Soñar despierto

Guido Grooscors

Lo que seguramente ocurrió en la Cumbre de Río (América Latina/Caribe/Unión Europea) fue que el Presidente de Venezuela, aburrido de la agenda predominantemente económica de la reunión, pretendió cambiarle su fisonomía para transformarla en un evento esencialmente de carácter político y, a esos efectos, intentó un barajo mediante la utilización del recurso del proyecto bolivariano de unidad continental, siempre bien recibido en el plano de la retórica internacional, pero no tanto cuando de iniciativas concretas se trata en ese campo, hoy minado o interferido por los intereses y compromisos de toda índole que enfrentan las más diversas nacionalidades, como las que se dieron cita en el escenario carioca.

Aspirar a rescatar la propuesta de la "nación de repúblicas" que el Libertador acariciara como uno de los fundamentos de su ideario político, cuando la sub-región se ha convertido en un archipiélago de estados y mini-estados, que es lo que hoy son América Latina y el Caribe, es cuando menos soñar despierto, tanto más con el añadido de una fuerza militar conjunta que, para empezar, no es exactamente un tópico digerible con facilidad por los países que poseen ejércitos establecidos como uno de los tantos elementos –con o sin razón- que contribuyen a marcar la nacionalidad.

Aun más, los tropiezos en las relaciones bilaterales, todavía existentes entre algunos de nuestros estados, como consecuencia de diferendos fronterizos pendientes de arreglo definitivo, originan obstáculos inequívocos para el avance de cualquier acción integradora de fusión política.

Son numerosos los argumentos que pueden asomarse para justificar las dudas que despierta esta iniciativa. El presente comentario, sin embargo, no trata de penetrar en el campo académico o doctrinario, sino tan sólo exponer, de manera desprejuiciada, como una aproximación al tratamiento de la cuestión, que no es sencillo obtener resultados en un corto plazo en un asunto que requiere de suficiente madurez y decantación para sobreponerse a una compleja estructura de relaciones internacionales, no necesariamente dispuesta a la benévola adopción de un proyecto de tantas aristas que involucra a un numeroso grupo de actores de desiguales trayectorias y ejecutorias, interna y externamente.

Creer que una propuesta del carácter de la comentada en este escrito, podrá solventarse en plazo más o menos breve, es ignorar la calidad y cantidad de los mecanismos a que deben someterse las negociaciones internacionales. Las mismas deben superar escollos de diferente tipo hasta alcanzar el objetivo fijado. Y ese es un proceso difícil y extenso que, entre otros aspectos, debe tomar muy en cuenta antecedentes y experiencias sobre el particular. En este caso, verbigracia, los venezolanos no podemos desentendernos de las ocurrencias que dieron al traste con el empeño unionista del Padre Libertador, concretado en la república grande que no alcanzó a sobrevivir más allá de 1830, decisión traumática, sin duda, pero compartida entonces por quienes apostaban a un destino distinto del que Simón Bolívar había visualizado en piezas ejemplares de su ideario político, como lo son el Manifiesto de Cartagena, la Carta de Jamaica y el Discurso de Angostura. Imperioso regresar al tema. Así será.

grooscors@asesorac.com