Mirar arriba, no a los lados

Francisco Vivancos C.

En fases de intensificación de los desbalances básicos de una economía (fiscales, monetarios o cambiarios) y de recesión, los conflictos distributivos adquieren temperaturas extremas. En cada precio, en cada estrategia de sobreviviencia se ve un golpe directo contra el socio comercial, contra el usuario del servicio, contra el consumidor. Probablemente este vistazo hostil esté desenfocado y se esté atribuyendo injustificadamente una pérdida de ingreso real a quien, como todos los demás, también está perdiendo en medio del desarreglo macroeconómico.

La inflación y otros desórdenes

Las inflaciones no anticipadas y otras sorpresas de origen monetario o fiscal suelen acarrear pérdidas o ganancias significativas a los sectores y agentes cuyos contratos y estrategias se estructuraron bajo parámetros que, con motivo de la innovación, se alejan sustantivamente del nivel esperado. Acuerdos de precios y salarios no cubiertos contra inflación o devaluación, planes de expansión poco flexibles a su revisión en escenarios adversos o programas de financiamiento cuya capacidad de repago no resiste alzas inesperadas en los tipos de interés; provoca redistribuciones del ingreso, probablemente caóticas, con altos costos en bienestar. Desde luego, en la sucesión de estos eventos se construye una memoria en el público que permite a la larga cubrirse contra esas contingencias. desde el acortamiento de plazos del contrato hasta la introducción de cláusulas contingentes que cubran los principales riesgos a los que está sujeta la transacción, pasando por conductas radicales de salvaguarda patrimonial (salir de un sector, de una divisa, de un país); los agentes tienden, por las mejores razones posibles, a preservarse de estos siniestros. La destrucción de información contenible en precios y otros indicadores de mercado por efecto de la incertidumbre, a su vez, produce asignaciones aleatorias de recursos con alta probabilidad de ser subóptimas y, por consecuencia, de proveer colecciones de bienes y participaciones de los propietarios factoriales inferiores a las máximas potenciales.

Una curiosa manifestación de la generación de mala información económica por causa de los desórdenes macroeconómicos es el ofuscamiento de la población, bajo tensión distributiva, sobre las verdaderas razones de la inflación o el desempleo. Como bien deben recordarse las tristemente campañas de organismos como el INDECU, por no mencionar los mensajes de niveles oficiales superiores, obsesiva y equivocadamente atribuían la inflación a las maniobras especulativas de absteros, distribuidores de cauchos y demás comerciantes. Rememorando viejas prácticas comuniacionales, más centro-europeas y siniestras por cierto, las brigadas amarillas de hace pocos años reafirmaron en la población un imaginario, ignorante y explosivo, sobre las causas de la recesión, el desempleo y la terca resistencia a la baja en la inflación. Hoy son las tasas de interés, los ajustes de nómina de las empresas o la aversión al riesgo en los inversonistas los que se colocan en el centro de la tormenta desinformativa.

Las salidas a los conflictos distributivos

En rigor, la inflación en particular y el bajo desempeño macroeconómico es, en gran medida, la responsabilidad de la alta gerencia pública. Des contando sólo parcialmente los choques tecnológicos y externos, porque a pesar del bajo grado de control directo de que puedan ser objeto siempre pueden disponerse de mecanismos internos que amortiguen sus efectos negativos; son las fallas de política económica, por un diseño técnico deficiente o por debilidad política, las que producen las tragedias macroeconómicas. No sectores, empresas o agentes en particular. Porque, incluso en mercados fuertemente concentrados, también es un deber público estructurar los mecanismos regulatorios que restauren la eficiencia asignativa y la neutralidad distributiva. Así que, cuando se vean precios, tasas de cambio o tipos de interés en ascenso; véase mas la incompetencia e irresponsabilidad macroeconómica que la conspiración o colusión de empresas o consumidores.

Economista. Profesor UCV y UCAB
El Universal Digital, 2 de julio de 1999