Mejores expectativas
El segundo semestre del año parece haberse iniciado con una perspectiva económica más alentadora. Sobre todo después de un mes de junio 'negro', en el cual se combinaron una serie de factores negativos, que dieron lugar a una ola de pesimismo empresarial y a fuertes presiones sobre la tasa de cambio.
El cambio de actitud tiene su explicación en el buen resultado de los ajustes introducidos por la Junta del Banco de la República a la política cambiaria, y en el memorando del jefe de la misión del Fondo Monetario Internacional al Ministro de Hacienda, en el cual se respaldaron las medidas. En el documento se considera que dichos pasos, "junto con la implementación del plan de reestructuración financiera, ayudarán a alcanzar niveles de tasas de interés consistentes con la recuperación económica y la generación de empleo".
Las decisiones del banco central tuvieron un impacto favorable en el ánimo de los agentes económicos. Porque no dieron lugar a una devaluación brusca del peso, a pesar del desplazamiento del punto medio de la banda cambiaria y de la ampliación de la misma. No ha habido, como muchos erróneamente lo creen, una devaluación abrupta del peso. A diferencia de lo que sucedió en septiembre del año pasado, cuando la Junta también movió el corredor cambiario en 9 por ciento y la tasa de cambio aumentó más de 90 pesos en una semana, en esta ocasión apenas lo hizo en 17 pesos en el mismo lapso.
El conjunto de las medidas, incluyendo la exigencia hecha a los bancos de limitar su posición en dólares y la emisión de TES en dólares, rompieron la especulación que se venía presentando y tranquilizaron los mercados. Es más, de acuerdo con una encuesta reciente entre un grupo de economistas colombianos por fuera del Gobierno, la decisión de mover la banda cambiaria elevó la proyección de crecimiento de la economía en el segundo semestre de este año y en el 2000. Aunque subsisten diferencias de apreciación entre ese grupo y el programa gubernamental, hay consenso en que el año entrante será de recuperación económica.
El memorando de la misión del Fondo y las declaraciones a este diario de su jefe, el noruego Olav Gronlie, también tuvieron un efecto tranquilizador. La opinión inicial de la misión del Fondo no resultó tan 'dura' como muchos expertos lo esperaban.
Sin embargo, para la misión del Fondo es evidente que el buen desempeño de la economía en el futuro dependerá, en muy buen grado, de la aprobación del Congreso del conjunto de reformas radicales de carácter fiscal que el Ministro de Hacienda presentará en los primeros días de la legislatura ordinaria. El memorando lo establece claramente al afirmar que la misión apoya el plan del Gobierno "para fortalecer las finanzas del sistema de pensiones y seguridad social, para mejorar la eficiencia de la descentralización fiscal, para reestructurar y reducir el tamaño del sector público y para darle a la administración tributaria mejores instrumentos".
Así las cosas, el sendero de la estabilidad y la tranquilidad económica solo será posible transitarlo si el Gobierno logra sortear con éxito la instancia legislativa de los proyectos de ley que se alista a presentar. Estos deben conducir a unos correctivos que serán definitivos para enderezar el rumbo de la economía y que, según el jefe de la misión, no parecen ir del todo bien ante la demora en ser adoptados. Son decisiones cruciales las que aguardan al Congreso.
El Tiempo (Colombia), 7 de julio de 1999