Vigilancia orwelliana del congreso

Fernando Alessandri

En medio del despegue de lo que ya suele llamarse "la tercera revolución industrial", se alzan voces en el Congreso de Estados Unidos que pretenden cortarle las alas a la Internet, un medio por esencia no sujeto a censura alguna.

El "mundo virtual" no tiene fronteras físicas, por lo tanto, si se prohibe la publicación de algo aquí, el documento puede triangularse inmediatamente e introducirse en la red desde un servidor situado al otro lado del planeta. No hay restricción que valga en tales casos. Entre cables que transportan ceros y unos se genera un mundo maravilloso que es una representación electrónica del mundo real, pero sin impuestos, lo cual explica su rápido desarrollo. Tiene la particularidad que trasciende las fronteras físicas, nos permite operar con una inmediatez nunca antes imaginada y todo ello a un costo ínfimo.

Cada año son más las personas que gozan del democratizador beneficio de la Internet y aun las estimaciones menos optimistas pronostican un crecimiento exponencial de usuarios de este nuevo medio de comunicación. Según la revista Wired, 46% de la población actual de la red lleva menos de un año utilizándola. Para el próximo año, más y más personas aprovecharán la red para todo tipo de cosas, desde ubicar un paquete enviado por correo hasta para hacer llamadas telefónicas.

La mala noticia es que los congresistas Bob Franks y Henry Hyde pretenden aumentar el control estatal sobre la Internet y así coartar la libertad de los ciudadanos. Sus iniciativas violan el derecho a la libertad de expresión y el libre acceso a la información, derechos inmortalizados en la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos que todos los congresistas juran respetar.

La llamada ley Franks busca que todas las bibliotecas y escuelas del país que reciban el Servicio Universal o "e rate", un sistema de conexión a alta velocidad especial para esas instituciones, estén obligadas a usar un sistema de bloqueo y filtro de información. Es decir, la imposición de una supervigilancia estatal masiva cuando todo ello debiera ser determinado por cada localidad y cada establecimiento.

Bajo el eslogan de "Ley para la protección de los niños" se intenta quitarle a los padres la responsabilidad por lo que sus hijos ven. Y lo mismo se aplicaría a escuelas y bibliotecas, donde cada comunidad tiene derecho a elegir lo que sus miembros ven, leen y discuten, sin interferencia del gobierno central. El proyecto de ley Hyde va incluso más lejos, pretendiendo perseguir penalmente a los responsables de lo que sea clasificado como "indecente" en todos los medios y no sólo en la Internet. Este tipo de políticas siempre terminan siendo arbitrarias y repudiadas por la gente.

El rápido desarrollo de la red se debe en gran parte a la gran libertad de iniciativa e innovaciones que hasta ahora ha gozado. Ejemplos de esto lo constituyen las claves de control de seguridad, las transacciones que utilizan tarjetas de crédito y el manejo de imágenes, video y sonido de calidad. Por lo tanto, no sería extraño que ya existan los programas necesarios para evitar cualquier bloqueo oficial. Y no sorprendería tampoco que sean los mismos niños, en el apogeo de la curiosidad y rebeldía adolescente, quienes se las ingenien para obviar las restricciones, ya que tienden a ser bastante más hábiles con las computadoras que sus padres.

El desafío no está por lo tanto en la prohibición. No es responsabilidad del gobierno andar fisgoneando ni tampoco es con prohibiciones que se consiguen soluciones. Las personas deciden lo que quieren ver o no y se las ingenian para hacerlo, sin importar lo que en un momento dado define como "obsceno" algún iluminado representante de turno. El término es ambiguo y hoy puede ser una fotografía, pero mañana puede ser un pensamiento filosófico. La gente sabe adaptarse a la realidad y es responsable de sus actos. El criterio paternalista que merodea en el Congreso de Estados Unidos e intenta reprimir la responsabilidad individual es más una pesadilla tipo George Orwell y su "Gran Hemano" que una buena ley dirigida verdaderamente a proteger a los niños.

Historiador y periodista chileno

Webmaster de http://www.elcato.org/ del Cato Institute.