Para salir de la recesión económica

Alexander Guerrero

Un análisis comparativo del impacto recesivo causado por la caída de los precios y volúmenes de producción petrolera nos permite descubrir ciertas regularidades que explican la desproporcionada contracción económica vivida desde principios de 1998. El descenso en los precios y en la producción de petróleo afecta por partida doble la actividad económica. El primer impacto, induce contracción de la actividad económica - y del empleo- de los sectores conexos y de la industria petrolera local publica y privada; impacto que, en este caso es mayor en virtud de la interrupción de muchos de los proyectos que se iniciaron en los ambiciosos programas de expansión de la industria petrolera nacional y privada asociada a PDVSA.

El segundo impacto, se reproduce por caída de los ingresos fiscales, asimilado por vía de la contracción del gasto público, reduciendo los fondos a la inversión pública. La contracción de este último sin embargo, no se materializó al ritmo en que caían los ingresos fiscales petroleros; de hecho, el gasto público ejecutado en 1998 se mantuvo en línea con el gasto público acordado pese a la caída en mas del 5% del PIB de los ingresos fiscales de origen petrolero, extendiendo por ello la presión inflacionaria e induciendo una severa contracción del gasto público en 1999. La contracción económica pese a todo traía signos positivos dada la pronunciada desaceleración inflacionaria de comienzos de año y que, al parecer, se detuvo prematuramente, con lo cual se complica el cuadro político y socioeconómico si se retoma la senda de la inflación. El ajuste salarial por debajo de la inflación fue una señal de objetivos antiinflacionarios por parte del gobierno, pese a no ser anunciado de manera explícita.

La inflación de mayo ( 2%) mostró los efectos de cierta laxitud en la política monetaria, con la caída forzada de las tasas de interés causando una acelerada depreciación del bolívar, el cual pierde 10 bolívares en 25 días -, lo que impondrá tarde o temprano mecanismos de indexación salarial y ya se sabe que ello es combustible puro para la inflación, dado que una tercera parte de la fuerza laboral del país se emplea en el sector publico, renovando la presión sobre las cuentas fiscales con el correspondiente impulso a la inflación. Este complicado cuadro macro-socio-económico no se resolverá expandiendo el gasto público, lo cual al final del día será mas combustible a la inflación.

Intentar salir de la recesión, a través del expediente - fallido en muchas oportunidades - de planes de empleo y de inversión pública financiadas deficitariamente, terminará fatalmente como en el pasado, propulsando la inflación, ahondando desigualdades sociales y deteriorando por ende el piso político del gobierno. Crecer bajo la presión del gasto publico siempre trae mas inflación, y es por ello un récipe de mala calidad y un mal consejo, dado que no es precisamente el gasto del gobierno el motor del crecimiento económico sustentable. La experiencia lo confirma, y se refleja en sendos planes de empleos y inversión publica que han tenido los últimos 4 gobiernos sin que se haya producido crecimiento sostenible, ya que la presión inflacionaria por financiamiento deficitario impide que el crecimiento se pueda sostener en el largo plazo. Esos cortos periodos de crecimiento espasmódicos terminan recesión y más inflación y así sucesivamente cada vez que los gobiernos pretenden reactivar la economía a través del gasto publico.

Ello no quiere decir que el gobierno se abstenga de ejecutar inversiones en infraestructura, todo lo contrario, pero ello debe ocurrir en el marco de un proceso de estabilización de precios a ultranza, de lo contrario la expansión del gasto activa mecanismos rentistas condicionados por el volumen de deuda pública que va a los mercados para financiar el gasto del gobierno y que induce alza en las tasas de interés, desviando la inversión privada, base de la generación de empleo en nuestra economía. Los efectos pueden ser perversos, ya que la economía privada – formal e informal - emplea mas de las 2/3 partes de la fuerza laboral, lo que al financiar deficitariamente –con deuda publica- la inversión pública, esta desviaría la inversión privada por el alza en las tasas de interés que provoca la colocación de esa deuda, perdiéndose en consecuencia el efecto multiplicador de la inversión pública, en cuanto a economía y empleo.

El gasto público en Venezuela ha dejado de ser, desde unos 4 lustros, el ferrocarril del crecimiento económico. Para que el gasto sea nuevamente estimulo a al crecimiento habrá que ejecutar una densa reforma del Estado, implementar sin complejos la reforma de salud, de pensiones, eliminar el costoso IVSS, crear los fondos de ahorro para viviendas, disminuir el gasto público de nómina, reestructurar la deuda pública externa e interna, de manera que la reorganización del Estado libere fondos de origen fiscal para la inversión en infraestructura, etc., contando también con la inversión petrolera, recuperando mercados perdidos, y optimizando una estrategia petrolera de manera que los objetivos fiscales no sacrifiquen el desarrollo de la industria en un país que será petrolero por un buen tiempo. Es necesario extremar el proceso de estabilización de precios ante de retomar camino a un crecimiento inducido por el gasto público, el cual es definitivamente inflacionario.