidad" con imprudentes amenazas de que la alianza procederá de manera similar cuando alguna otra nación soberana rehuse dar su brazo a torcer frente a su poderío militar. Pero la acción llevada acabo en Kosovo, el primer ataque de la OTAN desde su creación, probablemente dañó más bien su credibilidad porque el resto del mundo lo ve como bravuconerías de una organización que debe utilizar la inteligencia mucho antes que las bombas.

Cualquier observador imparcial concluye que Milosevic logró, a un altísimo precio, lo que buscaba en Rambouillet, mientras que la OTAN, lejos de apuntarse una gran victoria, fue ignominiosamente derrotada, causando inmenso sufrimiento a millones de civiles inocentes. El peligro ahora está en que la OTAN entregue Kosovo al Ejército de Liberación, para así poder guardar las apariencias.

Los bombardeos, la destrucción y la matanza de la OTAN fueron totalmente innecesarios para conseguir los términos del acuerdo actual. La aventura fue un fracaso completo porque en ninguna parte del acuerdo se menciona a la OTAN.

Este no es el tipo de comportamiento que debe tener una alianza defensiva, especialmente en tiempos de paz. Esta no es la manera en que las democracias constitucionales deben actuar jamás. Es más, el presidente Clinton ignoró al Senado de Estados Unidos, el cual debe ratificar todos los tratados internacionales, cuando al cambiar los estatutos de la OTAN durante la celebración de sus 50 años en abril, procedió de inmediato a instrumentar los nuevos poderes de la organización en Kosovo, sin presentarlos a la aprobación previa del Senado. Pero el Senado se quedó callado e inmóvil frente a ese desacato constitucional.

Queda claro que tras tantas mentiras y engaños que opacan nuestras relaciones internacionales, Madeleine Albright debe renunciar. Asusta oír a la encargada de nuestras relaciones internacionales decir: "ahora, nuestra diplomacia sirve para apoyar a nuestros militares". Tanto la Sra. Albright como el secretario de Defensa William Cohen siguen insistiendo que la OTAN manejará la situación en Kosovo. Pero ya hemos visto lo que los rusos piensan al respecto.

Si la OTAN usurpa el poder en Kosovo provocará un caos aún mayor. Si valoramos nuestras relaciones con Rusia y China y si creemos en los principios de la libertad y la democracia, debemos darle el buen ejemplo al resto del mundo, con diplomacia y no con fanfarroneos ni bombardeos. ©

Fue candidato a la vicepresidencia de Estados Unidos
por el Partido Republicano en las últimas elecciones.