El vals de la muerte
Arquímedes Guerrero
Un observador extraterrestre que aterrizara en este ardiente mes de julio en la que se solía llamar la ciudad de los techos rojos, vería con estupor cómo, con el mayor desparpajo, el gobierno y la oposición están entrelazados en una verdadera danza de la muerte. Este vals a dos tiempos en el que la amenaza y la conjura revolotean al mismo tiempo, buscando el desenlace en la muerte de uno de los bailarines es no sólo trágico sino por demás estúpido.
La actitud del Presidente con el ascenso a sus militares en abierto desafío al Senado y el Congreso llamando a Olavarría como orador de orden para el discurso del 5 de Julio, son muestra evidente de una incapacidad de ambas partes para el diálogo.
De nada sirvió que Arias Cárdenas, Escarrá, Úslar y una mayoría silente llamaran a la cordura. La danza está volviéndose cada vez mas frenética. Es un ritual en el que poco importamos tú y yo, amigo lector. Aquí el desenlace no es mejorar el escenario, en este caso el país, sino acabar con el otro, que disfrutó por demasiado tiempo del poder.
Me atrevería a decir que a una gran mayoría de los venezolanos le importa un bledo si AD, Copei, Proyecto Venezuela , V República, MAS y PTT desaparecen. Lo que desean y aspiran es a tener paz y trabajo. Por eso tanto Chávez como los invisibles manipuladores de una etérea oposición están equivocados.
El combate contra la corrupción es loable pero con eso no se come. La Constituyente es una necesidad ineludible pero tampoco calma el hambre. El consenso no es ni puede ser despreciado, son muchos los venezolanos que pueden ayudar a lograrlo y que no son ni directa ni indirectamente parte ni del puntochavismo ni del puntofijismo.
El consenso debe buscarse en varios frentes, para adaptarnos al lenguaje militar, ya que este ya nos entra hasta por los poros.
Un primer frente con el que si se come es hacer un acuerdo entre los hombres honestos y profesionalmente calificados, sea cual fuere su posición ideológica o política para enrumbar la destartalada economía nacional.
Un segundo frente es ponerse de acuerdo en crear fundaciones sólidas para la creación de la estructura jurídica que soporte la refundación de la república. Esto solo puede lograrse sin sectarismo pero con una voluntad y un empeño sin compromisos para modificar todo aquello que favoreció el enquistamiento de los partidos políticos en el manejo de la sociedad venezolana. Le haríamos un flaco servicio a la posteridad si simplemente creáramos una estructura que acabara con los vicios del viejo sistema para apuntalar los del nuevo régimen.
Un tercer frente es el de presentar una sola cara fuera de nuestras fronteras. Venezuela es una sola, no importa quien la gobierne y los venezolanos tenemos la obligación de presentar afuera buena cara frente al mal tiempo local. Si queremos un país moderno, con oportunidades de empleo para la mayoría y con un mejor nivel de vida tenemos que terminar ventilando nuestras rencillas ante terceros que en fin de cuenta poco les importa lo que ocurra siempre y cuando puedan hacer negocios.
Y un cuarto y último frente es recordarle tanto a Chávez cómo a la desacreditada dirigencia política, que el baile de reconstrucción del país no es un pasodoble, sino por el contrario como en la canción de la Piaf un valse a cuatro tiempos.En el que no baila solo Chávez y el ejército, ni el Congreso, ni las cúpulas sumergidas de los antiguos partidos políticos. Sino la revalorizada sociedad civil, , los medios de comunicación , la iglesia y por último como destinatario final de todo este fuerzo el pueblo venezolano del cual todos formamos parte indisoluble.