Hoy martes
Histerias Patrias
Roberto Giusti
Resulta incomprensible tanta alharaca ante la inesperada decisión del presidente Chávez de asistir a la sesión, nada solemne, del 5 de Julio del día ayer. Que el orador iba a dejar caer sobre él un discurso demoledor era cosa sabida. Se supone que todo mandatario democrático se encuentra naturalmente dispuesto a la crítica y aun al escarnio. Escurrir el bulto porque te va a llover plomo grueso no es cosa de un comandante en jefe y por eso fue posible observar, pese a la transmisión televisiva, la bíblica tolerancia con la cual el Presidente encaró el chaparrón de un torrencial Olavarría.
Y terminó yendo, después de insinuar que no iría, quizás para dar testimonio silencioso _aquí lo increíble es que Chávez no habla_ al previsible argumento central del discurso, según el cual marchamos hacia la dictadura. Pero claro, las cosas no iban a resultar tan sencillas y el discurso se convirtió en desopilante comedia de enredos, con algunos pasajes de intenso dramatismo, inexplicablemente desaprovechados por la transmisión oficial.
Por eso, al constatar que la televisión, por lo menos VTV, no es el ojo implacable que liquida cronistas a la vieja usanza colocando en la retina, ya, lo que usted leerá mañana, me prometo retomar la sana costumbre de escribir desde el lugar de los acontecimientos para rescatar lo más intrascendente de esta historia viva, de la cual la televisión oficial nos entrega sólo parodias.
Que el orador esgrimiera todo un arsenal de epítetos y hablara del demagogo que atiza odios, de los anuncios de un destructor, de una orgía de insensatez y de la vuelta al siglo antepasado, era sólo la parte visible y audible de la historia. El perceptible temblor en la mano que sostenía el discurso, el tono más bien aplomado y un furor que dejó sólo para el gran final, estaban en el aire. Pero la procesión iba por fuera. Fuera de cámara.
Porque, ¿cómo no enfocar el rostro del coronel Dávila cuando le espeta al orador que 'usted ha venido a ensuciar, a enlodar la majestad del Congreso'?, ¿por qué no mostrar al Presidente, centro y razón del discurso, en algunos pasajes decisivos?, ¿quién insultaba a Olavarría?, ¿de dónde salió el viril grito femenino _'sigue hablando'_ que sacó a Olavarría de un largo y penoso titubeo, luego que Dávila propusiera marcharse al Presidente?, ¿cómo es posible que sólo después del discurso y sólo por el canal 33 nos enteráramos del abandono del Alto Mando Militar, de la defección de la presidenta de la Corte y de la retirada de los emeverristas? Se fue también la primera dama, estuvo rezando en la Catedral y luego, a la manera de César Miguel, volvió y dijo cosas como ésta: 'ese señor besaba el suelo que pisaba mi marido. Me arrepiento de que haya tenido a mi hija en sus brazos'.
Hubo sí algunas tomas que nos dejaron momentos culminantes: el embeleso de Canache Mata, allá abajo, en la galería de 'las cúpulas corruptas'. O el Presidente en un momento particularmente afrentoso, cuando todos lo miraban y el debía dar la cara..sin hablar. ¿Se reía, acusaba el golpe sin poder disimularlo del todo, estaba furioso, aplaudía por ironía? Todavía no lo sabemos. Pero esta historia no terminó ayer, a las 4:30 pm, cuando escribía esta última línea, los F-16 aturdían la ciudad y cualquiera podía pensar que no hay mejor respuesta para Olavarría.
EL UNIVERSAL. CARACAS, 6 DE JULIO DE 1.999