El tercer discurso del 5 de Julio

Lo menos importante de este 5 de Julio fue que, tras tantos rumores, expectativas y adivinanzas, el Presidente Chávez acudió finalmente a los actos apropiadamente vestido, sin el presunto, vistoso y original uniforme que alguno incluso afirmó se estaba confeccionando en el Perú.

Lo importante fue, dentro de los tres discursos del día, el de Chávez.

El primero de los discursos fue, por supuesto, el innecesariamente grosero e inoportuno de Jorge Olavarría, un hombre con el talento, la pluma y los conocimientos suficientes como para haber desarrollado una temática mucho más trascendente que la que derramó venenosamente a lo largo de una fastidiosa hora que sólo puede producir decepción entre los venezolanos que, sin obligaciones partidistas a favor o en contra de Hugo Chávez, esperamos lo mejor de los más destacados venezolanos.

En los tiempos que vive la República, a unos pasos de las elecciones y de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, hizo falta el discurso que habría de esperarse de un intelectual y conocedor de la historia como Jorge Olavarría. Confesamos que jamás nos pasó por la mente que Olavarría desperdiciase tan importante oportunidad para sentar una tesis constitucional realmente importante, una guía seria, profunda, hacia las bases filosóficas y políticas que varias decenas de venezolanos empezarán a discutir en poco tiempo, o, al menos, un pedagógico análisis de nuestra historia y de nuestro hoy en día que ayudase a dirimir ese futuro mejor que debería nacer de la Constituyente.

Cualquier tema bueno esperábamos de un hombre de la talla de Jorge Olavarría, excepto la retahíla de acusaciones y ácidas críticas a la conducta del Presidente, que puede que sean ciertas y, en cualquier caso, libremente discutibles, pero no corresponden al discurso de orden de la sesión solemne del Congreso Nacional a propósito de la celebración de la decisión más importante que han tomado los venezolanos en su historia; justo ahora, cuando están a punto de tomar la segunda —o que, cuando menos, tienen la oportunidad de tomarla.

El segundo discurso, con dos caras, como la diosa Jano, pero igual necedad, fue el del conglomerado político partidista, desde los patéticos reclamos del Presidente del Congreso, tan fuera de lugar como el discurso de Olavarría, hasta la aprobación torpe de dirigentes de los llamados "partidos tradicionales". Mucho más coherente y sobrio estuvo el Contralor Roche Lander, reconociendo la importancia de que lo que se dijo en el Congreso, pueda decirse libremente en un régimen democrático.

Ese segundo discurso incluyó el furor infantiloide —pero peligroso— de esos activistas chavistas que ahora nunca faltan en los alrededores del Congreso, y que gritaron improperios antidemocráticos y brutales a Jorge Olavarría, en una demostración de baja ralea que ningún favor le hace a Chávez.

Los militantes del MVR y los de Acción Democrática, principalmente, cayeron en lo mismo de siempre, sin análisis, sin ejercicio de la mente, sin novedades, demostrando que los partidos tradicionales siguen hundidos hasta el cuello en no entender qué es lo que está pasando, y que los partidos chavistas saben que están metidos en algo importante, pero no entienden de qué se trata; y que no son más que carne de elecciones para un Chávez que, para bien o para mal, está mirando mucho más allá que quienes hoy en día sólo saben alabarlo.

El tercer discurso fue el de Hugo Chávez, el discurso de un líder que sabe que tiene y que ejerce el poder, y que tuvo la inteligencia política de no ceder a las sugerencias de no asistir a lo que muchas personas presumían sería un ataque en su contra y, en cambio, sí tuvo la fortaleza de asistir y presenciar de cabo a rabo el discurso excesivamente dedicado a él, de cumplir cada uno de los actos del protocolo tradicional y de no responder con la agresividad que sus seguidores esperaban.

Este 5 de Julio Hugo Chávez fue un presidente ejemplar, y su mejor discurso fue no hacer discursos, mientras se volvía a poner en marcha un pequeño cambio en el protocolo militar, el mismo cambio que ya escuchamos en el desfile del Ejército este 24 de Junio. Que ahora los comandantes de ambos desfiles no le solicitaron autorización para comenzar y para terminar los actos al "señor Presidente" como se ha hecho desde los tiempos —los más lejanos que podemos recordar— de Pérez Jiménez, sino al "Comandante en Jefe", título al cual el Presidente Hugo Chávez está dando importancia, muy relevante —y frecuente.

Que quizás sea ése el verdadero discurso originario de Hugo Chávez.


 

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