Lecciones valiosas de Irlanda del Norte
El proceso de paz en el Ulster está en el filo de la navaja. Pendiendo de un hilo, podrá consolidarse o fracasar. Para Colombia hay conclusiones que merecen atención: facciones que se enfrentaron a muerte van a compartir el poder, han liberado presos y ahora discuten el desarme definitivo del IRA.
De los dos grandes conflictos internacionales que actualmente se están tratando de resolver mediante la negociación el del Medio Oriente y el de Irlanda del Norte este último ofrece las conclusiones más útiles para los esfuerzos que adelanta el Gobierno Nacional de encontrar una salida política al conflicto con la guerrilla.
Desde luego, hay enormes diferencias. Culturales y de idiosincrasia, pero también originadas en la fuente de la confrontación. La de allí no tiene nada que ver con la competencia entre capitalismo y comunismo, y en cambio tiene un importante componente religioso: católicos y protestantes se han enfrentado durante más de 60 años y no han podido encontrar un régimen de convivencia en la región de Irlanda del Norte, que forma parte del Reino Unido desde 1927 y que se encuentra en medio de la República de Irlanda, de mayoría católica, y Gran Bretaña, donde reina la fe protestante.
El conflicto, sin embargo, ha dado lugar a la lucha armada, lanzada por el Ejército Revolucionario Irlandés, conocido por su sigla en inglés: IRA. Algunas de sus acciones, consideradas terroristas, le han dado la vuelta al mundo.
Desde hace poco más de un año, más exactamente desde el Viernes Santo de 1998, las expectativas del mundo se han centrado sobre al histórico acuerdo negociado por los primeros ministros de Irlanda y Gran Bretaña, que establecen serios compromisos para alcanzar la paz. La conclusión fue aceptada por todas las partes involucradas e implican concesiones significativas de todas ellas. Básicamente, establece una mayor autonomía para el Ulster (Irlanda del Norte), un gobierno compartido entre católicos y protestantes, el desarme del IRA y la renuncia por parte de Londres al reclamo de su soberanía, vigente desde 1927.
Tan audaces obligaciones deben cumplirse en los próximos días. Hacia el 15 de julio está prevista la conformación del gobierno de unidad, en el cual participará el Sinn Fein, brazo político del IRA. Ya en los últimos meses han sido liberados 277 de los 500 presos de todas las partes, incluido Patrick Magee, autor de un atentado contra Margareth Thatcher en 1984.
Pero han surgido complicaciones. El viernes último, en Belfast, los primeros ministros de Inglaterra e Irlanda, Tony Blair y Bertie Ahern, hicieron público un acuerdo que, en síntesis, busca poner en práctica las conclusiones del acuerdo firmado el año anterior. Entre las cuales, el punto más espinoso es el desarme del IRA. Y David Trimble, líder unionista y jefe del partido UUP, ha manifestado su oposición al texto, fundamentalmente por su desconfianza hacia el Sinn Fein, con el cual si se cumple lo acordado el Viernes Santo deberá cogobernar, y más concretamente hacia el hecho de que se entreguen las armas. Se supone, según el anuncio de Blair y Ahern de la semana pasada, que el desarme se producirá durante un plazo de 11 meses que terminará en mayo del año 2000. Es decir, que habrá un período en el cual el Sinn Fein hará parte del poder político, mientras que su brazo armado mantendrá la capacidad bélica.
La situación está en un punto que podrá catalogarse como en el filo de la navaja. Dependiente, prácticamente, de un hilo, son igualmente factibles una culminación exitosa del proceso o un fracaso que postergaría en forma significativa la concreción de la paz. Con un desafío adicional: por esta poca, la del verano, se llevan a cabo anualmente manifestaciones por parte de los protestantes en conmemoración de victorias obtenidas en el pasado frente a los católicos. En la situación actual, las marchas tienen una gran capacidad de generar tensión y convertirse en auténtico desafío. Tan sólo el domingo pasado, una de ellas, organizada por la Orden Naranja, protestante, pudo culminar en un enfrentamiento con la Policía, pues esta última prohibió el paso por el barrio católico de Garvaghy Road. La Orden acató la medida y la manifestación se desarrolló sin contratiempos.
La comunidad internacional está pendiente de los acontecimientos del Ulster, y apoya en términos generales los acuerdos del Viernes Santo. Durante la semana pasada, el presidente Bill Clinton, de Estados Unidos, siguió el proceso y conversó telefónicamente con todos los líderes, conminándolos a llevar a la práctica la propuesta Blair-Ahern.
A pesar de la tendencia colombiana a concentrarse en su realidad propia, y no prestarle la debida atención a los hechos internacionales, el proceso de Irlanda ofrece experiencias que no se pueden desconocer: se va a compartir el poder entre fracciones que se enfrentaron a muerte, han liberado prisioneros, y van a concretar un desarme paulatino pero total, que implica un tiempo de transición en el cual la facción más radical va a mantener, tanto el poder, como las armas. Sin duda, alternativas que requieren una alta dosis de audacia, y, a su vez, un amplio potencial de reconciliación.
El Espectador (España), 6 de julio de 1999