SIDOR dos años después de su privatización

Julia Márquez

Aunque en Venezuela se ha dificultado bastante el entendimiento de los beneficios de la privatización para la economía de un determinado país, la subasta en 1997 de la Siderúrgica del Orinoco SIDOR al Consorcio Latinoamericano Amazonia fue dentro de la gestión del Presidente Caldera uno de las iniciativas que marcó precedentes en este sentido.

En los años de la Venezuela Saudita el tamaño del Estado creció desmesuradamente. Muchas empresas públicas eran dirigidas con criterios más políticosque gerenciales, lo cual perjudicaba su productividad. No obstante, desde que se iniciaron en Inglaterra los procesos de privatización, una especie de revolución silenciosa se comenzó a observar en todo el mundo que conlleva un proceso de comprensión de la valoración de la gestión económica por parte de los individuos y no del Estado. En cuanto a Venezuela este proceso privatizador ha tenido un lento desarrollo, debido en gran parte  a una arraigada concepción estatista, un sindicalismo mal entendido e intereses políticos creados.

Luego de que el Consorcio latinoamericano Amazonia, integrado por empresas de Venezuela, México, Argentina y Brasil, adquiriera a SIDOR los hechos hablan por si solos. La empresa ha reducido sus costos de producción y mejorado notablemente la comercialización de sus productos. Por ejemplo, redujo sus costos de producción en 85 millones de dólares durante 1998 y podrá reducirlos en 46 millones de dólares durante este año según las expectativas calculadas en las áreas de operaciones, logística, personal y administración por mencionar algo.

Sin embargo, no todo ha sido fácil, ya que la crisis siderúrgica actual a nivel internacional no tiene precedentes en tiempos recientes y esto aunado a factores como la caída del consumo interno, la sobrevaluación del bolívar o las dificultades de acceso al crédito, exigen de la empresa su mayor competitividad. El país enfrenta períodos de cambios e inestabilidad pero definitivamente es a través del trabajo sostenido de empresas como SIDOR que se pueden suscitar transformaciones en el funcionamiento de la dinámica productiva de nuestro país.