Singladuras por el Mediterráneo sin Chávez
Carlos Capriles Ayala
Después del Cabo Gata, comienza el Levante español: Murcia, Alicante, Valencia y al fin Barcelona, término de esta larga singladura de la cual emergían los recuerdos de las peripecias vividas. Cada visión de algo nuevo, la entrada a un puerto de noche en condiciones precarias, eran nuevas vivencias incorporadas a una grande y vieja experiencia. Horas de meditación en cubierta. Solo, porque el frío había hecho desaparecer a todo el mundo en los camarotes, el capitán repasaba y reavivaba situaciones y recuerdos. Tenía conciencia de exitir con el pasado un conflicto absorbente y determinante, pero distinto en cada quien. ¿Dos personas de generaciones distintas hubieran podido compaginarlo para poder marchar juntos, el uno al lado del otro, sin interferir sus propias vivencias? ¿La lealtad, la fidelidad podrían surgir espontáneamente, sin exigirla ni imponerla? O era demasiado tarde para modificar normas de conducta. Era preciso hacerse a la idea, parafraseando el verso de Pablo Neruda, de que 'juntos habían hecho un recodo en la ruta por donde el amor pasó'.
En Barcelona todos se alejaron. Algunos conviniendo en que se encontrarían allí para el próximo verano. Pero el capitán decidió continuar el viaje solo, para llegar a Grecia y los citó allá, donde él se asentaría por un tiempo. Todavía estaba lleno de ella y no le hacía falta compañía femenina. No pudo menos de preguntarse cuánto tiempo se requeriría de separación para que tal estado de ánimo fuera cediendo a los requerimientos lógicos de la sensualidad, especialmente en un organismo concupiscente. En ese ocio infecundo en la escala en una marina, requirió su atención la presencia de una inglesita en un yate lujosísimo vecino, que parecía estar disgustada. Se recordó de Horta y lo asequible que eran todos a contraer amistades con los tripulantes de los otros yates. Quiso ensayar para ver si así eran las cosas ahora y le dijo al desgaire si quería cambiar de yate. De inmediato le dijo que podría ser y que cuándo partirían. No indagó quiénes más iban, sino hacia dónde se dirigirían. Al decirle que para Grecia, casi saltó a la cubierta. Se sintió intimidado y torpe y con inusitada rapidez le dijo: 'Well, not yet, later'. Ella le presentó luego a su presunto compañero, quien aparentemente no estaba al tanto de los planes de su amiga, y no mostró la menor inquietud. Probablemente ambos estaban listos para cambiar de tripulación.
El velero dobló el cabo San Vito, al extremo noroeste de Sicilia y se dirigió hacia Castellamare dei Golfo para pernoctar allí. A pesar de las previsiones hechas, llegaron de noche. Parecía ser un sino del 'Vi to' para despertar emoción en sus arribadas y complacer al capitán que tanto disfrutaba con esas peripecias. El sol se hundía rápidamente en el horizonte y parecía que la quilla abría un surco en el crepúsculo, más que sobre la tersa superficie del agua. El cabo, homónimo del yate, es abrupto y conspicuo, cayendo a pique sobre una playa a la orilla del mar, en donde está un faro. La guía náutica dice que estas aguas pueden ser peligrosas para pequeños barcos, pues en mal tiempo son arremolinadas y traicioneras. Parecía absurda ahora esta afirmación cuando estaban tan quietas. Debía ser una intervención benévola de ese Santo epónimo del yate.
La costa siciliana está llena de estos cabos abruptos y conspicuos, con formas grotescas que a lo lejos se asemejan a esos monstruos marinos fabulosos que se tragaban a las embarcaciones. Parecen emerger de pronto del mar. Por eso albergan mitos y leyendas mágicas a los que está subordinada la suerte de los navegantes. En La Odisea, Ulises lo vislumbra como un punto de referencia en su interminable camino hacia el hogar lejano. Allá lo aguardaba Penélope en una infatigable y confiada espera que pasó a personificar la fidelidad de la compañera. Entonces esa era una virtud femenina que hoy es considerada como una ridiculez por la mujer moderna en su afán de equipararse al varón. El relato homérico soslaya el estado físico de la sufrida mujer después de 20 años de fiel espera.
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El Universal Digital, 2 de julio de 1999