Aznar (casi) en la Cresta de la Ola

Alberto Valero

Notables han sido los éxitos de José María Aznar, quien finalizó una breve visita oficial a Venezuela, desde que asumió el Gobierno de España en mayo de 1996; fruto de su destreza para suplir con tenacidad la ausencia de simpatía y sepultar el franquismo jurásico e insuflar una cierta dosis de plebeyez a la familia conservadora, vencer luego por márgen apretado al carismático Felipe González y, en el curso de estos tres años, montarse en las conquistas y logros del PSOE para profundizar la liberalización, consolidando la transición democrática de su país hacia la democracia.

España atraviesa un momento excepcional, y no es mera coincidencia sino expresión de una prestigio creciente en el panorama internacional el que se halla José María Gil Robles en la presidencia del Parlamento Europeo, en Estrasburgo; que de la OTAN pasará el controvertido Javier Solanas a dirigir las relaciones exteriores del Viejo Continente; que el talentoso Federico Mayor fuese ratificado al comando de la UNESCO, además de haber sido designada la ciudad de Madrid como sede de la segunda Cumbre Euro-Latinoamericana, prevista para el año 2002. Precisamente mientras España ejerza la presidencia de la Unión Europea.

Viene Aznar de obtener un triunfo importante en las elecciones del 13 de junio - que fueron a la vez continentales, regionales y municipales- y, según todos los sondeos, derrotó aunque por márgen más reducido que el año pasado, al portavoz socialista Joaquín Almunia, en el debate que las Cortes escenifican cada verano sobre la gestión gubernamental.

Desde luego que han jugado a su favor la desunión en el seno de la izquierda y los tropiezos del PSOE en la tarea titánica de seleccionar al sucesor de una figura como Felipe González; pero sería ruín pasar por alto los índices que proclaman la bonanza de España - gracias a la coherencia de un rumbo económico de corte liberal y un desempeño administrativo sin mayores escándalos- y explican el empuje empresarial del Banco de Santander,Telefónica, Repsol, Meliá y otras firmas de la Península, en lo que se califica ya de reconquista de Latinoamérica y el Caribe.

Ha funcionado también la habilidad de Aznar para eliminar a sus rivales del Partido Popular y conservar el apoyo de las restantes organizaciones de ámbito regional que sustentan la coalición oficial, continuando en lo personal el ascenso sin interrupciones del joven abogado de 46 años. Desde la base de la Alianza Popular y cargos menores en la administración provincial de Castilla y León, hasta la diputación nacional; a la presidencia del partido, rebautizado Popular, tras el dedazo del sagaz Manuel Fraga, y de su Grupo en el Parlamento; a su proyección externa, en el Partido Popular Europeo y la Unión Democrática Internacional, hasta la victoria en las presidenciales del 4 de mayo de 1996.

Por el momento, vive José María Aznar un momento de plenitud bien merecido, pero la reelección se alza en el 2000 como el reto crucial de su carrera. Con meses difíciles, que exigirán definiciones y rupturas sobre el fondo de una Europa desdibujada ideológicamente por problemas económicos y sociales muy severos, y sin olvidar que los tropiezos de la usura del poder brindarán, seguramente, numerosas oportunidades de denuncia a la oposición socialista repotenciada, deseosa de volver a La Moncloa.

E-mail: avofint@cantv.net