¿Impuestos a su correo electrónico?

Brett Schaefer

En el reciente Informe de Desarrollo Humano 1999, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con bombo y platillos propone un impuesto al correo electrónico para ayudar a que las naciones pobres compren computadoras. Lo anuncian como la manera en que los países en desarrollo entren a la red y puedan comerciar en la Internet.

El informe se queja de que "el típico usuario de la Internet en el mundo entero es hombre, de 35 años, con educación universitaria, altos ingresos, vive en una ciudad y habla inglés. Los literalmente bien conectados gozan de una abrumadora ventaja sobre los pobres sin conexiones, cuyas voces e intereses quedan fuera de la conversación global". En lugar de ver a la Internet como un medio para promover la iniciativa empresarial en los países pobres, el PNUD piensa que más bien está ensanchando la brecha global entre los que tienen y los que no tienen. El informe reporta que Estados Unidos tiene más computadoras que todo el resto del mundo. Mientras que el sur de Asia, con 23% de la población mundial, tiene menos de 1% de las computadoras. Y lo que es igualmente "malo", la Internet aumenta la brecha existente entre mujeres y hombres, jóvenes y viejos, la población urbana y la población rural.

¿Cómo puede pasar eso en el mundo igualitario de la Internet? No sorprende que el PNUD asigna toda la culpa a una "falla inherente en el mercado". Y menos sorprendente aún es el remedio propuesto: asignar un impuesto a ese mercado "discriminatorio" y transferir tales rentas a las naciones injustamente excluidas. El informe declara que "las fuerzas del mercado por sí solas no rectificarán el desequilibrio. Para asegurar una revolución verdaderamente global de las comunicaciones es necesario recibir el financiamiento".

De tal manera que la propuesta se concreta en un impuesto de un centavo por cada 100 correos electrónicos. El PNUD estima que ese impuesto hubiera generado 70.000 millones de dólares en 1996, Y con el estimado crecimiento de usuarios de la Internet de 140 millones de personas a 700 millones para el año 2001, queda claro por qué el PNUD quiere ponerle la mano a una porción de ese universo.

Para poner el asunto en perspectiva, la PNUD recibió unos 2.000 millones de dólares en contribuciones durante 1996. Estados Unidos contribuye con 100 millones de dólares al año. Mientras que el total de asistencia recibida por los países pobres en 1997 fue de unos 56.000 millones de dólares. Y si el PNUD logra con un impuesto al correo electrónico recabar 70.000 millones de dólares al año, eso sería 35 veces las contribuciones que hoy se hacen a la PNDU y 35% más que el presupuesto mundial total para programas de desarrollo.

Todo eso para financiar un programa con fines dudosos. El PNUD confunde causa y efecto, al creer que el mundo en desarrollo es pobre porque no tienen la Internet. La verdad es lo opuesto. Les falta la Internet porque sus economías sufren de infraestructura inadecuada, de mano de obra mal entrenada, de malos gobiernos y de políticas económicas represivas. Regalar computadoras no hará nada en países que no cuentan con las bases económicas necesarias para aprovechar el potencial de la Internet. Y no le agreguemos el daño que un impuesto al correo electrónico acarrearía. La mayoría de los mensajes electrónicos surgen de sitios de trabajo y a menudo se trata de una actividad que poco tiene que ver con el trabajo. Si aumentan los costos del correo electrónico, los patrones comenzarán a controlar su uso.

Pero el peor problema sería el efecto devastador que tendría el impuesto propuesto por el PNUD, y otras recomendaciones parecidas, en el comercio emergente de la Internet. Regulaciones e impuestos a la Internet, además de la burocracia necesaria para administrarlos, le harían tanto daño al comercio electrónico como logran hacerle al comercio regular. Las investigaciones de Austan Golsbee de la Universidad de Chicago concluyen que si los actuales impuestos de ventas se le aplicaran a la Internet, el número de compradores por esa vía se reduciría en 24%. Los defensores de un impuesto para la Internet argumentan que sería un costo muy pequeño comparado con el crecimiento en los países desarrollados.

Pero no hay razón para pensar que ese dinero proveniente de impuestos al correo electrónico va a ser más efectivo que la ayuda económica anterior. La PNUD es simplemente un nuevo esquema para redistribuir la riqueza según instrucciones de la burocracia.

© AIPE

Académico de estudios sobre regulaciones internacionales
Heritage Foundation.